Proclama Mi Alma
Viernes de la XVII semana del Tiempo ordinario Lectionary: 405/607 Primera lectura Jer 26, 1-9 Al principio del reinado de Joaquín, hijo de Josías y rey de Judá, el Señor le habló a Jeremías y le dijo: "Esto dice el Señor: 'Ve al atrio del templo y diles a todos los habitantes de Judá que entran en el templo para adorar al Señor, todas las palabras que yo te voy a ordenar, sin omitir ninguna. A ver si las escuchan y se convierten de su mala vida, y me arrepiento del castigo que he pensado imponerles a causa de sus malas acciones'.Diles, pues: 'Esto dice el Señor: Si no me obedecen, ni cumplen la ley que he dado, ni escuchan las palabras de mis siervos, los profetas, que sin cesar les he enviado y a quienes ustedes no han escuchado, entonces yo trataré a este templo como al de Siló y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos de la tierra' ".Los sacerdotes, los profetas y el pueblo oyeron a Jeremías pronunciar estas palabras en el templo del Señor. Y cuando él terminó de decir cuanto el Señor le había mandado, los sacerdotes y los profetas lo apresaron, diciéndole al pueblo: "Este hombre debe morir, porque ha profetizado en nombre del Señor que este templo será como el de Siló y que esta ciudad será destruida y quedará deshabitada". Entonces la gente se amotinó contra Jeremías en el templo del Señor. Salmo Responsorial Salmo 68, 35. 8-10. 14 R. (14c) Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.Son más que mis cabellos los que me odiansin tener un motivoy más fuertes que yo los que pretendencon sus calumnias acabar conmigo.Lo que yo no robé,¿acaso tengo yo que restituirlo?R. Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.Por ti he sufrido injuriasy la vergüenza cubre mi semblante.Extraño soy y advenedizo,aun para aquellos de mi propia sangre;pues me devora el celo de tu casa,el odio del que te odia, en mí recae.R. Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia.A ti, Señor elevo mi plegaria,ven en mi ayuda pronto;escúchame conforme a tu clemencia,Dios fiel en el socorro.R. Escúchanos, Señor, conforme a tu clemencia. Aclamación antes del Evangelio 1 Pedro 1, 25 R. Aleluya, aleluya.La palabra de Dios permanece para siempre.Y ésa es la palabra que se les ha anunciado.R. Aleluya. Evangelio Mt 13, 54-58 En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: "¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?" Y se negaban a creer en él.Entonces, Jesús les dijo: "Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa". Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.--- Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente. “A ti, Señor elevo mi plegaria, ven en mi ayuda pronto; escúchame conforme a tu clemencia, Dios fiel en el socorro.” // Salmo 85 “¿Me dejas que rece contigo?”, me preguntó mi colega de trabajo de repente en medio de una conversación en la que le abrí mi corazón sobre una situación que me estaba pesando mucho. “Sí, por supuesto, me encantaría”, le respondí, un poco nerviosa. Así que allí en mi salón de clase en el poquito de tiempo que disponíamos durante el cambio de clases, las dos rezamos juntas. Ella pidió que Dios me cuidase y que me mandase el Espíritu Santo para iluminarme en el discernimiento, para hacer Su voluntad y que todo, pase lo que pase, sea para Su gloria. Me sentía tan querida, era justo lo que necesitaba en ese momento. Y me quedé admirada de su valentía de rezar conmigo en voz alta cuando, en ese momento, aún no nos conocíamos tan bien como ahora. Su disponibilidad alegre de invitar a que Jesús entrase en aquel sufrimiento me dio mucho ánimo y paz, y me hizo sentir sostenida en la oración. Como cristianas, en esta sociedad tan complicada y adversa en la que vivimos, en la que pronunciar el nombre de Jesucristo en un lugar público puede llevar consecuencias, es normal que nos pongamos tímidas a veces. En general nos puede resultar difícil compartir nuestra fe, la verdad, con los demás cuando la sociedad dice que cada uno tiene su propia verdad, y que es mejor callarse que correr el riesgo de ofender a los demás. Mira a Jeremías, amenazado de muerte por proclamar lo que le fue revelado por Dios. Mira al salmista David, perseguido y odiado por causa de su fe. Y mira a Jesús, despreciado y finalmente crucificado por enseñar sobre el reino de Dios y al hacer tantos milagros, curando a los enfermos y transformando corazones con Su amor. Que nuestra respuesta no sea perder la esperanza y rendirnos. Este mundo necesita la presencia y sanación de Jesús más que nunca. Te invito a que reces por alguien que lo necesita, con él o ella presencialmente o en el silencio de tu corazón. Y no te olvides de rezar por esta comunidad de hermanas para que estemos todas sostenidas en la oración. ¡Ánimo! Vayamos con confianza y alegría, santificando el mundo y anunciando la Buena Nueva con nuestras vidas, llevando a Cristo a un mundo que tanto lo necesita. Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, y profesora de secundaria, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida incluyen santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.
