Proclama Mi Alma
Lunes de la segunda semana de Adviento Lectionary: 181 Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera Lectura Is 35, 1-10 Esto dice el Señor: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ‘¡Ánimo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’. Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará. Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial. En la guarida donde moran los chacales, verdearán la caña y el papiro. Habrá allí una calzada ancha, que se llamará ‘Camino Santo’; los impuros no la transitarán, ni los necios vagarán por ella. No habrá por ahí leones ni se acercarán las fieras. Por ella caminarán los redimidos. Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado’’. Salmo Responsorial Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R. (Is 35, 4d) Nuestro Dios viene a salvarnos. Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra. R. Nuestro Dios viene a salvarnos. La misericordia y la verdad se encontaron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo. R. Nuestro Dios viene a salvarnos. Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas. R. Nuestro Dios viene a salvarnos. Aclamación antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Ya viene el rey, el Señor de la tierra; él nos librará de nuestra esclavitud. R. Aleluya. Evangelio Lc 5, 17-26 Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús. Cuando él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: “Amigo mío, se te perdonan tus pecados”. Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es este individuo que así blasfema? ¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?” Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: “¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: ‘Se te perdonan tus pecados’ o ‘Levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –dijo entonces al paralítico–: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios. Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: “Hoy hemos visto maravillas”. Confiar en el Señor nunca es tan fácil como debería ser. Puedo dar testimonio de esto por muchas experiencias personales, y estoy segura de que muchas de ustedes se sienten igual. Cuando acudimos al Señor en oración con una petición, esperamos que la respuesta sea lo que queremos, lo que creemos que merecemos. Sin embargo, el Señor a menudo responde a nuestras oraciones de maneras inesperadas y, muchas veces, mejor de lo que nos imaginábamos. En el Evangelio de hoy, leemos acerca de los amigos de un paralítico que estaban desesperados por acercarlo al Señor. Ahora, no sabemos qué tipo de curación querían para su amigo, pero sí vemos que en su Misericordia, Jesús le regala a este hombre el perdón de sus pecados- el don de la curación espiritual. Luego va más allá y le regala al hombre paralítico la curación de su cuerpo también. Ahora, este hombre anteriormente quebrantado se renueva por completo, ¡física y espiritualmente! Hermanas, el Señor siempre nos dará más de lo que nos merecemos. Puede que no siempre sepamos lo que eso significa aquí en la tierra, pero sabemos que el Señor es nuestro Padre y nosotras somos Sus hijas y Él siempre sabrá qué es lo mejor para nosotras. Él nos proveerá lo que necesitamos y más - más de lo que merecemos. Esto ya ha sido probado por Su muerte en la cruz, el regalo más grande y perfecto de todos. ¿Cómo no confiar en un Señor que ya nos ha demostrado cuánto nos ama? Hermanas, mientras preparamos nuestros corazones durante esta temporada de Adviento, las invito a reflexionar acerca de cuáles áreas de tu vida el Señor te está llamando a confiar en Su voluntad para cada una de nosotras. Él nunca nos decepcionará. Paola Wolaver nació en Venezuela y se crió en Miami, donde vivió hasta los 21 años. En el 2018 se mudó a Knoxville, TN para obtener su Maestría, y el Señor la mandó a quedarse y hacer su vida ahí. Logró realizar su sueño de trabajar para la Iglesia y sirvió en el ministerio de jóvenes adultos por dos años al nivel diocesano. Después del nacimiento de su hijo este año, Paola cambió de carrera y ahora trabaja en la universidad de Tennessee, más sigue voluntaria con el ministerio de jóvenes adultos. Paola ama ser mamá a Roy, esposa de Ty, e hija del Señor. En su tiempo libre, le encanta ir a juegos de béisbol, cocinar, y disfrutar de tiempo con su familia. Su santa elegida es Santa Teresita de Jesús, y le tiene un amor especial a San Juan XXIII y a San Juda.
Viernes de la primera semana de Adviento Lectionary: 179 Lee las lecturas en el sitio USCCB. Primera lectura Is 29, 17-24 Esto dice el Señor: “¿Acaso no está el Líbano a punto de convertirse en un vergel y el vergel en un bosque? Aquel día los sordos oirán las palabras de un libro; los ojos de los ciegos verán sin tinieblas ni oscuridad; los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor y los pobres se gozarán en el Santo de Israel; porque ya no habrá opresores y los altaneros habrán sido exterminados. Serán aniquilados los que traman iniquidades, los que con sus palabras echan la culpa a los demás, los que tratan de enredar a los jueces y sin razón alguna hunden al justo”. Esto dice a la casa de Jacob el Señor que rescató a Abraham: “Ya no se avergonzará Jacob, ya no se demudará su rostro, porque al ver mis acciones en medio de los suyos, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los extraviados de espíritu entrarán en razón y los inconformes aceptarán la enseñanza”. Salmo Responsorial Sal 26, 1. 4. 13-14 R. (1a) El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar? R. El Señor es mi luz y mi salvación. Lo único que pido, lo único que busco es vivir en la casa del Señor toda mi vida, para disfrutar las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia. R. El Señor es mi luz y mi salvación. La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Armate de valor y fortaleza y en el Señor confía. R. El Señor es mi luz y mi salvación. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder para iluminar los ojos de sus hijos. R. Aleluya. Evangelio Mt 9, 27-31 Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos le contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: “Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región. Hay momentos en los que no veo a Dios en ningún lado, estoy tan sumergida en el mundo que se me nubla la mirada. En esos momentos es cuando recuerdo todos los momentos en los que he sido capaz de ver a Dios en mi vida. El Evangelio de hoy habla de dos ciegos, que aunque no veían a Jesús, seguían pidiéndole compasión. Esos dos ciegos somos tú y yo, corriendo detrás de Jesús clamandólo con fuerza. Jesús les pregunta si confían en Él, si tienen fe. Tener fe es confiar, aunque no lo entiendas. Quién confía en alguien es porque lo ama, y quien ama, lo hace sin medida. Si Jesús nos pregunta ahora si realmente creemos que nos puede sanar, que nos puede liberar, que nos puede abrir los ojos de nuevo, ¿seríamos capaces de decirle un «sí» completamente a ciegas? San Juan Pablo II decía que “La aventura de la santidad comienza con un «sí» a Dios.” Después de haberlos sanado, a pesar de que Jesús les dijese lo contrario, hablaron de Jesús a toda la comarca. ¡Es imposible permanecer callado cuando conoces a Cristo! Dentro de nosotras surge fuego ardiente, que nos lleva a compartirlo con los demás y la fe crece al compartirla. Jesús nos enamora y nosotras nos perdemos en Él. Hoy le pido a Jesús que nos aumente la fe, que podamos decirle «sí», sabiendo que lo va y lo puede hacer. Elisa Gómez es una joven española que ha sido transformada por el amor. Es la mayor de 5 hermanos y está estudiando Derecho y Relaciones Internacionales. Tiene una gran pasión de ayudar a los demás y dedica gran parte de su tiempo al voluntariado. Le fascina la belleza cada atardecer y la música. Al igual que “el amor le explicó todo”, quiere llevar ese amor a todos los que le rodean. [gravityform id="1421" title="true" description="true"]
