Proclama Mi Alma
LECTURAS DE HOY Al leer estas líneas del Evangelio de hoy, sólo puedo pensar en cuán ciegas las personas podemos llegar a ser cuando permitimos que nuestras ideas preconcebidas tomen el timón de nuestro pensamiento y nos impidan ver la grandeza de Dios. Jesús deseaba sanar la mano de aquella persona. Y con ello, quería derribar el obstáculo que le impedía gozar de tantas otras posibilidades. Dios sabe que hay partes de nosotras que necesitan sanar: partes físicas o partes emocionales, traumas, conflictos, confusiones, inseguridades. Él sabe cuánto necesitamos que esa parte de nuestro ser se rehabilite para funcionar mejor en la vida. Pero a veces, nuestra limitación humana le pone peros a esa curación. Nuestra mente quiere imponerle límites de cómo y cuándo, sin darnos cuenta de que la fantástica creatividad de Dios rebasa todos los límites preconcebidos. Aquellos fariseos, en el afán de hacer cumplir una regla, pasaron por alto la razón misma de la regla: la cercanía con Dios, que cura y restablece. Hermanas, confiemos en que Jesús desea sanarnos, a eso vino al mundo, a rescatarnos de todo aquello que nos impida vivir plenamente. No cambiemos lo más por lo menos, invitémosle a actuar en nuestra vida, confiándole el cómo y cuándo. Que sepamos que Su creatividad y Su amor no tienen límites y por ello, dejémosle sorprendernos. // Teresa Salmerón nació en la Ciudad de México, donde creció en una familia católica practicante y donde formó la suya propia. Ha tenido la oportunidad de vivir en varios países como Chile, Venezuela, México y Estados Unidos. Actualmente reside en Ohio, donde ha vivido desde hace 12 años y donde trabaja como traductora y maestra de español. Teresa tiene 3 hijos adultos a los que ama profundamente. Ha sido catequista y actualmente facilita un estudio bíblico de un grupo de mujeres de su parroquia. A Teresa le gusta mucho bailar, leer, cocinar y convivir con su familia y amigos; y se siente profundamente agradecida por el infinito amor de Dios.
LECTURAS DE HOY Hoy la Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen María y el tema subyacente de las lecturas que nos brinda la Iglesia es simple: Dios cumple Sus promesas. Esa es una frase muy fácil de decir y recordar cuando todo está bien, o cuando una oración ha sido respondida de la manera que deseábamos, pero es un gran desafío tenerla en cuenta cuando sentimos que Dios no está escuchando o se ha olvidado de nosotras. La respuesta en esos momentos se puede encontrar profundizando un poco más en las lecturas de hoy. La forma en que el Salvador del mundo vino al mundo fue a la vez esperada e inesperada. Jesús cumple las profecías del Antiguo Testamento, pero aún así nadie podría haber imaginado al mismo Dios nacido de esta sencilla joven de un pequeño pueblo en medio de la nada. Imagínese a los judíos fieles que durante siglos oraron por la venida del Mesías durante su vida y que tal vez se sintieron olvidados o no escuchados por Dios porque no sabían cuándo Dios cumpliría esta promesa. Hermanas mías, ¿qué nos ha prometido Dios? Ha prometido que nunca nos dejará, que es nuestro Padre que quiere lo mejor para nosotras, que “todo contribuye para bien de los que aman a Dios” (Romanos 8, 28). Él será fiel a Su palabra. Al igual que con la sorpresa de elegir a la Santísima Virgen, la forma en que Él cumple estas promesas puede parecer muy diferente de lo que esperamos, pero eso es parte de la aventura de la confianza. Madre Santísima, en esta fiesta de tu natividad, ora para que esperemos las promesas de Dios con una esperanza expectante y cuando la desesperación y la tristeza amenacen con apoderarse de nuestra paz interior, pídele al Espíritu Santo que nos dé la fortaleza de confiar como tú. // Christy Vaissade creció en Brooklyn, Nueva York, hija de padres inmigrantes de la República Dominicana. Ha sido el deseo personal de Christy traer a otros a conocer la misericordia y el amor de Dios que ha cambiado y está cambiando su vida desde la joven edad de trece años. Christy es maestra de teología de secundaria, catequista, y cantora en su parroquia local. Ella y su esposo, Michael, viven en Nueva Jersey con su cachorro Pembroke Welsh Corgi, Daisy. Le encanta cocinar, ir al gimnasio, y pasar tiempo con sus sobrinos y ahijados.