Memoria de San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia Lecturas para la memoria de San Alfonso María de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia Lectionary: 404 Primera lectura Jer 18, 1-6 Esto es lo que el Señor me dijo: “Jeremías, ve a la casa del alfarero y ahí te haré oír mis palabras”. Fui, pues, a la casa del alfarero y lo hallé trabajando en su torno. Cuando se le estropeaba la vasija que estaba modelando, volvía a hacer otra con el mismo barro, como mejor le parecía. Entonces el Señor me dijo: “¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, casa de Israel, lo mismo que hace este alfarero? Como está el barro en las manos del alfarero, así ustedes, casa de Israel, están en mis manos”. Salmo Responsorial Salmo 145, 2abc. 2d-4. 5-6 R. (5a) Dichoso el que espera en el Señor.Alaba, alma mía, al Señor:alabaré al Señor toda mi vida;tocaré y cantaré para mi Dios,mientras yo exista. R.R. Dichoso el que espera en el Señor.No pongas tu confianza en los que mandanNi en el mortal, que no puede salvarte;pues cuando mueren, se convierten en polvoy ese mismo día se acaban sus proyectos. R.R. Dichoso el que espera en el Señor.Dichoso aquel que es auxiliadopor el Dios de Jacoby pone su esperanzaen el Señor, su Dios,que hizo el cielo y la tierra,el mar y cuanto el mar encierra. R.R. Dichoso el que espera en el Señor. Aclamación antes del Evangelio Cf. Hch 16, 14 R. Aleluya, aleluya.Abre, Señor, nuestros corazonespara que comprendamos las palabras de tu Hijo.R. Aleluya. Evangelio Mt 13, 47-53 En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?’’ Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”. Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí. “Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos.” // Mateo 5: 16 --- Los textos de la Sagrada Escritura utilizados en esta obra han sido tomados de los Leccionarios I, II y III, propiedad de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de la Conferencia Episcopal Mexicana, copyright © 1987, quinta edición de septiembre de 2004. Utilizados con permiso. Todos los derechos reservados. Debido a cuestiones de permisos de impresión, los Salmos Responsoriales que se incluyen aquí son los del Leccionario que se utiliza en México. Su parroquia podría usar un texto diferente. Recuerdo haber llamado a mi madre desde la cocina de mi apartamento muchas veces cuando estaba recién casada. “Mamá, ¿me puede dar la receta de sus enchiladas?”, “¿Cómo hago el arroz?”, “¿Por qué mi comida no sale como la suya?” Mi esposo fue muy amable al pensar que cada comida que yo preparaba era la mejor, incluso cuando no lo era. Durante mucho tiempo, no quise fallar y a menudo comparaba mis esfuerzos con los de mi madre (lo cual era una locura porque ella es cocinera profesional y lo ha sido la mayor parte de mi vida). Poco a poco, comencé a encontrar mi confianza en la cocina. Me di cuenta de que tuve que encontrar mi propio sazón en la cocina, es decir, encontrar mi confianza y propio sabor a la comida. Encontré maneras de hacer mías las comidas sin dejar de incorporar los fundamentos y reglas de la cocina que me enseñó mi madre. El Evangelio de hoy es una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la sal. Sólo pierde su valor cuando pierde el sabor. También con la luz, su función es brillar. Si se tapa pierde su función. Te pregunto, ¿Has perdido tu sabor o has tenido situaciones en tu vida que te han hecho ocultar el brillo de tu luz? Cristo quiere que vivas en libertad, con la seguridad de quién fuiste creada para ser. Pídele ayuda para compartir tu luz de nuevo. Hermana, cuando tenemos la confianza de ser quienes fuimos creadas para ser y hacer las cosas que nos sentimos llamadas a hacer, glorificamos al Señor. Que nunca pierdas tu sazón y que tu luz brille intensamente. Señor, danos la confianza de ser quienes nos has creado para ser.
LECTURAS DE HOY Recuerdo una época hace años, cuando me convertí en adulta y empecé a tomar decisiones por mí misma. Me sentí insegura de dejar atrás mis “viejas costumbres” para seguir a Cristo. Me preocupaba perder una parte de mi identidad e incluso posiblemente perder mi alegría. Hubo presión para no hacer algo incorrecto o “meter la pata” al tomar decisiones equivocadas a medida que crecía y experimentaba mis propias responsabilidades. Pienso en aquellos en el evangelio de hoy que buscaban cuestionar a Jesús sobre la forma en que sus discípulos no actuaban como se esperaba de ellos. Cristo les explicó qué porque Él estaba con ellos, estaban eligiendo una nueva forma de vivir. Esto era difícil de comprender porque era fácil quedar atrapado en las costumbres de antaño. Era inaudito desviarse de las antiguas tradiciones y costumbres. Lo grandioso del Señor es que sólo Su presencia nos llama a cambiar y ser mejores. Él siempre nos da oportunidades de crecer y ser renovadas. Nuestras viejas costumbres no nos definen y Él puede mostrarnos una nueva manera de vivir. Nunca es demasiado tarde para dejarse cambiar por Dios. Podríamos perder amigos en el camino, o podríamos tener aquellos que nos critiquen porque quieren limitarnos a ser quienes siempre nos han imaginado. Las Escrituras nos dicen que Dios hace nuevas todas las cosas (Isaías 43:19). No tengas miedo de cambiar de tus viejos modos y viejas costumbres. El Señor quiere estar presente en nuestras vidas y quiere hacer algo nuevo en nosotras si se lo permitimos.