Jueves de la primera semana de Adviento, Lectionary: 178 Lee las lecturas en el sitio USCCB. Primera Lectura Is 26, 1-6 Aquel día se cantará este canto en el país de Judá: “Tenemos una ciudad fuerte; ha puesto el Señor, para salvarla, murallas y baluartes. Abran las puertas para que entre el pueblo justo, el que se mantiene fiel, el de ánimo firme para conservar la paz, porque en ti confió. Confíen siempre en el Señor, porque el Señor es nuestra fortaleza para siempre; porque él doblegó a los que habitaban en la altura; a la ciudad excelsa la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó hasta el polvo donde la pisan los pies, los pies de los humildes, los pasos de los pobres”. Salmo Responsorial Sal 117, 1. 8-9. 19-21. 25-27a. R.(26a) Bendito el que viene en nombre del Señor. Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. Más vale refugiarse en el Señor que poner en los hombres la confianza; más vale refugiarse en el Señor, que buscar con los fuertes una alianza. R. Bendito el que viene en nombre del Señor. Ábranme las puertas del templo, que quiero entrar a dar gracias a Dios. Ésta es la puerta del Señor y por ella entrarán los que le viven fieles. Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste y fuiste para mí la salvación. R. Bendito el que viene en nombre del Señor. Libéranos, Señor, y danos tu victoria. Bendito el que viene en nombre del Señor. Que Dios desde su templo nos bendiga. Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine. R. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aclamación antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, invóquenlo mientras está cerca. R. Aleluya. Evangelio Mt 7, 21. 24-27 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No todo el que me diga: ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente’’. Una de mis cosas favoritas para hacer con mi esposo y mis hijos durante la cuarentena cuando queríamos tomar un poco de aire fresco era ir a dar una vuelta. Usualmente terminamos en el mismo destino: nuestra casa que se estaba construyendo a unos 20 minutos del pequeño apartamento que nuestra familia de cinco había comenzado a dejar pequeño. Puedes imaginar lo emocionados que estábamos de ver el progreso. Debo admitir que hubo momentos en los que me impaciente y sentí que no se estaba progresando. "¿No se veía así la semana pasada?" "¿Cuál es el retraso ahora?" Mi esposo hizo todo lo posible para asegurarme que todo esto era parte del proceso y una vez que se establecieron los cimientos, el resto pasaría muy rápido. Hubo un día en que mis hijos esperaban ansiosamente desde el asiento trasero porque parecía que estábamos viendo progreso. Mi esposo tomó la botellita de agua bendita y comenzó a bendecir el suelo, los cimientos y hasta oró por los obreros que seguirán trabajando en nuestra casa. Un año y medio después, hemos hecho de esta casa un hogar. ¡La base que se estableció no pudo haber sido apresurada! Necesitábamos que fuera seguro para soportar los elementos y las condiciones climáticas extremas de la soleada Arizona. Necesitábamos un refugio en el que pudiéramos confiar. Y así es con el evangelio de hoy. Podemos proclamar y llamar a Jesús nuestro Señor, a veces nos podemos poner impacientes esperando respuesta a una oración, pero hasta que no nos sometamos a hacer de Él nuestro fundamento, no podremos resistir los desafíos de este mundo. Dios no promete una vida fácil ni promete que no tendremos batallas. Nuestro Dios nos asegura que sería sabio de nuestra parte escuchar Sus palabras y actuar en consecuencia. Hermanas, durante este tiempo de Adviento, pido paciencia para que nosotras escuchemos Su voz y discernamos lo que Él nos llama a hacer. Esta disciplina nos ayudará a perseverar a lo largo de la vida con Cristo como nuestro fundamento firme.
¿También te fascina saber con certeza que hay seres humanos que están en el Cielo? Es tan interesante encontrar santos canonizados y apariciones de La Virgen con raíces en nuestras tierras nativas. Anteriormente compartí que elegí mi santo de confirmación basado en el lugar de nacimiento de mi mamá (Santa Rosa de Lima), pero quiero hablar sobre algunos de mis santos favoritos de México y el orgullo que proviene de nuestras raíces mexicanas. Crecí en la cultura mexicana; mi papá es de Guadalajara, Jalisco y nos íbamos a México frequentemente cuando yo era más joven. Aunque mi mamá nació en Lima Perú, fue inculturada en las costumbres, comidas y tradiciones mexicanas e incluso pasó algún tiempo viviendo en México antes de que yo naciera. Estoy agradecida de que mis padres nos hayan dado la oportunidad de experimentar sus culturas y parte de eso incluía vivir con devociones a los santos. La Reina Mestiza Como es para muchos de ustedes, crecí viendo a mis seres queridos tener devoción a Nuestra Señora de Guadalupe y luego aprendí a tener mi propia devoción cuando me enteré de las complejidades de su aparición (aprende más aquí). Ella fue alguien a quien me acerqué cuando me convertí en joven adulta y aprendí sobre la belleza de esta aparición Mariana. Uno de los hechos más impactantes de esta aparición es que Nuestra Señora apareció como una mestiza, una mujer con raíces mezcladas. Apareció de una manera que la gente de México necesitaba verla. Apareció de una manera que trajo unidad al pueblo y esta imagen de Nuestra Señora de Guadalupe muestra la belleza de estar mezclada. Como alguien que creció abrazando diferentes culturas hispanas, pude sentir mi propio orgullo por tener "un poco de esto y un poco de aquello." La aparición de nuestra Madre me consoló y me animó a ser auténticamente yo. A medida que nos acercamos a la celebración de su fiesta el 12 de diciembre, no puedo evitar sentirme emocionada por las celebraciones culturales que se entrelazan con el significado religioso de su celebración. María, nuestra Madre se apareció a un humilde indígena en México y lo eligió para revelar el mensaje del Evangelio a su pueblo. Las famosas palabras que La Virgen le dirigió siguen siendo un consuelo para nosotros hoy, sabiendo que a pesar de lo que podamos encontrar y las dificultades de los tiempos, nuestra Madre está con nosotros y nos protege constantemente. ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy, yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de las Américas, ruega por nosotros. El Joven Héroe Si has escuchado la historia de “Joselito” o más conocido como José Sánchez del Río, lo más probable es que te hayas inspirado en el valiente testimonio de este joven mártir. Lo torturaron y lo humillaron, dudando de su audacia en la fe. Fue testigo de lo que les sucedió a aquellos que no renunciaron a Cristo y con solo 14 años se negó a renunciar a Dios mientras exclamó con orgullo “¡Viva Cristo Rey!” justo antes de ser asesinado. Aprendí de San José Sánchez del Río y la guerra Cristera cuando era adolescente. Su manera de no ser egoísta y su entusiasmo por entregar su vida por completo a Cristo me inspira e intimida a la vez. ¿A qué me aferro egoístamente que me impide ser tan libre? ¿Cómo puedo tener el mismo celo que me permita declarar a Cristo como Rey? ¿Estoy dispuesta a entregar completamente mi vida al Señor con la esperanza de cumplir Su plan para mi vida? A medida que continuamos en nuestro viaje de fe, que siempre recordemos a los hombres y mujeres que nos han precedido, que confiaron en el Señor lo suficiente como para dar sus vidas por Él, y que constantemente nos alientan y ofrecen su intercesión para que podamos terminar nuestra carrera aquí en la Tierra y estar con el Señor para siempre en Su Reino. Todos los santos y santas de Dios, rueguen por nosotros. [bctt tweet="Santos de la tierra mexicana, rueguen por nosotros. // #BISblog #BIShermandad #BISproclama" username=""]
Get Updates on the Latest BIS Blog Posts
Enter your email. No spam, just sisterhood & helping you cultivate community.