LECTURAS DE HOY Reflexionando y meditando sobre las lecturas del día de hoy, me pongo a pensar cómo se habría sentido Simón cuando Jesús escogió su barca, no la de Juan y Santiago sino la suya, para proclamar las verdades del Reino. Me imagino la alegría y el orgullo que pudo haber experimentado Simón cuando el Maestro lo escogió a él. Definitivamente, ya estando con Jesús en la barca, su corazón debió haberse conmovido reflexionando sobre las enseñanzas que Él explicaba. Imagínate ser Simón, luego de escuchar al Maestro empiezas a sentir esa semilla caer en tu corazón, las escrituras cobran sentido, y Sus palabras te dejan con ansias de saber de este Maestro. Y de pronto el Maestro te pide que vayas y vuelvas a entrar al mar y que eches las redes. Por tu cabeza pasa, “¿Qué? ¿No sé da cuenta que ya estuve intentándolo todo y nada sucede? ¿Por qué me pide esto?” Pero después de haber escuchado las palabras del Maestro, algo se mueve en tu corazón, así que decides ir y echar las redes nuevamente. Ese simple acto de rendición y obediencia es lo que muchas veces Dios necesita para que demos fruto. Si nosotras ponemos nuestro 1%, Dios se encarga del otro 99%. Sólo necesitamos discernir y actuar en Su voluntad. Como el apóstol Pablo nos dice hoy, necesitamos conocer la voluntad de Dios para crecer en sabiduría y para obtener conocimiento espiritual. Y ¿qué pasó cuando Simón echó las redes en ese mar escaso de peces? ¡Un milagro! Miles de peces, tantos peces que decidieron compartir el milagro con otros pescadores. Es lo mismo con nosotras, el Señor necesita nuestras barcas, redes y voluntad para poder hacer el milagro, para poder obrar. Y tenemos la gracia del Santo Espíritu quién nos asistirá en la tarea con fortaleza y sabiduría, tal como dice el apóstol Pablo, “Podrán resistir y perseverar en todo con alegría y constancia.” Hermanas, el Maestro nos llama a echar las redes en un mar donde nada parece posible, donde la espera se ha hecho tan larga que parece que nunca pasará nada; pero Él viene y nos dice: "No temas.” // Clara Holeyfield nació y vivió hasta los 28 años en su amado Perú, donde su familia y educación le enseñaron a amar a nuestro Señor y a la virgen María, a quien ella llama "Mamita". Clara es traductora y docente de inglés como segunda lengua. Actualmente, ella reside en Arizona, Estados Unidos con su esposo Samuel, con quien cada día anhelan y se esfuerzan por poner siempre primero a Jesucristo en su día a día. El rosario los ha acompañado desde el inicio de su relación y la consagración a María ha sido una de las mejores decisiones que ambos hayan tomado.
LECTURAS DE HOY El salmo responsorial de hoy es uno de mis favoritos. En varios momentos durante mi caminata con el Señor, me he sentido que soy demasiado y que no soy suficiente a la vez. En estos momentos quiero huir de mi propia pobreza y de Su presencia. Este salmo me ancla a Su amor. Durante las épocas más lindas como las más difíciles de mi vida, donde me he sentido agobiada por mis circunstancias, este salmo me ayuda a recordar la verdad. Independientemente de estar en un momento de consuelo, desolación o ambos a la vez, caigo en cuenta que no hay lugar donde Él no esté. Ni la muerte nos puede separar de Él. Nunca estamos solas, aunque hasta podemos llegar a pensar que eso es lo que queremos. Cuando tomo tiempo para reflexionar, este es mi deseo: que yo siempre esté en comunión íntima con Él. Este salmo nos muestra esa realidad. No hay lugar, bien sea nuestra mente o tareas cotidianas donde estamos fuera de Su alcance. Querámoslo o no, Él siempre está. Hermana, esto nos debería traer una grandísima paz. Si estamos en una temporada de plena felicidad, allí está Él. Si estamos frustradas y no sabemos en qué dirección andar, allí está Él. Cuando nuestra mente no nos deja escapar de preocupaciones y obligaciones, allí está Él. Las partes de nuestro corazón que aparentan ser tan oscuras como la noche son tan claras como el día para Él. Vamos a regocijarnos y proclamar estas buenas noticias. Hoy te invito a leer este salmo lentamente y dejar que el Espíritu Santo te ilumine. Dios mío, Tú eres grande y misericordioso. Siempre estás conmigo hasta cuando no Te siento. Nunca Te vas de mi lado aunque yo trate de esconderme. Me quieres mas que yo misma me quiero y por eso Te alabo. Ayúdame para que esta realidad pueda penetrar mi mente y corazón. Amén. // Joanna nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. Próximamente, va a servir como misionera con NET Ireland. Para apoyarla en la misión haz click aquí (https://www.netministries.ie/missionaries/joanna-valencia).