LECTURAS DE HOY “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres.” (Juan 8, 31) Ya tenía bastantes cosas que hacer, no sabía si podía (o quería) añadir algo más al caos de mi vida. Este fue mi primer pensamiento cuando se me pidió servir en el equipo del liderazgo del nuevo grupo de jóvenes adultos en la parroquia. Iba a ser un compromiso muy grande y tenía mis dudas de que sí podía con todo aquello o no. Pero dije que “sí.” Si el Señor me invitaba a ello, confié que me iba a dar la gracia necesaria. Y así fue. Algo que pensé que me iba a quitar mucho tiempo y energía terminó dándome mucho más de lo que podía haber imaginado. Encontré la comunión que llevaba anhelando tanto tiempo. Aprendí a caminar más intencionalmente como discípula de Jesús. Y pude experimentar verdaderamente las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy: “La verdad los hará libres.” Aunque al principio me resistí un poco. A veces duele y hace falta mucha gracia para acercarse a la Verdad, a la Luz… porque empiezas a ver todo tu pecado, tu debilidad, tus imperfecciones. Pero justo ahí, hermana, Jesús anhela que vengamos a Él. Su amor por nosotras es más profundo de lo que podríamos imaginar, más grande que cualquier pecado o debilidad. Y así, entregándome en esta pequeña comunidad, me encontré. Me sentía llena. Feliz. Como decía Juan Pablo II: ““El hombre no puede encontrarse plenamente a sí mismo si no es a través de un don sincero de sí mismo.” Eso es un ejemplo muy pequeño en comparación con los acontecimientos de la primera lectura de hoy. Los tres jóvenes dijeron que “sí” a Dios con todas las consecuencias que conllevó, incluso la muerte. Y resulta que algo que pensaban que les iba a quitar la vida, terminó dando vida, glorificando a Dios y hasta convirtiendo los corazones de aquellos que les rodeaba. Pero Dios no nos pide grandezas, hermanas, sino que vivamos el amor en lo más pequeño. Imagina cómo todo lo que podría obrar Dios en nuestras vidas si confiáramos en Él con todo nuestro ser, sabiendo que lo poquito (o lo mucho) que damos con un corazón de discípulo Dios lo multiplica abundantemente. Pongámonos en Sus manos y pidamos la gracia de ser dóciles a Su Palabra. // Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, y profesora de secundaria, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida incluyen santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.
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LECTURAS DE HOY “Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá…” (Ezequiel 47, 9) Una vez, un padre me dio para penitencia tomar un vaso de agua. Dijo: “Quiero que vayas a tu casa y quiero que tomes un vaso de agua muy grande – en silencio y con calma – e imagínalo corriendo por tu cuerpo, sanando tus heridas desde adentro. Reflexiona en eso.” Desde entonces mi relación con el agua ha cambiado. Si estoy luchando por algo, me baño, rezo, y a veces lloro. El agua me ayuda a rezar más profundamente a veces. Pues, es uno de los símbolos del Espíritu Santo, ¿no? En cada lectura de hoy, Dios nos habla del poder que puede tener el agua. Puede darnos vida por toda la vida que da a las criaturas que viven en el, por todas las plantas que les da vida también. Y nos puede sanar. El agua aparece varias veces en las escrituras: en las parábolas, en el bautismo de Jesús, y también en varios milagros de Jesús. El agua es una bendición de Dios que nos refresca el cuerpo y la mente, que nos da vida, y que nos puede sanar. A muchas de nosotras no nos gusta la lluvia, pero para un sembrador, la lluvia le da vida. Una lágrima puede significar dolor, tristeza, o hasta alegría, pero las lágrimas son parte de la vida. También son una bendición – es parte de la sanación. Hay que pasar por el río para llegar al otro lado – al lado donde está Dios, esperándonos. Hermana, te invito a que en el día de hoy tomes un momento para contemplar el poder del agua en tu vida. Bebiendo un vaso grande de agua como yo o quizás lavándote las manos, pídele al Señor que venga a tu vida como esa agua refrescante y sanadora. // Jacqueline Sevier es esposa, hija amada de Dios, y futura mamá. Vive en Tyrone, GA con su esposo y están esperando con mucha emoción a su primer bebe el año que viene. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Es cantante y canta en el coro de su parroquia, donde conoció a su esposo. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito, cocinar con su esposo, comer tacos, y cantar (siempre).
LECTURAS DE HOY “El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.” (Juan 3, 53) Cuando tenía apenas meses fui bautizada. Empecé mi larga (gracias a Dios) aventura en la Iglesia católica. Ir a Misa todos los domingos y rezar en las noches fue algo que mis padres me inculcaron. Siempre tuvimos cierto entendimiento que Dios es bueno y nos ama. Cuando llegué a la universidad, seguí practicando mi fe y poco a poco fui creciendo. Se puede decir que crecí con Jesús; somos compatriotas. Leyendo el Evangelio me pegó, “Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria” (Juan 4, 43). Me dolió. “Seguramente eso no me incluye a mí”, pensaba. Me consolaba pensando que sólo dijo eso para una civilización en el medio oriente hace mucho tiempo. Seguí leyendo y Jesús dijo: "Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen” (Juan 4, 48). Jesús no me estaba condenando con estas palabras, al revés, sentía como me hablaba casi rogando que creyera en Él. Me pedía que confiara en Su bondad. Hermanas, muchas veces creo que podemos sentirnos heridas y pensar que Dios nos quiere castigar o, quizás peor, nos podemos escudar en la cotidianidad y pensar que Dios tiene planes mediocres para nuestras vidas. Pensamos que “ lo conocemos” o sabemos “como es la cosa”. Es bueno tener esa familiaridad con Jesús pero también debemos saber que “Esto (también) dice el Señor: "Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva” (Isaías 65, 17). Él siempre está haciendo algo nuevo en nuestras vidas. No podemos dejar que poco a poco la rutina o pequeñas decepciones vayan carcomiendo nuestra esperanza. Las invito hoy a consolar el corazón de Jesús de esta manera. Pídele a Jesús la gracia para tener un corazón que confía en Él plenamente. Que no perdamos esa habilidad de maravillar y quedar asombradas. Que estemos convencidas como el funcionario real cuyo hijo se sanó en el momento que Jesús lo dijo, y no por pura coincidencia. Él nos quiere dar esos milagros porque nos ama, no para probarse antes nosotras. No nos quedemos racionalizando o dejemos que pequeñas decepciones lo metan en una caja. Jesús, en Ti confío. Ayúdame a tener una confianza audaz en Ti y en Tu bondad. Amén. // Joanna nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. Está sirviendo como misionera con NET Ireland. Para apoyarla en la misión haz click aquí(https://www.netministries.ie/missionaries/joanna-valencia).