¿Alguna vez has experimentado estar fuera de tu país pero aún así sentirte como en casa? Cuando yo tenía 24 años me fui de misión por un mes a Etiopía, en el este del continente Africano. Mi plan había sido ir por solo un mes, después regresar a los EEUU y seguir buscando trabajo, como apenas había salido del convento (puedes leer más sobre esa experiencia aquí). No debí haberme sorprendido que al final me quedé dos años en ese país. Durante ese tiempo tan especial, sentí una cercanía y amor profundo por la gente de Etiopía. Es una cultura única, como son todas nuestras culturas, pero como Dominicana no me sentí como extranjera en ese país tan lejano. Si no que, poco a poco, me llamaban “Habesha” y me veían como una Etiope más. Te comparto esto porque puedo entender muy bien como un sacerdote de Canadá llega a un punto de tanta sintonía con una gente lejana, de un país extraño, que pide ser enterrado ahí cuando llegue la hora de su muerte. Padre Emiliano Tardif, siendo Canadense, murió también Dominicano. Su Vida Misionera El Padre Emiliano vino de un pueblo de la provincia de Quebec, una zona francófona en el este de Canadá, que se llama San Zacarías. El entró un joven al seminario menor de los Misioneros del Sagrado Corazón. A los 21 años profesó sus primeros votos religiosos con la comunidad. Podríamos decir que Emiliano, desde joven, sabía que quería seguir a Jesus y sólo a Él, todos los días de su vida entregando todo. Un mensaje que nosotras quizás debemos de mantener siempre en nuestros corazones: estamos llamadas a darlo todo por Él, sin importar la vocación ni el lugar. Lo que importa es darlo todo. Después de estudiar un tiempo en los EEUU y regresar a Quebec para sus estudios de teología, Emiliano fue ordenado sacerdote de Jesucristo en 1955. Solo un año después, siendo un sacerdote “bebe” como suelo yo decir, el Padre Emiliano pidió ser enviado de misión a mi patria: la República Dominicana. Empezó su tiempo de misión en un seminario en el norte del país. Después de 17 años en ministerio–enseñando, celebrando Misas, construyendo seminarios, capillas, lugares de desarrollo humano– el Padre Emiliano cayó enfermo con una tuberculosis en los pulmones bien grave. Él regresó a su país y ahí recibió confirmación de que su salud “estaba fea para la foto” (como decimos nosotros los Dominicanos). Los doctores le explicaron que tendría que permanecer en el hospital por lo menos un año. Recibiendo el Carisma de Sanación Aquí, el asunto se pone interesante. El Padre Emiliano no estaba en favor del movimiento carismático ni los supuestos dones que daba el Espíritu Santo. Sin embargo, El Señor tenía otros planes para este sacerdote sentado en su mecedora en esa sala del hospital. Aun antes de que el Padre empezará su tratamiento para su condición, pasaron por su puerta unos laicos que pertenecían a un grupo carismático ahí en Quebec. Ellos le preguntaron al Padre Emiliano si podían rezar por él, ya convencidos de que El Señor lo iba a sanar. Disgustado pero sin querer ofender o escandalizar, el padre asintió y empezaron a pedir la gracia de sanación. Ellos estaban convencidos pero el padre dudaba aunque sí sentía un calor inmenso en sus pulmones. Para sorpresa del padre y todos los médicos, su salud fue restaurada completamente en los siguientes días después de esa oración. No quedaba ninguna señal de tuberculosis en sus pulmones. Después de un mes de estudios para asegurar que verdaderamente no había nada más que curar, lo despidieron del hospital. El Padre Emiliano quedó convencido del poder de Dios que lo había sanado esa tarde en la sala del hospital aunque él había dudado. Tras esta experiencia él decidió pedir permiso a su superior para usar el tiempo que habían predicho para su hospitalización (¡un año!) para estudiar el movimiento carismático. Después de este año de estudio y abriéndose a las obras del Espíritu Santo, el Padre regresó de misión a su amada isla de la República Dominicana. En su nueva parroquia, él organizó un encuentro de oración para contarle a sus parroquianos sobre su testimonio de sanación. Esa misma noche, el Señor empezó a usar al Padre Emiliano–que antes dudaba de todo esto–para sanar a los enfermos. Empezó con dos pero cada semana los números de los que recibían sanación aumentaban. Uno que antes dudaba se encontraba ahora en medio de una escena bíblica donde Jesus mismo pasaba a sanar a los enfermos y levantar a los que estaban en cama, dando luz a los ojos ciegos, liberando a los cautivos (Juan 9, 1-42; Marcos 2, 1-12; Marcos 5, 1-13). Su enseñanza y mensaje para nosotras Las multitudes venían a los retiros, los grupos de oración, y Misas al aire libre porque no se podían contener en los edificios de la iglesia. El Señor estaba derramando en esa isla pequeña un nuevo Pentecostés. Y desde ahí, el padre que antes dudaba y que tenía una fe muy pequeña (así mismo lo describe él), fue enviado a distintos países en cinco continentes para difundir este mensaje del amor de Dios manifestado en obras y signos bíblicos. El Padre Emiliano fue llamado por el Señor a ser testimonio del amor de Cristo, que El aun vive hoy, entre nosotros. El Señor sigue sanando y haciendo sus prodigios. El Padre Emiliano murió a los 71 años en Argentina donde había llegado para predicar un retiro a sacerdotes. Después de iniciar este retiro, padeció de un infarto de corazón. Fue llevado a ser enterrado en el lugar donde él mismo había dicho que quería permanecer, el país que había sido su hogar de trabajo y oración por más de 40 años. En el año 2007, nueve años después de su fallecimiento, la causa de beatificación fue empezada. La vida del Padre está bajo estudio y esperando la confirmación de milagros documentados a través de su intercesión para ser canonizado como Santo de la Iglesia (sería para nosotros, Dominicanos, el primer santo en nuestra tierra). ¿Que tiene que decirnos este Padre Canadense, quien vivió tantos años en una isla del Caribe, a nosotras mujeres viviendo en países quizás muy distintos y estados de vida diferentes al del padre misionero? Pienso que lo que capta el mensaje principal de este Siervo de Dios es el título de uno de sus libros: Jesús está vivo. Cristo no se ha quedado en las páginas de nuestras biblias. El sigue viniendo a nuestro encuentro, al encuentro con la humanidad sufriente y en necesidad. Y ahí, en medio de los prostíbulos y las cárceles, entre los enfermos terminales y los encadenados por adicción, el Señor manifiesta Su gloria, Su amor, y Su bondad. Hermana, ¿y si tu y yo viviéramos como si esto fuera verdad? Así como el Padre Emiliano, lanzándonos con toda confianza a las obras más importantes para nosotras como Cristianas: la oración y la evangelización. ¿Te imaginas cómo cambiaría el mundo en nuestro entorno? Te invito a rezar hoy conmigo esta oración de sanación interior que nos dejó el Padre Emiliano. Si te interesa saber más sobre el Padre Emiliano, puedes ir aquí. Y para pedir que pronto sea beatificado, encuentre aquí la oración oficial. Fuentes: Biografía del Padre Emiliano Tardif (prtc.net) Cómo se Desarrolló el Carisma del Mayor Sanador del siglo XX [por Gracia de Dios] » Foros de la Virgen María (archive.org) [bctt tweet="Siervo de Dios, Emiliano Tardif, ora por nosotras. // #BISblog #BIShermandad #ProclamaMiAlma" via="no"]
Como el país más grande de América del Sur y con el mayor número de católicos - estimado en más de 123 millones o el 64.6% de la población brasileña, es difícil encontrar un brasileño que no tenga algún aprecio por la devoción a Nuestra Señora de Aparecida. Recuerdo con cariño celebrar este día especial mientras crecía en Brasil. El 12 de octubre, los brasileños celebran la fiesta de Nuestra Señora de Aparecida (que significa “la que se ha aparecido”) con una fiesta nacional. Cada año se honra a María con un festival de diez días en la ciudad cercana a Sao Paulo que lleva su nombre. Nuestra Señora de Aparecida es conocida por ser una santa de la esperanza y también la protectora de los niños. Tanto es así que los brasileños conmemoran el Día Nacional del Niño el mismo día de su fiesta, el 12 de octubre. Cuenta la leyenda que en octubre de 1717, cuando un grupo de pescadores de la región del río Paraíba en el estado de Sao Paulo, pidió por la intercesión de Nuestra Señora después de varios intentos inútiles de pesca. En lugar de pescar, atraparon una pequeña imagen de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida hecha de terracota. En otro intento después de atrapar la imagen de Nuestra Señora, los hombres pescaron tantos peces que su bote casi se hunde. Este fue el primer milagro atribuido a Nuestra Señora de Aparecida. Otra Pesca Milagrosa El acontecimiento de la pesca milagrosa nos recuerda el pasaje del Evangelio, cuando después de haber pasado toda la noche intentando pescar; Pedro solo logró el éxito en el momento en que echó sus nidos en el nombre de Cristo. Había ocurrido una nueva pesca milagrosa y conmovió la fe del pueblo brasileño. Durante más de 15 años la imagen permaneció en casa de Felipe Pedrosa (uno de los pescadores que primero capturó la imagen), pero la multitud de personas que iban a rezar y pedir por el cruce de Nuestra Señora creció con tanta intensidad que