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LECTURAS DE HOY En el evangelio de hoy Jesús nos está llamando a la acción para vivir. Vivir lo más auténticamente posible como cristianas. Todas sabemos distinguir el bien del mal, aunque a veces nos hacemos ciegas ante ciertas situaciones. Todas tenemos nuestras deficiencias pero, a veces, es mucho más fácil simplemente no lidiar con las cosas difíciles y desafiantes que suceden. Pero en la lectura de hoy Jesús confronta a los fariseos y a los escribas, llamándolos por lo que son: hipócritas. Mi reacción inicial al evangelio de hoy fue que era un poco duro, pero cuanto más lo leía, más revelaba el Señor los momentos en los que Él también me ha confrontado con mis defectos. Donde me he vuelto como los fariseos y los escribas. Los momentos en los que fingí ser amable con una compañera de trabajo, chismeando sobre la vida o las circunstancias de otra persona, cuando dejé que mi enojo se apodera de mí, mi terquedad con mis seres queridos y, para ser honesta, mis defectos no terminan ahí. Pero mientras tanto, mis defectos son la razón por la que amo a Jesús y el por qué Él aceptó morir en la cruz por mí. Habla de una contradicción, ¿verdad? Lo pienso de esta manera... un ser querido que realmente se preocupa por ti te confrontará cuando te equivoques. ¿Por qué? Porque te ama. Te quiere tanto como para no permitir que caigas en la trampa de tus defectos. Jesús es nuestro amado, y porque me ama tanto, me dirá en qué necesito trabajar una y otra vez, dándome oportunidad tras oportunidad para hacerlo mejor y cuando me equivoque de nuevo, Él estará allí invitándome a intentarlo de nuevo .. fuera de amor. Ves que Jesús me invita, te invita también a ti hermana, a examinar nuestra propia vida. En lugar de negar nuestros defectos, aquí es donde dejo que mi fe me alimente y me guíe con plena confianza de que al abrazar mis defectos, la gracia de Dios transformará nuestras debilidades en fortalezas. Así que vivamos lo más auténticamente posible, para que nuestros corazones y comportamientos se complementen entre sí. Él quiere lo mejor para nosotras porque no estamos hechas para este mundo; nuestro hogar está en su eterno reino celestial. // Paulina Cambron es católica de nacimiento, hija, hermana, madrina, consejera universitaria, recién casada, pero su título favorito es la hija amada de Cristo. Nacida y criada en el área de Greater Palm Springs, realmente atrajo su propia relación con Dios cuando tenía 18 años en su primer retiro para jóvenes. Desde entonces, ha servido en diferentes ministerios en su parroquia, pero su favorito es trabajar con la juventud. Hoy, dirige una comunidad de fe de mujeres llamada Devoted to Proverbs 31, y continúa sirviendo al Señor en retiros como misionera en el Programa Misionero del Valle en Coachella CA, donde hombres y mujeres se encuentran con Dios. La pasión de Paulina en el fondo radica en ayudar a los demás y compartir sobre la belleza de su fe católica y lo que Dios ha cumplido en su propia vida… mientras disfruta de una taza de té.
LECTURAS DE HOY El evangelio de hoy es una excelente oportunidad de tomar pausa y reflexionar sobre cómo nos acercamos a Jesús. Felipe acaba de ser invitado por Jesús a seguirlo. Tuvo un encuentro y quería contárselo a alguien. Cuando se lo mencionó a Natanael, fue recibido con aprensión. Sin embargo, el encuentro fue real. Felipe lo sabía. Así que invitó al incrédulo diciendo “Ven y verás”. ¿Cuántas veces en nuestras vidas nos encontramos con el amor de Dios que solo queremos compartirlo con alguien? ¡El Señor toca nuestros corazones, nos llama a Él y somos movidas por la confianza y la emoción! ¿Nos sentimos desanimadas? ¿Tenemos miedo? ¿Nos sentimos inadecuadas para compartir la Buena Nueva porque no “sabemos lo suficiente”? ¿O nos movemos en la fe? ¿Con corazones ardiendo por Jesús? Quisiera decir que sí, siempre estoy dispuesta a dar razón de mi esperanza (1 Pedro 3, 15). Pero hay momentos en que mi respuesta se parece más a la de Natanael. He oído hablar de la bondad de Dios. He oído hablar de Sus promesas y del Mesías. Pero aun así, todavía no estoy segura de que Él vendrá a mí. Respondo con la misma postura que Natanael. Sin embargo, Jesús no se deja influir por nuestra postura. Él no se detiene. Él no está esperando que lo averigüemos o incluso que confiemos en Él por completo. Todo lo que se necesita es venir y ver. Todo lo que se necesita es darle una oportunidad. Cuando hacemos eso, al igual que en el evangelio de hoy, Jesús revela que tiene mucho más reservado para nosotras, más de lo que podríamos imaginar. Él no nos avergüenza por nuestras dudas, nuestras preocupaciones, nuestras inquietudes. Él no está abrumado con las circunstancias de nuestra vida. Cristo ha estado allí a través de todo. Él nos ha visto en cada momento. Cuando nuestros ojos se abran a Su amor, cuando vengamos y veamos, Él nos revelará Su gloria. // Steph Salinas es una esposa y madre que vive en el Valle Oeste de Arizona. Originalmente de California, disfruta del tiempo con su familia apoyando a los equipos deportivos de Los Ángeles. Tiene una licenciatura en Comunicaciones y su experiencia es en el ministerio parroquial y diocesano. Su corazón está en la planificación de oportunidades de encuentro con Cristo a través de eventos Blessed is She, al mismo tiempo facilitando recursos para la comunidad hispana.