LECTURAS DE HOY “El Señor es mi pastor, nada me faltará. Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.” (Salmo 23,1,5) En este verso del salmo 23, no sólo experimentamos a un Dios cariñoso y atento a nuestras necesidades, sino también a un Dios poderoso, un Dios que no tiene rival y que, a despecho de nuestros adversarios, nos procura lo mejor de lo mejor. En tiempos antiguos, se le ungía la cabeza solamente a personajes importantes y se le llenaba la copa hasta los bordes sólo a los mejores amigos y huéspedes. Cada bendición, alegría, muestra de cariño, o éxito alcanzado es un ejemplo de ese rebozar de la copa de nuestra vida. Pero cabe aún la pregunta: ¿Quiénes son mis adversarios? Si Dios está con todos y cada uno de nosotros, y a cada uno nos trata de esta misma manera, entonces ¿quién queda para ser adversario? En los momentos de mi vida donde me he sentido dominada por el miedo, por la incertidumbre, por el dolor, por el abandono o por mi propio pecado, he tenido la asfixiante sensación de que estas cosas son más fuertes que yo… he caído en la cuenta de que estos son, sin duda, mis adversarios. Y al leer hoy este salmo, un río de consuelo, confianza, y alegría inunde mi corazón, pues es el mismísimo Dios quien me prepara la mesa a pesar y a despecho de esos adversarios. Me “unge la cabeza” porque soy importante para Él y “llena mi copa hasta los bordes” con las mil y un bendiciones de cada día. No importa cuán arrasada pueda sentirme por estos adversarios (el miedo, la incertidumbre, el dolor, el abandono, mis propias faltas y errores, o cualquier otra cosa), Él, el dueño del universo, el que no tiene rival alguno, me tiene en Su banquete de amor. Yo puedo ser débil pero con Él nada me falta porque Él todo lo puede. Con Él, mis adversarios, no tienen la última palabra. // Teresa Salmerón nació en la Ciudad de México, donde creció en una familia católica practicante y donde formó la suya propia. Ha tenido la oportunidad de vivir en varios países como Chile, Venezuela, México y Estados Unidos. Actualmente reside en Ohio, donde ha vivido desde hace 13 años y donde trabaja como traductora y maestra de español. Teresa tiene 3 hijos adultos a los que ama profundamente. Ha sido catequista y actualmente facilita un estudio bíblico de un grupo de mujeres de su parroquia. A Teresa le gusta mucho bailar, leer, cocinar y convivir con su familia y amigos; y se siente profundamente agradecida por el infinito amor de Dios.
LECTURAS DE HOY “...todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. (Lucas 18:14) Habiendo tenido un encuentro personal con el Señor a la edad de 13 años, una de mis quejas internas fue que eso significaba que tendría que vivir de manera diferente a mis compañeros a mi alrededor y sentí que era un poco injusto porque nunca habría “años aventureros.” Cuando fui a la universidad, recuerdo haber pensado como los fariseos: en comparación con mis compañeros de clase, mis pecados no eran “tan graves.” Pensé que lo estaba haciendo muy bien. Desafortunadamente, pasó mucho tiempo antes de que las palabras del Evangelio de hoy arraigaran. Estaba leyendo un hermoso libro titulado Humildad de Corazón y cada palabra se sentía como un martillo rompiendo el cristal alrededor de mi corazón. En este libro, el Padre Cayetano de Bérgamo me recordó que el estándar con el que debemos compararnos es Cristo y, a la luz de esa comparación, tenía mucho camino por recorrer. También afirmó que cuando vemos a un hermano o hermana pecar, nunca debemos ser tan arrogantes como para darnos una palmadita en la espalda por no hacer lo mismo, sino saber que es sólo la gracia de Dios que me impide hacer cosas peores aún. En el mundo actual de las redes sociales, es muy tentador estar llenas de orgullo si estamos tratando de vivir una vida fiel al Señor. Un desplazamiento rápido puede generar innumerables pensamientos críticos. El Evangelio de hoy es un momento maravilloso para detenernos y reflexionar sobre nuestra vara de medir. “¿Estoy considerando a Cristo como mi estándar o estoy buscando excusar mis faltas mirando a mis hermanos y hermanas que sufren de la misma concupiscencia que yo?” Mi amado Jesús, déjame considerarte como mi estándar de santidad y modelar mi vida según Tu ejemplo. Déjame mirar y ver en los demás lo que Tú ves en ellos, en lugar de preocuparme por sus faltas y, si veo una falta, déjame mostrarles la misma misericordia que Tú me extiendes. Amén. // Christy Vaissade creció en Brooklyn, Nueva York, hija de padres inmigrantes de la República Dominicana. Ha sido el deseo personal de Christy traer a otros a conocer la misericordia y el amor de Dios que ha cambiado y está cambiando su vida desde la joven edad de trece años. Christy es maestra de teología de secundaria, catequista, y cantora en su parroquia local. Ella y su esposo, Michael, viven en Nueva Jersey con su cachorro Pembroke Welsh Corgi, Daisy. Le encanta cocinar, ir al gimnasio, y pasar tiempo con sus sobrinos y ahijados.