tuvieron que trasladar la imagen a una capilla privada. Nuestra Señora de Aparecida fue declarada patrona de Brasil por Pío XI en 1929. María- El ejemplo perfecto de santidad María es un ejemplo sublime y perfecto de santidad. Ella puede ayudarnos a todos a ser más como ella. Al igual que María, todas las mujeres tenemos una enorme capacidad de compasión, de sacrificio y lo más importante, todas tenemos un papel especial en el plan de Dios. Ella nos enseña entre muchas cosas a decir sí al Señor, aun cuando no tengamos todos los detalles de cómo Él quiere usarnos. Al igual que sucedió con nuestra bendita Madre, los planes de Dios para nosotros van más allá de nuestra imaginación más salvaje. María desea formarnos en ser más como Cristo. Siempre estoy profundamente inspirada por el coraje de nuestra Santísima Madre como lo vemos en el evangelio de Lucas. Dios usó al ángel Gabriel para entregar su arriesgada invitación al ministerio. Le preguntó si estaría dispuesta a ser la madre del Salvador del Mundo. La joven María sabía muy bien que su Sí al Señor significaría un riesgo extremo de juicio severo por parte de los demás y de escándalo personal. Aún así, esta joven muy valiente respondió con: “Hágase en mí según tu voluntad”. Era el ejemplo de María que estaba tratando de emular cuando hace unos dos años, escuché que el Señor me llamaba a establecer un ministerio sin fines de lucro llamado "Healed and Restored" (Sanados y Restaurados). La misión de "Healed and Restored" es ayudar a las mujeres a sanar de todo tipo de heridas inducidas por trauma, incluido el abuso sexual y el tráfico sexual ubicado en el área de Charlotte, NC. Me he dado cuenta de que al igual que con María, el buen Dios sólo busca nuestro sí. Una vez que le hemos dado nuestro sí, Él se encarga de todos los detalles. Los fieles invocan a María para que interceda por ellos ante el Padre Cada año, en el día de su fiesta, miles de fieles visitan su santuario en la basílica de Nuestra Señora de Aparecida para agradecerle las bendiciones y rezar para que interceda por ellos con Nuestro Padre Celestial. Estas peregrinaciones religiosas se llaman romarías. El 4 de julio de 1980, el Papa Juan Pablo II, durante una visita a Brasil, consagró la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida. Este Santuario Nacional de Nuestra Señora Aparecida es considerado la segunda iglesia más grande del mundo después de San Pedro. Tiene capacidad para 45,000 personas y recibe casi 7 millones de visitantes al año. Avance rápido algunas décadas, y en la Jornada Mundial de la Juventud 2013, el Papa Francisco celebró la Misa de apertura en la Basílica diciendo en parte: “Hoy, esperando la Jornada Mundial de la Juventud que me ha traído a Brasil, yo también vengo a llamar a la puerta de la casa de María -que amó y crió a Jesús- para que nos ayude a todos, pastores del pueblo de Dios, padres y educadores, a transmitir a nuestros jóvenes los valores que pueden ayudar a construir una nación y un mundo que son más justos y unidos”. Porque fue escogida por Dios Padre para ser la madre del Mesías, a María también se le dio el privilegio de ser la que mejor podía interceder por nosotros a través del Hijo, su hijo. Y solo para aclarar las cosas para algunos de nuestros hermanos y hermanas protestantes que piensan que adoramos a María, ¡no es así! Sin embargo, la amamos y la honramos como Jesús la amó y la honró a lo largo de su vida terrenal. Nuestra Señora de Aparecida, ruega por nosotros y enséñanos a ser santos. Amén [bctt tweet="Nuestra Señora de Aparecida, ruega por nosotros. // #BISblog #BIShermandad #ProclamaMiAlma " via="no"]
Nunca he sido fanática del concepto de pasar por situaciones sola y aprender sola de mis errores. De hecho, siempre me ha interesado ver cómo alguien más manejó situaciones o circunstancias similares a las que yo enfrenté y ver qué funcionó para ellos. Sé que pensar de esta manera no siempre resuelve los problemas de la vida, pero si no tuviera que enfrentarme solo a una situación desafiante, haría todo lo posible para aprender de otros que son más sabios que yo. ROSTROS FAMILIARES Cuando era más joven, mis padres solían tener películas religiosas en casa de vez en cuando. Algunos de los clásicos que recuerdo haber visto fueron “Marcelino Pan y Vino”, la película sobre la vida de San Martín de Porres y casi todo lo que se transmite durante la Cuaresma sobre la vida de Cristo. También fui a una escuela primaria católica donde aprendí mucho sobre la vida de los santos. Estaban por todas partes. Desde calendarios de pared hasta imágenes en las ventanas de los vecinos, en los altares de las casas de los seres queridos, estaba muy familiarizada con la idea de los santos que nos rodean. Con lo que no estaba familiarizada era con la importancia que podían tener en mi propia vida o cómo tener una relación con ellos. Recuerdo estar en clases de Preparación Sacramental para recibir el sacramento de la Confirmación. Nos explicaron la importancia de elegir un santo patrón que pudiera caminar con nosotros y rezar por nosotros. Cuando llegó el momento de elegir un santo, no fue mucho más profundo que elegir un santo del mismo lugar de origen de mi madre. Elegí a Santa Rosa de Lima, simplemente porque era de Lima, Perú. Algún tiempo después, estaba en Confesión y el sacerdote me preguntó a quién elegía como mi santo patrón. Le dije. Me pidió que la “conociera y pidiera su intercesión”. Yo era un adolescente en ese momento y no entendía mucho de la tarea, pero fui a aprender más sobre ella. Me sorprendió aprender sobre su vida y por lo que pasó. No tenía idea de que tenía a alguien todo el tiempo con quien me podía relacionar. Era como si ella me eligiera a mí. Sentí un gran alivio al saber que tenía a alguien en el cielo por quien podía pedir oraciones cuando pasaba por momentos difíciles. Agradecí su guía y la forma en que se volvió real para mí. LA GRAN CARRERA Una cosa con la que muchos que no son católicos no pueden estar de acuerdo es la forma en que adoramos o rezamos a los santos. Mi respuesta a eso es: ¡Tienes toda la razón! Eso es porque no adoramos a los santos ni les rezamos. Cuando les traemos una petición, simplemente les estamos pidiendo que intercedan por nosotros desde su asiento en el Cielo. Incluso los milagros que se atribuyen a los santos no se conceden por mérito propio. Los milagros, las curaciones, las oraciones contestadas vienen del Señor. Hay una gracia divina en tener un santo en el cielo pidiendo algo en nuestro nombre. Recuerda, un santo es una persona común que encontró la manera de vivir para Dios y entregarle todo a Él. Las gracias provienen de esa decisión de vivir para Él, al igual que nos son dadas gratuitamente cuando vivimos una vida de fe en plenitud y participamos en una vida sacramental. Al final de nuestras vidas, también debemos estar orgullosas de decir que “He combatido el buen combate, he terminado mi carrera, he guardado lo que depositaron en mis manos” 2 Timoteo 4, 7. COMUNIÓN DE LOS SANTOS Nos espera un gran consuelo sabiendo que el final de nuestras vidas terrenales no es el final de nuestra existencia. Llegamos a participar en la fiesta más grande con nuestro Creador en el Cielo. Para nosotras que hemos perdido a un ser querido, nuestros corazones descansan en la esperanza de su completa unión con Dios en el Cielo. Oramos por ese encuentro y, a cambio, les pedimos que oren por nosotros. Una de mis imágenes favoritas en oración es cuando asisto a Misa. Encuentro alegría al saber que estoy participando en el más hermoso sacrificio de Amor donde todos los santos y ángeles se unen con los que aún estamos en la tierra para glorificar y alabar a nuestros Dios. Estar en esta comunión de los santos tiene dos propósitos: primero, "estamos en comunión en las cosas santas y también bien en comunión entre las personas santas" (Catecismo de la Iglesia Católica, 948). Aquí es donde llegamos a vivir plenamente siendo miembros del cuerpo de Cristo, juntándonos a participar en la Última Cena y juntándonos con los que nos han precedido. Esto no es exclusivo de quienes han recibido su título de Santo a través de un proceso de canonización. Hay muchos santos que son desconocidos y tantos de nuestros seres queridos que llegan al Cielo y reciben este título. Honramos sus vidas, sus sacrificios y su fidelidad a nuestro Señor y esperamos su inquebrantable intercesión en nuestras vidas. ENCUENTRA UN NUEVO AMIGO, FORTALECE UNA AMISTAD SEPARADA Te invito, hermana, a encontrar un santo al que puedas llamar por intercesión. Tal vez ya tenías devoción por un santo en particular y ahora estás buscando a alguien nuevo para caminar contigo durante esta temporada de tu vida, ¡eso está perfectamente bien! Nunca se pueden tener demasiados amigos santos. Ya sea que encuentres a un santo buscando una fecha específica, buscándolos en función de su patrocinio, eligiendo un santo de tu tierra natal o lo busques en función de tu nombre de nacimiento, están esperando ser llamados y también están esperando para acercarte a Dios a través de su santa amistad. ¿Has rezado una letanía a los santos? Te animo a que te detengas y ores esto conmigo hoy. Todos los Santos y Santas de Dios, Rueguen por nosotros.