LECTURAS DE HOY Mi papá con frecuencia decía una frase que siempre me acuerdo: “Uno nunca puede ser más generoso que Dios.” Es decir, por más que nosotras demos de nuestro tiempo y recursos, Dios siempre es más generoso de lo que nosotras podríamos llegar a ser. Siempre quiere inundarnos con Su amor y Sus gracias, si tan sólo abrimos nuestros corazones. En la parábola de hoy, vemos como el propietario le pagaba a cada trabajador igual, sin importar la cantidad de horas que trabajaban. No parecía justo. Los tempraneros se quejaban. Los que se demoraron se sorprendieron. Pero me pregunto si alguno de ellos estaba agradecido. Asombrado, quizá, pero el evangelio no dice que le dieron las gracias por la oportunidad de trabajar o por darles más de lo debido. Sólo habla de las quejas: “Al recibirlo, comenzaron a reclamarle…” Creo que a veces nosotras podemos ser así sin querer. Acudimos a Dios cuando tenemos alguna queja o algún problema, pero, ¿cuántas veces vamos a Dios con el propósito de simplemente alabarlo y agradecerle? Yo sé que tengo mucho que aprender en esa área. Dios todopoderoso sabe lo que necesitamos. Entiende todas nuestras necesidades antes de mencionarlos, y nos ama. Una persona que ama, por su naturaleza, cuida al otro y busca su bien. Hermanas, les invito hoy a buscar la forma de crecer en esa actitud de gratitud, reconociendo que Dios es verdaderamente bueno. También reconozcamos que Él puede hacer lo que quiera con lo suyo, o sea, con nosotras. Nos puede llevar por un camino inesperado, pero la fe nos dice que todo es por nuestro bien, si tan sólo confiamos en Él. Señor, Dios nuestro, ¡muchas gracias por todo! Ayúdame a quejarme menos y agradecerte mucho más. // Tami Urcia es miembro de una familia católica muy grande. Ella y su esposo peruano tienen cinco hijos pequeños y viven en Michigan. Durante su juventud, Tami pasó unos años como misionera en México y ha trabajado para la Iglesia casi toda su vida en diferentes capacidades. Ha sido traductora por más de 20 años.
LECTURAS DE HOY Cada año, alrededor del mes de julio, se llena mi corazón de añoranza por el tiempo de Navidad – del frío, de cantar villancicos, de disfrutar el tiempo en familia, de escuchar la historia de nuestro Señor. Las lecturas de hoy satisfacen ese anhelo un poco. Es una cosa ver las películas de “Navidad en Julio” en el canal de Hallmark. Pero es otra cosa completamente reflejar en el humilde comienzo de nuestro Señor en la tierra, que no empezó en un pesebre, sino con la Anunciación a su madre María. Hoy celebramos la memoria de Nuestra Señora María Reina. Mi perspectiva en María muchas veces termina con que es madre de Jesús, humilde y simple. Pero si vemos más profundo, vemos que por ser así, llegó a ser Reina de los cielos. ¿Qué mejor ejemplo hay de alguien que renunció a ella misma y siguió al Señor? Con su “sí” cambió el mundo entero. Ahora que soy esposa, siento que Dios me ha dado un golpe en la cara con un rosario…jaja. Pues siempre me he vuelto hacia María como ejemplo de mujer, madre, y esposa. Pero es otra cosa pedir su Santa intercesión por medio del rosario. Es una lástima, la verdad, que no rezara el rosario antes de ser esposa. Da tantos frutos. Siempre me gusta ser la mejor en todo, pero en mi matrimonio, estaba fallando muchísimo. El día después de que rezaba un decenario, todo cambió. No es fácil… siempre tengo que luchar contra el pensamiento de que no tengo tiempo. Pero cuando lo hago, tengo más paz, y yo sé que ese tiempo con mi madre es infaltable. Toma tiempo hoy para rezar un rosario, un decenario, o unas cuántas Avemarías – lo que puedas hacer. Reflexiona en lo que dice la palabra de nuestra Madre y Reina de los cielos. Pídele que interceda por ti – que Dios te muestre el camino que tiene para ti, de qué tipo de mujer quiere que seas. Que su Espíritu Santo te guíe a ser más como nuestra Reina y Madre, María. // Jacqueline Sevier es de Tyrone, GA. Es esposa e hija amada de Dios. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Es cantante y canta en el coro de su parroquia, donde conoció a su esposo. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito, cocinar con su esposo, comer tacos, y cantar (siempre).