LECTURAS DE HOY "Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra” (Lucas 4, 24) John se arrodilló frente a mí, y me pidió que fuera su esposa. Mi corazón saltó de alegría. Unas semanas después, cuando la emoción inicial se fue apagando, empecé a darme cuenta de lo que significaba casarme con un “gringo.” Ya no volvería a vivir en Latinoamérica. Mis hijos crecerían sin mi familia. Mi cultura y idioma siempre serán la minoría en este país. ¿Estaba dispuesta a dejar todo esto? Pero decidí casarme, y llevamos diez maravillosos años juntos. Pero ahora, al volver a mi país, ya no soy ni de aquí ni de allá, y vivo con un pie en los dos mundos, absolutamente sola, no importa a dónde vaya. A veces pienso que nuestro caminar en la fe se parece un poco a esta experiencia. Caminamos con Jesús porque lo amamos, pero puede que poco a poco nos alejemos de los seres amados que nos criaron y empezamos a vivir con los pies caminando con Él, pero con un corazón que se quiere quedar atrás. Hace unos años, estaba de visita con mi familia. Estaba tan emocionada de compartir con mis seres queridos todo lo que el Señor estaba haciendo en mi corazón. Ellos me conocían mejor que nadie e iban a comprender todo lo que estaba viviendo. Pero exactamente lo opuesto pasó. Mi familia se empezó a alarmar y a sentir agobiada con mis palabras y experiencias. De repente todos estaban gritando y discutiendo. Yo trataba de compartir mi alegría, pero ellos no la querían escuchar. Entonces me sentí tan sola y destrozada. Hermana, tal vez tu sientas hoy que tus seres queridos no comprenden tu camino. Tal vez te sientas sola, despreciada, y como que no perteneces a ningún lugar del mundo. Si es asi, y te sientes lista, depronto te animas a rezar estas frases que tanto tocan mi alma: Señor, hoy Te pido que nos des paz al caminar a Tu lado aunque nos sentamos tan lejos de aquellos que deseamos tener cerca. “Del deseo de ser honrado, Líbrame Jesús, Del deseo de ser aplaudido, Líbrame Jesús. Del deseo de ser aceptado, Líbrame Jesús Del temor de ser humillado, Líbrame Jesús Del temor de ser despreciado, Librame Jesus.” (Versos de la Litania de Humildad) Jesús, que sólo caminar a Tu lado sea suficiente para mí, aunque nadie lo entienda. Amén. // Natalia DuTeau fue una joven rebelde a quien Jesús conquistó y le cambió la vida. Ahora es una maestra licenciada convertida en mamá “homeschooler” (escuela en casa). Junto a su esposo Americano, intentan criar a sus 4 hijos bilingües y biculturales transmitiendoles la cultura latina viviendo en el norte de GA. Puedes encontrarla hablando en español mientras hace caminatas por el bosque con sus niños, tomando café (después de todo es colombiana), leyéndole a sus pequeños, bailando, o cantando y tocando guitarra.
LECTURAS DE HOY “¿Cómo pudo Dios dejar que pasara eso a José?”, podemos pensar al rezar con la primera lectura de hoy. A lo largo de la historia de salvación, vemos como el pueblo de Israel era débil, igual que nosotras. Era el pueblo amado y escogido de Dios, pero no eran perfectos. Continuamente tropezaban y se levantaban de nuevo. Seguro que para José esto era un sufrimiento muy grande. Cuando sufrimos, sea por el mal que se nos ha hecho, una enfermedad, la muerte de un ser querido, la pérdida de un trabajo, una relación rota…. tal vez no entendemos el porqué o pensamos que no podemos cargar con ello. Tal vez hasta podemos llegar a dudar de Dios, si nos ama de verdad. A Dios no se le escapa tu sufrimiento, hermana. Te ve y te ama. Está contigo donde estás, tal y como estás. De hecho, ya se cargó con la cruz por amor a ti. Lo veremos más tarde en la historia de José, cómo Dios convierte una situación de muerte en vida para el bien de José y de sus hermanos. Así que no sé en qué momento te encuentras ahora mismo en esta temporada de cuaresma, hermana. Rezo que aprovechemos bien este tiempo regalado de Dios para morir a todo lo que nos aleja de Dios, para unirnos a Él. Tengamos fe que nuestras cruces no nos llevarán a la muerte sino que son para nuestra santificación, para llevarnos al cielo. ¿Qué te hace sufrir hoy, hermana? ¿Cuál es tu cruz? Abrázala. Bésala. Entrégala a Él. Hasta da las gracias por ella. Porque sólo cuando aprendamos a abrazar nuestra cruz, allí es cuando Dios puede obrar en nuestras vidas y la convierte en una cruz gloriosa. // Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, y profesora de secundaria, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida incluyen santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.