Aun me acuerdo como ayer: estaba yo sentada en el patio abierto de un restaurante en la capital de Etiopía, no sola, sino con unos tres chicos bebiendo un té caliente. En ese entorno hablábamos sobre la vida, específicamente, sobre el amor y la sexualidad. Todo empezó dos semanas antes cuando se me había dado la oportunidad de compartir con estudiantes universitarios que formaban parte de un grupo católico de la diócesis de Addis Abeba. Fui invitada a dar una charla sobre algo muy polémico y culturalmente escandaloso: la Teología del Cuerpo. ¿Qué es la teología del cuerpo? En breve, es lo que se puede saber de Dios y, más aún, de nosotros mismos, a través del cuerpo como creación de Dios–hecho con propósito e intención. Y un tema que no se puede quedar sin tocar en el desarrollo de esta enseñanza es el sexo. El Tabú del Sexo Quizás para ti no es nada nuevo y has tenido conversaciones con tus padres desde tu niñez sobre el tema de sexualidad. Pero para mí, como para los estudiantes que se reunieron a escuchar la charla ese día, la sexualidad era algo que casi nunca se hablaba en mi casa. Solo sabía que uno no debe tener sexo antes del matrimonio–nada más. Así como en muchas culturas Hispanas/Latinas, en la cultura Etíope el sexo se ve como algo vulgar– hasta mencionar la palabra “sexo” puede resultar problemático en algunos lugares. Imagínate el reto que se me enfrentaba cuando yo, como mujer soltera en un país que a veces no se fía de la palabra de la mujer, tenía que decir tantas veces esa palabra. Y más aun, hablar sobre el plan de Dios para el sexo, para nuestros cuerpos, para el matrimonio. Después de un día lleno de charlas y discusiones en grupo, oración y pidiendo al Señor que habrá corazones, me quedé asombrada con los testimonios de los jóvenes después del retiro. Se levantaban, no solo uno, sino cinco o seis a la vez, para decir cuanto significaba esta “buena noticia” de la Teología del Cuerpo para ellos. En específico, me acuerdo de uno que se paró y dijo, “¿Cómo es que este regalo tan grande está en la iglesia y nosotros no sabíamos nada?” Ellos estaban sedientos para saber más de lo que Dios decía sobre la sexualidad, como andar en caminos de amor y no de lujuria, y cómo vivir la vocación al amor: el darse si mismo hacia Dios y hacia el prójimo. La Buena Noticia Al ver la luz encenderse en los corazones de estos jóvenes, me acordé de la primera vez que escuché este mensaje que cambió mi vida. Ya estaba en la escuela secundaria en los Estados Unidos, y después de una vida escolar Católica tenía todas las respuestas correctas. Sin embargo, aún no había profundizado en mi corazón el mensaje del evangelio, y el llamado a la castidad aún menos. Pero ese día, sentada en una silla de metal mientras hablaba una chica joven desde la tarima, entendí algo: Dios hizo el sexo y por eso el sexo no es algo malo ni sucio si no que es algo bueno. Ella repetía en inglés, “sex is good”--el sexo es algo bueno. Yo me sentía un poco extraña escuchando estas palabras por que para mi, el sexo era algo malo. Pero aun así, a pesar de mis heridas sexuales y montón de preguntas, mientras ella hablaba estas palabras con certeza, yo sentía en mi corazón un “¡sí, esto es! Es la verdad.” En ese momento firmé con mi nombre una tarjetita que nos habían dado que tenía una promesa de abstenerse de relaciones sexuales hasta el matrimonio. No lo pensé dos veces, puse ahí mi nombre y la fecha y decidí seguir hacia delante con esta nueva vida. No tenía idea de lo que estaba por venir, los chicos que iban a salir de mi vida por esta promesa, lo difícil que sería mantener, no tan solo esa promesa, sino un estilo de vida de castidad–física y emocional. No sabía que iba a ser todo una jornada larga con muchas caídas y momentos difíciles– pero también una aventura llena de perlas y joyas en el camino. El Señor fue tierno conmigo. Me fue corrigiendo y enseñando lentamente. Empecé a ver que la castidad, es decir, viviendo mi sexualidad con integridad según mi estado de vida, era más que una lista de “no”. No puedes ver esto, hacer esto, hablar así, o ir allá, etc. Si no que la castidad es un llamado a vivir en la libertad que Cristo mismo nos ofrece cuando dice, “Si, pues, el Hijo les da la libertad, serán realmente libres." (Juan 8, 36) La Castidad Verdadera Entender el plan de Dios para nuestros cuerpos–que comunican algo de nuestro origen y destino, que son buenos porque son obras de Dios, que unidos a la voluntad de Dios no son obstáculos sino vehículos a la santidad– es saber que fuimos creados por amor y para amar (Catecismo de la Iglesia Católica, 1604). Conocer la profundidad de este amor es saber honrar nuestros cuerpos y mirar a los demás con ojos llenos de asombro no con malos pensamientos y deseos de poseer. Es dejar que el Señor, en Su misericordia, venga a sanar y a transformar cada parte de mi corazón y mente que se rebela contra Él, contra la libertad integral que Él me ofrece, contra el llamado radical a seguirlo a Él aunque sea difícil en este mundo. Vivir la castidad es dejarse convencer por el Señor de que Él mismo es suficiente, que no hay que buscar en senderos ajenos el amor y la afirmación que tanto queremos. Andamos mendigando muchas veces con nuestros cuerpos por un poco de atención, pensando que con tal persona, por fin, encontraré la felicidad y el amor que tanto anhelo. Pero la verdad es que el amor más tierno y puro que se pueda encontrar en este mundo no se compara con el amor de Dios que nos sondea y nos conoce, hasta las entrañas (Salmo 139, 1.13). Hermana, si estás leyendo hoy por primera vez esta realidad de la bondad de tu cuerpo y el plan de Dios para tu sexualidad, te invito a que leas esta obra de Juan Pablo II para empezar. Deja que el Señor transforme cada aspecto de tu vida, sin ocultar tu sexualidad. El buen Dios, todo lo puede sanar y renovar. [bctt tweet="La Teología del Cuerpo // #BISblog #BIShermandad" via="no"]
En Su bondad, Dios ha convertido la vergüenza que cargué toda mi vida en Su fama. Él me ha convertido en una sobreviviente con un propósito: dejar que los hombres y mujeres de todas partes sepan que no importa lo que hayan pasado, la sanación está disponible y es posible para todos los hijos de Dios. Finalmente puedo decir que estoy agradecido por mis cicatrices. Por supuesto, no siempre fue así. Me tomó años comprender y darme cuenta de cómo la vergüenza estaba secuestrando mi felicidad y robando mi alegría. Jesús te invita a traer las cosas de las que más te avergüenzas a Su luz sanadora y Su amor. Él dio este poder a sus sacerdotes a través de su iglesia en el sacramento de la confesión (Jn 20, 23). Jesús anhela mostrarte su amor misericordioso, especialmente en esos lugares oscuros donde la vergüenza se ha arraigado. Como sobreviviente de un trauma, el mayor problema que veo con este tipo de vergüenza tóxica es que la mayoría de nosotros no sabemos que no proviene de Dios. La vergüenza proviene del maligno, que odia a todos los hijos de Dios y haría casi cualquier cosa para mantenernos alejados de Dios y de experimentar Su amor y misericordia. Culpa Frente a Vergüenza También hay un gran malentendido que debe aclararse. Esa es la creencia de que la culpa y la vergüenza son lo mismo. La mayor diferencia es que la culpa necesita ser perdonada y la vergüenza necesita ser sanada. La primera, de Dios, es la culpa. La culpa es el remordimiento por haber cometido