LECTURAS DE HOY ¿Qué significa ser una sola cosa con tu pareja al casarse? Cuando empezamos nuestros matrimonios llenos de amor, ilusión, y todas las cosas bonitas, es fácil entregarse a la idea de ser una sola cosa con nuestro esposo. Pero al pasar el tiempo cuando las cosas se ponen difíciles y las responsabilidades incrementan la idea de ser una sola cosa con tu esposo se complica. Ser esposa es una vocación sobrenatural. Se requiere de 3 para poder ser una sola cosa. El hombre y la mujer son como el agua y el aceite. Si pones las dos sustancias en una botella y la agitas los dos líquidos se convierten en uno solo. Pero al parar de agitar la botella y al pasar un tiempo los dos líquidos se separan. No importa cuánto te esfuerces para agitar la botella los líquidos siempre se seguirán separando. Pero cuando a esa misma botella le añadas un poco de glicerina y la vuelvas a agitar esas tres sustancias se convierten en una sola y nunca más se podrán separar. El añadir la glicerina es anadir a Dios para que tome parte de nuestro matrimonio. Dios es el único que nos puede convertir en una sola cosa. Yo conozco bien lo que es vivir como el agua y el aceite. Y aunque hice lo imposible por mantener la botella siempre agitada, al pasar el tiempo siempre terminaba separada de mi esposo. La separación no tiene que ser por distancia para sentirse. La separación se siente aunque tu esposo esté al lado tuyo. Ese tipo de separación es devastadora y robadora de vida. Cuando Dios está en el centro de nuestro matrimonio Él le da nueva vida a todo. Él nos convierte en una sola cosa. Una cosa que le pertenece a Él. Nuestro Padre quien nos da todo y lo puede todo nos da la gracia necesaria para nunca separarnos y siempre permanecer una sola cosa. // Brenda Pineda reside en el sur de California con sus 3 hijos y su esposo. Es una Health y Life coach certificada. Actualmente por obra del Espíritu Santo trabaja para su Iglesia Parroquial. Sus pasiones incluyen el desarrollo personal y espiritual, la salud holística, y ayudar a los demás a encontrarse con ellos mismos y con Dios. Aparte de pasar tiempo de calidad con su familia (su lenguaje de amor), su pasatiempo favorito es compartir lo que Dios está obrando en la vida con una buena amiga mientras disfrutan una tazita de té.
LECTURAS DE HOY El servidor en esta parábola muestra la duplicidad de nuestros corazones humanos: esperamos la misericordia de Dios cuando fallamos, pero nos cuesta perdonar a aquellos que nos han herido. Cuando alguien nos debe algo o nos ha maltratado, decepcionado o abusado, no es nuestro primer instinto perdonar a esta persona; queremos justicia, y a veces con mucha razón. No obstante, para obtener verdadera curación y crecimiento, se necesita la misericordia. Cada vez en el sacramento de la reconciliación, declaramos remordimiento por nuestros pecados y Jesús nos perdona y restaura nuestra relación con Él. Si tenemos corazones sinceros cuando nos confesamos, Él siempre nos perdona inmediatamente y se olvida de nuestros pecados. A veces no es tan fácil para nosotras perdonar inmediatamente. O a veces alguien que nos ha herido quizás nunca nos pedirá perdón por lo que ha hecho, pero, ¿vale la pena vivir encadenado a la cárcel de resentimiento? ¿O debemos imitar a Jesús? No es fácil, pero es más difícil crecer espiritualmente, emocionalmente, y personalmente si nunca tratamos de extender la misericordia de Dios a los que nos rodean. Quizás, ya no es posible restaurar alguna relación ni sería sano hablarle a alguien que nos haya maltratado, pero todas, todas, podemos perdonar en nuestros corazones a través de la oración y mejorar nuestras vidas. ¿Nuestros vecinos merecen misericordia? Según el mundo, quizás no. Pero ¿nosotras merecemos la misericordia que Dios siempre nos extiende? No, no la merecemos, pero la necesitamos. Siempre vamos a cometer errores, pero para curar nuestros corazones y relaciones, necesitamos vivir en Su misericordia y ser instrumentos de ella. No somos el rey, somos servidoras. Hoy, imitemos la misericordia del Rey. // Alexandra Geigel vive en Centreville, Virginia y tiene padres de Guatemala y Puerto Rico. Estudia español en la universidad y es líder de un grupo de estudio bíblico para mujeres universitarias. Le encanta leer la Biblia, escribir historias y tocar su ukelele. Lo más importante para ella es su fe católica y quiere que todas las personas conozcan el Corazón de Jesús a través de una relación personal con Él y devoción a la Eucaristía.