LECTURAS DE HOY “Bendito el hombre que confía en el Señor y en Él pone su esperanza.” (Jeremías 17, 7) Nunca fui a una escuela pública. Siempre estuve en escuelas católicas. Yo creo que muchos piensan que así los niños automáticamente van a crecer a ser buenos católicos - que la escuela va a aumentar su fe y fomentar su conocimiento del catolicismo. Pues, simplemente dicho… no siempre es así. A mi me gustó mucho aprender del catolicismo, esas clases eran de mis favoritas. Pero toda la enseñanza de la religión nos ayuda a crecer en la, pero no era suficiente para fomentar mi fe. Cuando empecé el programa de LifeTeen, había algunos líderes en los que podía ver que había algo…una chispa, tal vez. Pero mucho más tarde, en el verano antes de mi último año de la universidad, conocí a mi esposo. Y en él vi algo más: no solamente una chispita, sino una llama de fuego en su corazón. Una llama de un fuego que solo viene de Jesús y de su Espíritu Santo. De ahí conocí también a toda la comunidad hispana de nuestra parroquia. Y me abrieron los ojos a lo que es una fe profunda en Dios. La verdad es que casi no podía creerlo. Una mamá que pierde a su hijo, una esposa que pierde a su esposo, una joven que se quiebra las dos piernas, sin saber si va a poder caminar. Y ahí están el próximo domingo alabando a su Señor. ¿Cómo puede ser? Pues ya saben quien es su Señor. Ya saben quien tiene control de todo. Como dice en la primera lectura, “Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su fuerza, y aparta del Señor su corazón.” Que no seamos así. Que no seamos como los ricos en el Evangelio que no creerían aun si resucitara un muerto. Que confiemos en el Señor siempre, sabiendo que Él tiene control de todo y abriendo nuestros corazones a Él para que trabaje siempre en nuestras vidas. // Jacqueline Sevier es esposa, hija amada de Dios, y futura mamá. Vive en Tyrone, GA con su esposo y están esperando con mucha emoción a su primer bebe el año que viene. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Es cantante y canta en el coro de su parroquia, donde conoció a su esposo. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito, cocinar con su esposo, comer tacos, y cantar (siempre).
LECTURAS DE HOY “Que el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo.” (Mateo 20, 27) En el Evangelio de hoy, Jesús nos enseña una forma radicalmente diferente del liderazgo. Tantas veces quiero trabajar para llegar a la cima para poder descansar o para que otros me liberen de mis responsabilidades. Jesús, en este momento, cambia esto completamente. Pide que nosotras, como Sus seguidores, no sólo ayudemos a otros sino que nos convirtamos en Sus esclavas. Cuando medité en esta realidad, luchando con mi propia lógica y corazón, vi que Jesús defendía esta posición dando el ejemplo de Su vida: “Así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos" (Mateo 20, 28). Jesús no sólo nos llama a este amor radical sino también es el ejemplo supremo de ese liderato. Aunque no entendía la paradoja, confiaba en Jesús. Y después de que bajé mis defensas, me di cuenta de que a través de esta forma de liderato, siendo esclava del prójimo, no me libero de mis responsabilidades, sino de mi misma. Mi egoísmo y orgullo se pierden bajo este yugo de amor. Hermanas, hoy las invito a que respondan al reto que Jesús nos da. Pidámosle a Dios la gracia para servir a otros ya que sabemos que Jesús también ha dicho que “... todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron” (Mateo 25, 40). Ven Espíritu Santo. Enséñame a ser esclava del Amor. Enséñame a ser dócil a Ti y a seguir el ejemplo de Jesús, el verdadero Rey y Líder que nos ama y sirve sin cesar. Amén. // Joanna nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. Está sirviendo como misionera con NET Ireland. Para apoyarla en la misión haz click aquí (https://www.netministries.ie/missionaries/joanna-valencia).
LECTURAS DE HOY “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá.” (Juan 11, 25) Hace un año ya, el Señor me llamó a seguirle a través de las estaciones de la cruz. En mi parroquia tenemos colocadas las estaciones de la cruz en las paredes de la iglesia y cada una presenta un símbolo. Cuando me preguntaron si podría leer una oración, dije que sí, pero sin ganas. Creía en el Señor, pero no lo conocía. Cuando llegamos a la octava estación, la que me fue designada, sentí una tristeza grande. Pronto lo veremos, hermanas: la octava estación es cuando Jesús consuela a las hijas de Jerusalén. Para resumir, en ese entonces, después de leer la oración, me di cuenta de que Jesús, aunque estaba en mucho dolor y sufriendo en ese entonces, nos hace recordar que Él sufrió y murió para nosotras, Sus hijas. El amor del Señor era un concepto raro para mí, porque he escuchado al padre y a los hermanos de la fe hablar que tan grande es el amor de Jesús. Pensaba que era el mismo amor que un padre tiene a su hijo, o un esposo que tiene hacia su esposa. Pero el amor del Señor es más grande. Su Hijo murió para nosotros. Creo que ni mis padres ni mi esposo serían capaces de morir para mí, aunque me aman tanto. No como Jesús. Empecé a llorar lágrimas de tristeza porque tardó 22 años para que entendiera el significado de mi fe. ¿Dónde estaba Él cuando sufría unos pocos años atrás? ¿Por qué ahora? Hermanas, es porque Dios nos llama en Su momento. Nuestra fe es la cura, la sanación. Es poderosa, hermanas. Jesús está vivo, y está siempre presente frente a nosotras, incluso en la Eucaristía. Él nos llama por un propósito y en Su momento. Oremos: Jesús, hágase en mí según Tu voluntad. // Idalia tiene 23 años de vida y actualmente está en el servicio al Señor. Es catequista para los jóvenes de 12-13 años y le apasiona enseñar sobre la Iglesia. Es nacida en Canton, Georgia, y su origen es de Guatemala. En adición de inglés y español, también habla dialecto. Es mamá de un perico y pronto tendrá una gatita. Recientemente se graduó de la universidad de Kennesaw en Kennesaw, Georgia. Recibió su bachillerato en inglés, con una concentración en literatura y escritura. Su camino con el Señor empezó este año, durante el tiempo de la cuaresma. Le encanta leer y pasear en la naturaleza en su tiempo libre. Reside en Canton, Georgia con su familia.