alguna ofensa o mal, real o imaginario. La culpa es capaz de separar el acto de la persona. No debemos sentirnos menos personas por pecar, porque sabemos que somos imperfectos. Somos débiles y necesitamos la gracia de Dios para evitar el pecado. La segunda, que tan a menudo se confunde con la culpa, es la vergüenza. La vergüenza tiene sus raíces en Satanás, pues él fue quien primero tentó a nuestros primeros padres a pecar y hasta el día de hoy continúa avergonzándonos cada vez que pecamos. La vergüenza nos dice que somos imperdonables y desagradables. La vergüenza también nos dice que todos se avergonzarán de nosotros si supieran de nuestras profundas heridas por el pecado. La vergüenza nos hace escondernos no solo de Dios sino también de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. La Destrucción Causada por la Vergüenza La vergüenza es una emoción poderosa, a veces debilitante, que puede hacer que nos alejemos de los demás. Desde mi propia experiencia, la vergüenza es lo que me impidió hablar sobre el abuso que sufrí cuando era niña y encontrar la ayuda que tanto necesitaba. La vergüenza es también lo que me llevó a creer que Dios no me amaba y que nunca encontraría la felicidad. Esta creencia me llevó a pensar que no merecía ser feliz. Al final de mis 20 es cuando finalmente comencé a darme cuenta de cómo estaba saboteando mi propia felicidad al sentirme atraída por personas que me harían daño. ¿Te suena familiar? La mayoría de nosotros hemos quedado profundamente marcados por la vergüenza. Algunos más que otros. La vergüenza también puede conducir a un comportamiento autodestructivo devastador, como la autocompasión, el odio hacia uno mismo, la falta de confianza en uno mismo, etc. Esta vergüenza tóxica se convierte en las mentiras que llevamos con nosotros a donde quiera que vayamos, y se cuela en cada relación que tenemos con otras personas. Y en consecuencia, estas mentiras se convierten en cadenas. Estas cadenas pueden entonces separarnos del amor de Cristo. Dios Puede Sanar a Sus Hijos La buena noticia es que con la gracia de Dios podemos aprender a dejar ir este tipo de vergüenza tóxica. Nuestro Dios es un Dios de restauración y desea mostrarnos cómo reemplazar estas mentiras de vergüenza con Su verdad y misericordia. Todo lo que necesitamos es volvernos sinceramente a Él en oración. ¿Cómo hacemos para que estas verdades pasen de nuestra cabeza a nuestro corazón? Como con todo, buscamos en las Escrituras nuestra respuesta. El apóstol Pablo habla mucho del poder de la oración, y en Efesios 1, 17 dice que ora “para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, nos dé un espíritu de sabiduría y de revelación para conocimiento de Él." El espíritu de sabiduría es el que nos da perspicacia. El don de la revelación te ayudará a ver como nunca antes: la verdad será revelada. Al orar para que Dios nos dé el don de la sabiduría y la revelación, esencialmente le estamos pidiendo a Dios que toda Su verdad acerca de quién es Él y quiénes somos nosotros en relación con Él, pase de nuestra cabeza a nuestro corazón. Sea paciente consigo mismo, ya que esto probablemente llevará tiempo y práctica. Nada Nos Podrá Separar de Su Amor Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura , puede separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. //Romanos 8, 38-39 Nuestras heridas y pecados pasados no nos separan del amor que Dios Padre nos tiene. Pero, si lo permitimos, nuestro pasado puede convertirse en un gran obstáculo para que lo amemos. Una vez que le des la bienvenida a Dios en esas heridas profundas y le pidas que elimine la vergüenza tóxica que has estado cargando, comenzarás a sentirte libre para aceptar el amor que Él tiene por ti y aceptar Su sanación misericordiosa. En este punto, la vergüenza ya no se apoderará de ti ni te mantendrá cautiva. No pretendo saber a qué tipo de vergüenza te aferras. Una cosa que sé con certeza es que tú importas. Tu historia importa. Tus heridas importan. Dios quiere entrar en esos lugares de tu corazón donde la vergüenza ha echado raíces y desarraigar esas repugnantes mentiras causadas por la vergüenza. Es útil recordar que a veces nuestros corazones se rompen al pecar contra nuestro Señor, contra nosotras mismas y contra los demás. En su infinita misericordia y a través del sacramento de la confesión, el buen Señor trae el perdón a nuestros corazones rotos. ¡Abran sus corazones de par en par y estén listas para recibirlo! Querido Señor, enséñame cómo dejar ir cualquier vergüenza tóxica a la que me haya estado aferrando. Ayúdame a confiar en tu infinito amor y misericordia. Amén. Descarga Nuestro Examen de Conciencia [gravityform id="1469" title="false" description="false"] [bctt tweet="El Problema con la Vergüenza Tóxica #BISblog #BIShermandad" via="no"]
No podía creer lo que acababa de escuchar: "Ábrete a la posibilidad de discernirlo todo de nuevo". ¿Cómo podía estar pasando esto? Hice todo correctamente. Dejé mi relación de casi dos años y encontré un director espiritual. Entré en una casa de discernimiento donde vivía en una comunidad intencional centrada en la oración, el servicio y la sanación. Después de dos años de preparación entré, finalmente, a un convento carmelita como postulante. Se suponía que era allí donde debía estar. ¿Cómo es posible que cinco años de discernimiento de mi vocación culminen en este momento lleno de incertidumbre, inquietud, y confusión? ¿Podría yo realmente levantarme y dejar lo que había buscado por tanto tiempo? Una Prueba Vocacional Llevaba casi un año en el convento cuando tuve esta conversación tan necesaria con el que había sido mi director espiritual. Las monjas ya iban a empezar su reunión formal para evaluar si me invitaban a entrar en el noviciado. Y a la vez, esperaban mi "sí", mi fiat. Después de los primeros meses de aprender y desaprender hábitos, de echar de menos intensamente a mi familia y a mis amigos, y de la experiencia del choque cultural (¡es realmente fuerte!), me sentí lo suficientemente tranquila como para empezar a sumergirme en mi nueva vida. Cuanto más me sumergía, más notaba la falta de alegría. Soy una persona alegre por naturaleza, pero sabía que me faltaba algo. Como tenía muchos hermanos religiosos buenos y felices en mi vida, yo sabía que debía tener la sensación de "estar en casa" y de una profunda alegría—incluso en medio de las dificultades. Yo pensaba que llegaría el día en que todas las piezas encajaran y que debería continuar al noviciado. ¿Quizás era sólo una prueba de mi perseverancia y mi fe? Así que estaba decidida a seguir adelante. El Momento de la Verdad Sin embargo, la sabiduría de mi madre superiora nunca faltaba. Ella escuchó lo que le compartí con toda honestidad y, tras un momento de silencio, su respuesta me inquietó. Ella razonó: "Puede ser que esto sea sólo una prueba, pero también puede ser que el Señor esté tratando de decirnos algo". Fue después de ese momento que ella llamó a mi director espiritual y le pidió que se reuniera conmigo. Después de la sorpresa que me lleve con el reto del Padre a "discernirlo todo de nuevo", salí de la sala y fui a mi lugar asignado en la capilla. Ahí me hundí y empecé a llorar pensando en lo que esto podía significar. ¿Cómo podría aceptar salir del monasterio, si, de hecho, el Señor me lo había dejado claro? Tendría que volver a casa y decirles a todos que me había equivocado. Tendría que empezar