LECTURAS DE HOY Mis sentidos se deleitaron con la belleza del enorme ramo de rosas. No sólo eran de un color rojo muy hermoso, sino que también los pétalos eran más suaves que las mejillas de un bebé y emitían una fragancia celestial. Mi vecina católica, al enterarse de que estaba enferma, me las había traído. En respuesta, encontré en mi biblia la oración que María hizo cuando visitó a su prima Isabel, leyéndola en voz baja. No sabía nada de términos como “Anunciación” ni "Visitación”, pero me encantaban las escrituras y después de leer la oración de María susurré, "Gracias, María, por darnos esta hermosa oración". El evangelio de hoy es perfecto para la solemnidad de la Anunciación porque nos revela a María como la Madre de Dios. Cuando Jesús venció a la muerte quiso compartir Su victoria con todos los que están "en Cristo". Su madre, cuyo "sí" hizo posible que Cristo viviera entre nosotros, es la primera en ser llevada al cielo. Y a lo largo de los siglos ha conducido a tantas otras almas, incluida la mía, más cerca de su Hijo. Antes de esa oración inicial de agradecimiento a María, había estado sirviendo a Dios como misionera a tiempo completo con mi familia durante varios años. Mi corazón había estado clamando por una relación más cercana con Jesús. No sabía que me estaba perdiendo todo lo católico, incluso el mayor regalo de Jesús en la Eucaristía. Sin embargo, María ya lo sabía. Y tan pronto como le hice una pequeña abertura, ella suavemente me hizo consciente de su presencia y me llevó más cerca de su Hijo. Hermana, ¿has experimentado un toque de María en tu vida que te ha acercado a Jesús? Ya sea que hayas sido consciente o no de su ayuda, es bueno y justo agradecerle su “sí” al traernos a Jesús. Te invito a rezar con nosotras esta sencilla oración: María, elevada al cielo, sé Madre para mí hoy. // Casada en 1976, Lani Bogart fue recibida en plena comunión con la Iglesia católica con su esposo diácono, el Domingo de Gaudete de 1996. Recientemente se mudó de Phoenix a Houston, donde su familia le brinda una alegría inexpresable y continúa enseñándole la importancia de conocer y amar a Jesús. Lani se deleita con las flores, la música y las risas de familiares y amigos.
LECTURAS DE HOY Eso es exactamente lo que hizo Santa Clara. El cuento es que ella vino de una familia rica. No le faltaba nada. Pero un día, escuchó a San Francisco de Asís predicando en la calle y se fue a estudiar bajo su dirección. Clara dejó a su familia, sus cosas, todo lo que tenía, y se fue a seguir a Jesús, quien la llamó por medio de San Francisco. ¿Podríamos nosotras hacer lo mismo el día de hoy? La verdad, no sé si lo pudiera hacer yo. Siento que cada vez que trato de darle un “sí” a Dios, siempre sigue un “pero” – siempre trato de poner límites a Dios y a Su plan de mi vida. Cargo mis cruces cada día, pero ¿cuánto peso aguantaremos hasta que dejemos que Jesús nos ayude con esas cruces? Pero Jesús nos lo da tan claro en el Evangelio de hoy. No tenemos que ir con Él. No nos obliga a hacerlo. Pero si es lo que queremos, ya sabemos qué hay que hacer. Y es verdad: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?” Dios Padre, gracias por todas las bendiciones en mi vida – por mi familia, mis amigos, mi casa. Ayúdame a despojarme de las cosas del mundo, a girar mi mirada hacia Ti, y así tener una relación más profunda contigo, como tenía Santa Clara. Santa Clara, ruega por nosotros. // Jacqueline Sevier es de Tyrone, GA. Es esposa e hija amada de Dios. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Es cantante y canta en el coro de su parroquia, donde conoció a su esposo. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito, cocinar con su esposo, comer tacos, y cantar (siempre).
LECTURAS DE HOY Hoy celebramos el día de san Lorenzo. Él fue un diácono que amaba a los pobres profundamente, incluso los llamaba un gran tesoro de la Iglesia. Tristemente en el año 258 el imperio romano ordenó matar a todo el clero cristiano. Por esta orden imperial san Lorenzo murió y consecuentemente, se hizo santo. Es fácil ver la muerte de un buen hombre cristiano como una verdadera tragedia, pero en el evangelio de hoy Jesús nos invita a ver el mundo de una manera nueva. “Pero si muere, producirá mucho fruto” (Juan 12, 24). De una manera misteriosa la muerte de san Lorenzo sirvió para fortalecer la Iglesia y llevar más almas a Cristo. Hoy en día existen docenas de cuadros en los cuales aparece san Lorenzo enseñándonos cómo aceptar la voluntad de Dios con esperanza y alegría. Sin su sacrificio, la Iglesia no tendría este regalo. Hermanas, el Señor nos puede llamar a cosas muy difíciles, como dar nuestra vida o cosas tan simples como dejar de ver unos shows de Netflix. Nos podemos llenar de orgullo y pensar que estas acciones harán mucha diferencia, pero confía que todos estos sacrificios que Él nos pide son para nuestro bien y justamente lo que necesitamos. Dios no sólo promete fruto, sino mucho fruto. Ahora te pregunto a ti, amiga: “¿Qué partes de ti tienen que morir para producir mucho fruto? Si sientes el llamado del Espíritu Santo, no esperes más. Sólo entregándonos a Él y dejando que nuestra voluntad propia muera podremos producir fruto que abunde. // Joanna nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Conoció a sus 2dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. Próximamente, va a servir como misionera con NET Ireland. Para apoyarla en la misión haz click aquí (https://www.netministries.ie/missionaries/joanna-valencia).