LECTURAS DE HOY “Así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.” (Salmo 22, 4) Hoy, 22 de febrero es tanto el día de la cátedra de San Pedro como el cumpleaños de mi papá cuyo nombre es Pedro. Nunca me había puesto a pensar en esta coincidencia. San Pedro, anteriormente Simón, hoy hace su profesión de fe frente a todos los discípulos que no tenían claro aún quién era Jesús y se convierte en la roca firme de la Iglesia. En el Evangelio de hoy, Jesús les pregunta a todos Sus discípulos quién es Él. El primero en contestar fue Pedro, quien le respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Fue Pedro quien fue el primero en confesar esta verdad, el primero en dejarse influenciar por el Padre, tal como le dice Jesús, y fue por eso que el Señor decidió darle las llaves de la Iglesia y hacerlo líder de los apóstoles. Dios en Su infinita bondad ha querido dejar todo establecido y que no sólo los apóstoles se beneficiaran de las enseñas y de la presencia de su Único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, sino también todos los pueblos, y por muchas generaciones. Es así que, instituyendo la figura de Pedro, actualmente la figura del papa, y luego de este a los apóstoles, actualmente los obispos y los sacerdotes, nos da la oportunidad de tener pastores que nos guíen al Buen Pastor. El salmo del día de hoy es uno de mis favoritos y creo que especialmente hoy el versículo 4 tiene mucha relación con el Evangelio. “Así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.” ¿De quién es la vara y el cayado? Obviamente de Jesús, pero in persona Christi son el papa, los obispos y los sacerdotes que nos ayudan y nos trasmiten la seguridad de Cristo a través de los sacramentos. Hermanas, el día de hoy nos invito a orar por todos los pastores de la Iglesia, especialmente por el papa y los obispos, para que sean protegidos del enemigo y nos guíen siempre hacia nuestro Buen Pastor, el Hijo de Dios vivo. // Clara Holeyfield vivió en su amado Perú hasta los 28 años, que fue cuando se mudó a Arizona con su esposo Samuel. Ambos, junto a su querido gato Tux, viven cada día tratando de llevar una vida agradable a los ojos de Dios. El rezo del Santo Rosario es un ejercicio que siempre tratan de realizar en su día a día. Clara disfruta de cocinar, hornear, pintar y ver películas cursis. La consagración a nuestra Madre María cambió su vida y la de su esposo.
LECTURAS DE HOY “Crea en mí, Señor, un corazón puro” (Salmo 50, 12) Cascadas de lagrimas corrían por mis ojos día tras día en mi hora santa. Había dejado mi vida en Nueva York, mis estudios, mis amigos, mis sueños, todo, por la esperanza de encontrar la Verdad. Me fui a Roma a vivir en una comunidad donde pasabamos una hora por día en adoración frente a la Eucaristía, en silencio, sólo escuchándole a Él. Era un año en el que íbamos a estar sólo Él y yo, y para responder a todas las preguntas que agobiaban a mi mente sobre la fe. Pero ahora, tres meses después, lo único que había encontrado era el estado deplorable de mi alma. Así, día tras día, frente a Jesús, Él me iba mostrando todas las cosas horribles que había hecho, y las terribles consecuencias que mis acciones habían causado. Qué dolor era mirarme a mí misma de verdad por primera vez. Cada dia que venia a orar era una tortura. Yo era una lata de veneno, y Él, con dulzura, abría un huequito en aquella lata y dejaba que esa substancia horrible de mi interior se derramara por el suelo. Entonces yo iba a confesarme y le entregué a Jesús mi interior podrido. Entonces, al salir, arrodillada frente a Su presencia viva, Su amor me llenó con una nueva luz restauradora que poquito a poquito me vaciaba de este veneno y me llenaba de agua viva. Y así, después de varios meses frente a Él, vivo en la Eucaristía, me creó un corazón puro que pertenecía solamente a Él. El dolor dejó de oprimirme, y por fin viví en carne propia la verdadera alegría. Me mostró las mentiras que había creído durante toda mi vida, aquellos “tesoros” que habían acabado con mi alma. Hermana, míralos bien. ¿Realmente son tan preciosos como piensas? ¿Estás dispuesta a dejar que Jesús los purifique? No tienes que hacerlo sola, solo dáselos a Él. Si estás lista, abre las manos y entrégaselos en el sacramento de la confesión. No hay dulzura y amor más grandes que el abrazo radiante que te espera en ese lugar. “Crea en mí, Señor, un corazón puro” (Salmo 50, 12). Hoy llego a Ti, otra vez, con todos mis “tesoros" que pienso que me dan felicidad. Pero al venir frente a Ti, veo la verdad. Sólo Tú me puedes dar la alegría verdadera que anhelo. Amén. // Natalia DuTeau fue una joven rebelde a quien Jesús conquistó y le cambió la vida. Ahora es una maestra licenciada convertida en mamá “homeschooler” (escuela en casa). Junto a su esposo Americano, intentan criar a sus 4 hijos bilingües y biculturales transmitiendoles la cultura latina viviendo en el norte de GA. Puedes encontrarla hablando en español mientras hace caminatas por el bosque con sus niños, tomando café (después de todo es colombiana), leyéndole a sus pequeños, bailando, o cantando y tocando guitarra.