de nuevo. ¿Cómo podría volver? Las preguntas que me hacía en ese momento eran preguntas basadas en mi orgullo más que en un deseo verdadero de seguir la voluntad del Señor. Sin embargo, me encontraba en un estado de confusión interior. Mi garganta palpitaba mientras trataba de contener más lágrimas. El peso de la decisión y sus implicaciones me agobiaban. El Señor Habla En ese momento de mentiras y agitación, percibí que el Señor, en Su amor y misericordia, me cubría con Su verdad. Me llenó una sensación de la paternidad de Dios: de Su cuidado tierno, que me conocía y me amaba, y de que yo era Su hija. Todas estas cuestiones pasaron a un segundo plano y empecé a comprender que lo que yo creía haber sido el acto más difícil de mi vida—despedirme de mi familia y amigos y pasar el umbral de la clausura carmelita— realmente no lo era. Lo más difícil que tendría que hacer ahora, gracias a mi orgullo inmenso y al miedo de equivocarme, era volver a cruzar ese umbral hacia el mundo que dejé atrás y decir: "Me equivoqué". Confianza en Quien Soy en Él Aunque por un momento tuve la tentación de pensar que tal vez sería mejor quedarme en el convento en vez de "rendirme", sabía que el Señor me invitaba a tener valentía y permanecer en la verdad. Mi decisión de irme o de quedarme no podía basarse en el miedo, sino en Su fidelidad y amor. Tenía que aceptar los deseos de mi corazón y la realidad de la vida religiosa. Sabía que el Señor me invitaba a tomar una decisión libre y a ser honesta sobre el deseo de casarme, sobre el miedo de desagradar que llevaba conmigo desde mi niñez hasta el convento. Él quería llevarme a confiar verdaderamente en Su paternidad. En este momento de ansiedad y miedo, la luz y la claridad me atravesaron. Supe que tenía que responder con fe. Como su hija, estaba aprendiendo que no estaba llamada a vivir y a moverme bajo el reino del miedo: miedo al rechazo o a la desaprobación de los demás o miedo al futuro. En cambio, estaba llamada a vivir desde la fe en el amor permanente y transformador de Aquel que me conoce mejor que yo misma. El Señor tenía mi futuro en Sus manos y también el tuyo. Es un futuro lleno de esperanza. ¿A qué decisión te enfrentas hoy? ¿Hay algo en este momento que el Señor te está pidiendo que hagas o que dejes atrás y sin embargo te sientes atascada o temerosa? Compartiré contigo las tiernas palabras que el Padre habló sobre mí y ruego que puedas quedarte bajo el poder de estas palabras y recibirlas en lo más profundo de tu alma: "Tú eres mi hija..." Que esta declaración sobre ti te cubra totalmente. El Padre cuida de ti. Puedes confiarle a Él esa decisión que te agobia o el miedo que detiene a tu corazón. Si lo difícil que estás evitando o temiendo tiene que ver con tu vocación, te recomiendo encarecidamente que pases algún tiempo con un buen libro de discernimiento espiritual. No importa cuál sea el paso difícil que tienes que tomar en este momento. No importa lo incierto que pueda parecer lo que falta del camino. Da el salto, hermana. Mueve ese pie tuyo, aunque sea un poco, hacia adelante. Él caminará contigo. ¿Qué estás discerniendo con el Señor en este momento? ¿Cómo puedes tomar tu decisión, no basada en el miedo, si no en el amor y en la confianza como hija de Dios? [bctt tweet="Mueve ese pie tuyo, aunque sea un poco, hacia adelante. Él caminará contigo. ~Rocio Hermes #BISblog #BISespañol //" via="no"]
Cada 15 de septiembre hasta el 15 de octubre se celebra el Mes de la Herencia Hispana. El mes de La Herencia Hispana celebra la historia, cultura, y contribuciones de ciudadanos estadounidenses cuyos antepasados vinieron de España, México, el Caribe y América Central y del Sur. Cada de estos días representa la independencia de un país Latino Americano y la independencia de México. Aquí explica en más detalle las feches de la independencia de cada país. Honestamente nunca he celebrado el mes de la Herencia Hispana. A la mejor porque donde vivo se siente un poco comercializado. Me doy cuenta cuando se está acercando la semana de la Herencia Hispana en mi ciudad porque las carteleras anuncian conciertos de artistas Hispanos. También los restaurantes anuncian especiales de tacos, cubetas de cerveza, y mariachi para entretenimiento. A la mejor porque vivo en una ciudad que nunca duerme, estos tipos de celebraciones son un poco exageradas. Quizás porque no se siente auténtico es por eso que nunca lo he tomado en cuenta. Me acuerdo en la escuela primaria aprendiendo de César Chavez y el movimiento de La Unión de Campesinos que encabezó. Hay varios Hispanos que han influenciado las artes aquí en los Estados Unidos: en literatura (tengo una copia de el libro Don Quijote de la Mancha que compre en la Ciudad de México cuando estaba de estudiante de intercambio en Puebla, MX) , arte: (Frida Kahlo y Diego Rivera), y música: (Vicente Fernandez, Alejandro Fernandez, Ricky Martin, Maná, Juanes, Shakira, Juan Gabriel, Celia Cruz, Gloria Estefan y la lista es bastante extensiva). ¡Que orgullo que nuestra cultura se puede distinguir de esta manera! Sin embargo, este blog no se va a enfocar en el trabajo que los artistas Mexicanos y latinoamericanos han contribuyendo a la cultura estadounidense, sino más bien, en nuestra fe católica. Nuestra Herencia Tiene Raíces Profundas en la Fe Católica Para mí personalmente, mi identidad Hispana es sinónimo de mi fe católica. Mis papás nos crearon en la fe y lo vivieron afuera y adentro de la casa. Parte de mi crianza fue reconociendo que diferentes éramos a las familias de mis compañeros. Por ejemplo, el altar que mi papá puso en la sala estaba lleno de imágenes de La Virgen de Guadalupe, Santo Niño Jesus, San Judas, San Martín Caballero, medallas de otros santos, rosarios, y estatuas que mi papá encontraba en la basura (luego les platico en otro blog). Yo no sabía que esta demostración de fe no era algo que todas las familias hacían. Fue inocente de mi parte pensar eso pero todas las casas que visitaba tenían un altar. No importaba si era la casa de mi abuela, los vecinos de mi barrio, la casa de mis tíos, la casa de mi otra abuela que vivía en Mexico (Sonora, Magdalena para ser específica), etc. Todos mis familiares y amistades tienen su propia versión de un altar. Los Santos Son Nuestra Familia Viendo estas imágenes todos los días en el comedor, la sala, la cocina, nuestras recamaras, y en los carros era un testimonio para mí que no hay un momento en que se vive la vida aparte de la fe. Cuando pienso en estas imágenes todavía puedo verlas en mi mente. Es como cuando vas a la casa de alguien que estás visitando y lo primero que ves es la pared de fotos de la familia. Es igual con las imágenes de los Santos, Sagrada familia, y otras imágenes que representan la fe. Siempre queremos ver fotos de nuestra familia y la fe nunca se separa de nuestra familia tampoco. Mi familia me ha demostrado que la fe católica es más que una buena receta de atole, mole, tamales (que mi mama tiene años perfeccionando), menudo, o buñuelos. Nuestra fe supera la cultura secular porque las raíces de quien somos vienen de una persona y esa persona es Jesús. A través de generaciones pasadas nuestras familias han reflejado el amor de Jesús. Esta fe que hemos heredado es un regalo para nosotros y las futuras generaciones. Testigos De Fe Escuchando a mi abuela rezar el rosario, rezar novenas y otras oraciones son distintos recuerdos que tengo de ella. Esas