LECTURAS DE HOY Como madre, sé la importancia y trascendencia que tiene el escuchar a los hijos. Prestar oídos a sus anhelos y planes, a sus luchas y dudas, a sus sueños y preocupaciones, y a todo lo que ilumina o estruja su corazón. En estos últimos días mis padres han venido a visitarme y me ha tocado, como hija, la dicha de ser escuchada. Mi madre, que tiene los oídos más dispuestos que conozco, que me conoce a fondo y que intuye los recovecos de mi corazón, ha escuchado, como lo hago yo con mis propios hijos, muchos de los anhelos, ilusiones y preocupaciones que se anidan en mi alma. La paz que resulta de saberse escuchada y comprendida tiene efectos sanadores y extraordinarios. Por esta razón, cuando en el Evangelio de hoy, aquella mujer es finalmente escuchada por Jesús, mi alma encontró descanso. Hermanas, nuestro Señor Jesús es así, como una madre o un padre que anhela escuchar todos nuestros sentimientos, aún cuando ello implique un esfuerzo extraordinario de nuestra parte para manifestarlos. Él conoce nuestras necesidades pero desea que se las expresemos, incluso con tenacidad. Quiere saber de todas nuestras luces e incluso de todas nuestras sombras. No nos juzga ni nos reprueba y aunque nos conoce a fondo, quiere escucharlo todo acerca de nosotros; para luego, de formas sutiles y altamente creativas, darnos señales y sanarnos poco a poco. Sintámonos pues en confianza para hablarle de lo que hay en nuestro corazón, de invitarlo a echarle un vistazo a nuestros sentimientos e ilusiones. La oración no es otra cosa que una conversación llena de intimidad y confianza. Si la escucha de una madre o padre terrenal puede tener efectos tan reconfortantes, cuánto más recibirá nuestro corazón de la amorosa escucha del Rey del universo. // Teresa Salmerón nació en la Ciudad de México, donde creció en una familia católica practicante y donde formó la suya propia. Ha tenido la oportunidad de vivir en varios países como Chile, Venezuela, México y Estados Unidos. Actualmente reside en Ohio, donde ha vivido desde hace 12 años y donde trabaja como traductora y maestra de español. Teresa tiene 3 hijos adultos a los que ama profundamente. Ha sido catequista y actualmente facilita un estudio bíblico de un grupo de mujeres de su parroquia. A Teresa le gusta mucho bailar, leer, cocinar y convivir con su familia y amigos; y se siente profundamente agradecida por el infinito amor de Dios.
A los sacerdotes de nuestra iglesia: Por las veces que te quedaste más tiempo para escuchar nuestras confesiones, gracias. Por las veces que has defendido y amado a la Iglesia, gracias. Por las veces que te has quedado más tiempo sirviéndonos a pesar de lo agotados que estabas, gracias. Por las veces que nos has corregido, guiado, y aconsejado, gracias. Por las veces que nos encontraste en nuestro sufrimiento y agonía, gracias. Por traernos a Cristo, gracias. Nunca olvidaré las palabras de un sacerdote que personalmente cambió mi vida: "Toda mi vida por el resto de mi vida" me dijo una vez después de que le di las gracias por todo lo que ha hecho por mí. Iglesia, estamos llamados a amar, servir, y proteger a nuestros sacerdotes. Fueron elegidos personalmente por el Señor para cuidar de sus ovejas. Estos hombres han dado su vida por el Señor y su iglesia, agradezcámosles. ¡San Juan Vianney, ruega por nosotros!