LECTURAS DE HOY “El Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.” (Mateo 6, 8) Qué bonita la invitación del Señor a nosotras hoy: que descansemos en Su presencia. No hacen falta muchas palabras para que Él nos escuche. Es nuestro Buen Padre, quien nos conoce íntimamente, quien ya sabe lo que necesitamos, aún antes de que se lo pidamos, como nos dice en el Evangelio. Y Jesús, nuestro Maestro, nos enseña hoy a orar con una oración que seguramente sabemos muy bien y que para muchas hemos aprendido de pequeñas. Pero hoy, hermanas, nos invito a meditar detenidamente con esta oración, a pararnos en cada expresión, incluso cada palabra, donde el Espíritu nos inspira y nos guía. No hacen falta muchas palabras, sólo un corazón abierto y los oídos atentos. Padre nuestro… ¡Abbá! ¡Padre! Eres mi Padre y yo soy Tu hija amada. Que pueda ver a mi prójimo como Tu hijo amado también. Que estás en el cielo… Dónde los coros de ángeles te alaban sin cesar, que ya me concedes saborear en la Eucaristía, donde Tú me acercas amorosamente y te entregas a mí. Santificado sea Tu nombre… Por Tu gran bondad conmigo, que te pueda alabar y bendecir con mi vida, en cada momento, por pequeño que sea. Venga a nosotros Tu reino… Que podamos vivir ya la alegría del cielo aquí en la tierra, incluso en medio del sufrimiento. Hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo… Dame la gracia de decir como María nuestra Madre, “Hágase en mí según Tu Palabra.” Danos hoy nuestro pan de cada día… Que en esta cuaresma yo aprenda a vivir no sólo de pan, sino de Tu Palabra. Y perdona nuestras ofensas como también perdonamos a los que nos ofenden… Ayúdame a tener la humildad para reconocerme pecadora y perdonar de corazón a aquellos que me han hecho daño. No nos dejes caer en la tentación… Está conmigo Señor en mis momentos débiles, para encontrar mi fuerza en Ti y para que no vaya buscando Tu amor en lugares equivocados. Y líbranos del mal… Yo soy pequeña, y Te necesito, Señor. Tú ya has vencido al mal, no tengo nada que temer si estás conmigo. Amén. // Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, y profesora de secundaria, y sobre todo, hija amada de Dios. Originalmente de New Orleans, Louisiana, actualmente está viviendo en Madrid, España. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen expreso, y los girasoles. Sus modelos a seguir en la vida incluyen santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan, y santa Teresa de Jesús.
LECTURAS DE HOY “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio” (Marcos 1, 15) “¿Es posible que el amor de Dios disminuya por nuestros pecados?”, le pregunté al sacerdote en la confesión. “No”, me respondió, “Es como si uno de tus hermanos estuviera enfermo, lo amarías más, ¿verdad?” “Supongo que sí.” “Así como cuando estamos enfermos con el pecado, Su amor sólo puede crecer. Él quiere que nosotros nos sanemos.” Nunca había pensado así. Pero aún así, el problema mío no era que Dios estuviera descontento conmigo, sino que yo estaba insatisfecha conmigo misma. La escrupulosidad y el perfeccionismo me atormentaban siempre; tenía que ser perfecta. Una vez en particular, sabía que necesitaba ir a la confesión y no quería ir. Esa noche tuve un sueño de Jesús: “Yo te amo.”, Él articuló con Sus labios. Al despertarme con mi corazón latiendo fuerte, sabía que Dios había tratado de decirme esta verdad fundamental varias veces, pero no le estaba oyendo. Fui a la confesión ese día, pero esta vez sabiendo que Jesús quería amarme y no regañarme. Hermana, en tu oración, te sugiero que le preguntes a Dios por qué necesitamos Su gracia, amor y misericordia. No hay más diluvios, ahora tenemos el bautismo y los sacramentos, en los cuales Dios nos llena de Su gracia (Génesis 9, 11; 1 Pedro, 21). ¡Qué alivio! Su nueva alianza es para siempre y Él ya ha hecho mucho del trabajo: “Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado” (Pedro 3, 18). Respondamos a Su petición este primer domingo de cuaresma: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio” (Marcos 1, 15). En Su Evangelio y en Su Cruz, encontramos gracia y libertad. // Alexandra Geigel vive en el norte de Virginia y tiene padres de Guatemala y Puerto Rico. Estudia español en la universidad y es líder de un grupo de estudio bíblico para mujeres universitarias. Le encanta leer la biblia, escribir historias y tocar su ukelele. Lo más importante para ella es su fe católica y quiere que todas las personas conozcan el Corazón de Jesús a través de una relación personal con Él y devoción a la Eucaristía.