memorias las llevo dentro de mí y son momentos de mi vida que han fortalecido mi propia relación con Dios. Cuántos nietos y bisnietos han tenido la bendición de ver a la matriarca de la familia mostrándoles lo que significa orar. ¡Si les pregunto si tienen memorias de sus abuelas o abuelos rezando juntos con la familia estoy segura que me dirían que sí! No es porque quiero estar correcta pero la mayoría de Hispanos han tenido a una persona mayor (aunque no sea un abuela o abuelo) que les ha demostrado la fe. Generación a generación se pasa las costumbres, reverencia, pasión y amor de la fe. La fe, como una buena receta, persiste. No se necesita nada más que un corazón para recibir amor y darlo. Eso es lo que es nuestra herencia en la Iglesia Católica. La Pasión De Evangelizar Aunque no crecí en un hogar donde se leía la biblia diario mi familia evangelizaba sin darse cuenta. Por ejemplo, siempre todos eran bienvenidos a una fiesta. No importa si se conocía a esa persona bien o no. Para un hispano, invitar a alguien a una fiesta es lo más vulnerable, una manera de conocer a mas familia en una forma muy orgánica y sentirse en comunidad. ¿Qué ejemplo más grande de ser cristiano hay? Siempre hay mucha comida, y nadie se fija en quién está comiendo de más. Aquí es donde gente extraña se convierte en amistades. Este amor para celebrar, compartir alegría, querer al prójimo, y tener una disposición humilde refleja el amor de Dios. El mes de la Herencia Hispana es una oportunidad para reflexionar, contemplar, y absorber la riqueza de una cultura que no solo nos brinda comida deliciosa, arte, música, y literatura sino que en esencia se trata de comunidad y esa comunidad nos acerca a Dios. Santos a Quienes Pedir Su Intercesión Beato Miguel Agustín Pro San José Sanchez Del Rio San Oscar Romero San Juan Diego Nuestra Señora de Guadalupe Santa Rosa de Lima San Martin de Porres ¿Qué significa para ti tu herencia hispana con respecto a tu fe? ¿Hay algún santo al que te gustaría pedir sus oraciones? [bctt tweet="Mes de Herencia Hispana #BISblog #BISespañol // " via="no"]
Si eres como yo, probablemente no te diste cuenta del regalo que es tener una comunidad de fe con personas que caminan contigo, rezan contigo y rezan por ti. Crecí en un hogar católico, asistí a una escuela católica, pasé los veranos con las hermanas Salesianas en los campamentos que ofrecían y así “conocí” al Señor. Años después, me di cuenta de que conocer detalles de alguien y conocerlo de verdad eran dos cosas diferentes. Estaba inscrita en clases de preparación sacramental a pesar de mi muy obvia desaprobación. Junto con estas clases, también se requería participar en el grupo de jóvenes de nuestra parroquia. Fue una experiencia extraña e incómoda para mí. ¿Hablar con otros acerca de Dios? ¿Orar juntos? ¿Escuchar las formas en que Dios se movía en sus vidas? ¡No estaba preparada para lo que el Señor me estaba preparando! Esta fue mi primera experiencia de vivir verdaderamente mi fe en una comunidad. ¡Bendito sea! Mis compañeros me mostraron cómo ser aceptada en una comunidad de fe y cómo aceptar a los demás. Aquí, también, es donde me di cuenta de que siempre debo esforzarme por aprender más, por seguir siendo su discípula y no confiar solo en lo que había aprendido de niña. Bienvenida a la Hermandad Como joven adulta, me presentaron a Blessed is She y el trabajo transformativo que el Señor estaba haciendo a través de los esfuerzos de este ministerio. Aunque ahora estaba familiarizada con estar en una comunidad llena de fe y amaba apoyarme en ellos en varios aspectos de mi vida, me di cuenta de la necesidad de estar en comunidad con mujeres. Como esposa, madre, hija, hermana y amiga, deseaba rodearme de otras mujeres que me acompañaran en este camino. Mujeres que aceptan su feminidad a través de sus vocaciones (y no en un método único que todas deben de seguir) pero que acogieron sus etapas de vida con la intención de ofrecer todo al Señor como un sacrificio en acción de gracias por todas las formas en que Él nos bendice como mujeres. Blessed is She Blessed is She es una hermandad de mujeres que quieren crecer en su relación con Jesucristo a través de su fe católica. Creamos recursos, productos y experiencias hermosas y accesibles para profundizar la oración y fomentar la comunidad, tanto en línea como en persona. Te invitamos a esta comunidad, sin importar dónde te encuentres en tu caminar con Cristo. Tú perteneces aquí. Proclama Mi Alma Y ahora, después de un gran discernimiento, nuestro Dios Padre ha llamado a este ministerio para ofrecer recursos y experiencias a nuestra comunidad hispana. Hay un gran regalo en crecer con nuestra cultura hispana. Hemos vivido experiencias únicas e incluso hemos experimentado nuestra fe y sus devociones de una manera muy particular. Poder relacionarnos con otras mujeres con antecedentes similares es muy necesario. Esta extensión de Blessed is She se llama Proclama Mi Alma. El nombre está tomado de la Visitación de María a Isabel en las escrituras y, en particular, la respuesta de María a la forma especial en que el Señor la estaba llamando a vivir su vida. "«¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!» María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora todas las generaciones me dirán feliz. El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre!" (Lucas 1, 45-49). Misión de Blessed is She // Proclama Mi Alma La misión de este ministerio es la oración y comunidad. Quizás estés pensando: “No sé rezar y no tengo a nadie en mi vida que me ayude a crecer espiritualmente” o “Ya rezo y tengo una comunidad a mi alrededor que camina conmigo”. Dondequiera que estés en tu vida, te ofrecemos recursos y experiencias para que comiences o profundices tu vida de fe. Oración Jesús nos promete que si permanecemos en Su amor, lo que pidamos lo conseguiremos (Juan 15, 7). Esta invitación de permanecer en Su amor viene por medio de nuestra relación con Él. La oración no ayuda nuestra relación con Dios, la oración es nuestra relación con Dios. Entonces, deberíamos de preguntar, ¿Cómo es mi relación con Dios en este momento? ¿Hablo con Él seguido? ¿He aprendido a escuchar Su voz? Caminaremos contigo para ofrecer recursos y apoyo adicional para tu profundización de la oración en tu vida. No lo tienes que hacer sola. Comunidad Sabemos que nuestro ser fue creado para estar en comunidad. En la historia de la Creación, cuando Dios creó al hombre, declaró que "No es bueno que el hombre esté solo" Génesis 2, 18. Dios mismo es eterna comunicación de amor entre Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo y nuestro destino es compartir en ese intercambio (Catecismo de la Iglesia Católica, 221). Nuestras almas desean comunidad. Esperamos no solo ofrecer una comunidad donde te puedas conectar a través de grupos en línea o eventos que ofrezcamos, sino también ayudarte establecer tu propia comunidad con mujeres en tu vida. Ofrecemos recursos, estudios espirituales y apoyo adicional para que te sientas equipada a fortalecer la comunidad que necesitas en esta etapa de tu vida. Repito, no lo tienes que hacer sola. ¡Estamos muy contentas de que estés aquí! ¿Qué esperas de ser parte de nuestra hermandad? ¿Quienes forman (o pueden formar) tu comunidad de fe? ¡Cuéntanos en los comentarios a continuación! [bctt tweet="Bienvenida a la Hermandad #BISblog #BISespañol //" username="blessedisshe__"]