LECTURAS DE HOY “Llevó entonces el arca al santuario y colgó delante de ella un velo para ocultarla, como el Señor se lo había ordenado”. Un mes después de casarme mi vida colapsó cuando nació mi hija mayor. De un día para otro perdí mi identidad, mi tiempo, y no tenía ni idea cómo cuidar de esta frágil criatura. Pasaron los años, tuve dos bebés más, las cosas mejoraron y todo se volvió más fácil, pero comencé a vivir la maternidad de una forma superficial. Al pasar los años, Jesús empezó a desenvolver en mi alma el significado de mi vocación como mujer, esposa y madre. Empecé a preguntarme, ¿Por qué Dios creó hombres y mujeres? ¿Qué significa ser una mujer? Leyendo sobre esto, descubrí la devoción de usar un velo sobre mi cabeza al estar en la presencia de nuestro señor. Preguntándome sobre mi dignidad decidí intentarlo para ayudarme a reflexionar sobre mi dignidad femenina al rezar. Entonces ahí descubrí este pasaje, donde Dios le pidió a Moisés que le pusiera un velo al arca de la alianza, lo más sagrado que existía en el pueblo Israelita. Entonces de repente entendí como Dios nos ve como sus hijas. Para Él, somos lo más sagrado y hermoso de su creación, y mi alma se inundó de alegría al sentir que él restauraba mi dignidad. Hoy, la verdad de nuestra vocación aún está opaca y nos cuesta ver por qué somos tan importantes para Él. Muchas vivimos con un vacío en el corazón, donde no encontramos cómo realizarnos, no vemos nuestro valor y nos sentimos insuficientes y cansadas. Hermana, si sientes que tu lugar como mujer no es valioso, espera, deja que Él te muestre lo digna y perfecta que eres. Si te sientes exhausta por las demandas de nuestra sociedad para tu feminidad, para, deja que Su luz ilumine cuales son las cosas importantes. El te creo mujer, femenina y hermosa, con un plan tan profundo y único que ningún hombre puede realizar porque necesita tu esencia. Eres tan valiosa e irremplazable para traer la presencia de Dios de una forma diferente a nuestro mundo necesitado. Hoy le pido a Dios que te deje descansar en su presencia, que silencie todo el sonido de la vida rápida de nuestra sociedad y te deje paralizada en admiración al descubrir la dignidad y belleza de tu genio femenino, esa hermosa mujer que Él creó, más valiosa que un diamante. // Natalia DuTeau fue una joven rebelde a quien Jesús conquistó y le cambió la vida. Ahora es una maestra licenciada convertida en mamá “homeschooler” (escuela en casa). Junto a su esposo Americano, intentan criar a sus 4 hijos bilingües y biculturales transmitiendoles la cultura latina viviendo en el norte de GA. Puedes encontrarla hablando en español mientras hace caminatas por el bosque con sus niños, tomando café (después de todo es colombiana), leyéndole a sus pequeños, bailando, o cantando y tocando guitarra.
LECTURAS DE HOY La amistad es un regalo. Hasta las escrituras dicen que el que encuentra un buen amigo ha encontrado un tesoro (Eclesiástico 6, 14). Mantener una amistad requiere un compartimiento de sí mismo de cada persona. Requiere momentos en los que las dos personas comparten lo que está dentro de su corazón para poder crecer. Jesús nos llama amigas y nos comparte todo lo que está dentro de su corazón por medio de las escrituras. Es en la Palabra de Dios donde una amistad íntima con Jesús se puede formar. Por eso la Palabra es tan importante en nuestras vidas. Sin ella no podemos conocer a Jesús o el amor de Dios. Y dentro de las escrituras se encuentra todo lo que puede cambiar nuestra vida. Puede disminuir el resentimiento o incluso animarte cuando estás espiritualmente estancada. ¿Cómo puede ser? Es porque la Palabra de Dios está viva, y cuando la escuchamos hace algo dentro de nosotras porque en donde está la Palabra de Dios está la presencia de Dios. La verdad es que tantas veces he sentido que nada cambia al leer las escrituras, o al ir a misa, o al rezar, o al visitar al santísimo. Mis pensamientos se vuelven al pasado que no puedo cambiar y le pregunto a Dios, “¿Cómo me puedes llamar amiga si sigo igual?” Pero al escuchar su Palabra en este día, Él responde con la verdad y me dice, “Mira a Moises como fue transformado por estar en mi presencia. Así también te estoy transformando cada vez que rezas, que estás frente a mi, vas a misa, y entras en mi Palabra. Créeme, no eres la misma persona que eras la semana pasada ni ayer porque cada vez que hablas conmigo y que oras para poder escucharme y hacer mi voluntad, te estoy haciendo nueva. Nunca eres la misma después de estar en mi presencia.” Esta amistad que Jesús me ofrece es un tesoro y muchas veces me siento tan abrumada por esta verdad que sólo puedo llorar. Por eso, el evangelio de hoy me lleva a preguntarme y preguntarte a ti, amiga: ¿Cuánto darías por este tesoro de amistad con nuestro Señor? ¿Qué en tu vida darás o dejarás por obtener este tesoro? // Claudia Rodriguez vive en Arizona trabajando como maestra en una escuela católica. En su tiempo libre la pueden encontrar en casa cocinando, escuchando libros de audio, o bailando en la cocina. Le encanta juntarse con sus amistades, jugar juegos, escribir, y escuchar música a todo volumen. Tiene pasión por las escrituras y el ministerio de oración y sanación. Dios es su fortaleza y sostén y la pueden encontrar en el santísimo en tiempo de gozo o de sufrimiento.
