Proclama Mi Alma
Tenemos al Dios de lo imposible enamorado de nosotras, por eso no nos cansemos de soñar y de esperar. Jesús nos recuerda que siempre un paso lo doy yo, y otro la Gracia. Yo pido, busco, llamo; y la Gracia da, abre y encuentra. Atrévete a pedirle a Dios cosas grandes, sueña mucho, y espera en Él.
Hermana, si te preguntas qué significa tener un corazón humilde y contrito, te animo a recibir el Sacramento de la Confesión. La Cuaresma es el tiempo perfecto para renovar en tu corazón la compasión y el amor misericordioso de Dios. Jesús te está esperando.
Así nos pasa a todos cuando nos alejamos de Él, pero Dios, que nos conoce a cada uno personalmente, nos envió a su único Hijo y nos dejó el sacramento de la reconciliación, para que sepamos que la vergüenza de nuestros errores no tiene la última palabra. Él desea que volvamos a estar en armonía con Él, porque nuestras limitaciones, cuando estamos unidos a Dios, dejan de ser tan evidentes.
El mismo nos irá cambiando desde lo más profundo de nuestro ser. No habrá un rincón de nuestros corazones que no serán tocados y sanados por Su amor infinito, un amor que se ve claramente en el Santísimo Sacramento.
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Hay una canción que a menudo se me queda grabada en la cabeza y que comienza con este verso. Debido a que la canción es tan pegadiza, he pensado y rezado mucho con estas dos líneas. Creo que es porque me recuerdan a mi primer encuentro personal con Dios. Yo tenía trece años. Mi prima me invitó a ir al grupo de jóvenes de mi parroquia porque había muchos chicos guapos, así que fui. Aunque había sido católica practicante toda mi vida, Jesús era más un concepto que una Persona divina; Él estaba distante y era un poco aterrador en mi mente. Ese día en el grupo de jóvenes una muchacha estaba hablando y simplemente dijo “Dios te ama”. Esas palabras las había escuchado mil veces pero, sólo puedo explicarlo como un momento de gracia, por primera vez en mi vida pasó de mi cabeza a mi corazón. El Dios de todo el universo me ama personalmente, específicamente, y envió a Su hijo para redimirme, porque quiere que yo comparta con Él la gloria eterna. Me sentí demasiado pequeña para importarle tanto. Recuerdo que lloré por lo que parecieron horas. Ese encuentro cambió toda mi vida porque la gracia de ese momento me hizo saber en lo más profundo de mí que estaba, estoy, y estaré siempre en la mente de Dios. Este Jesús que habla con autoridad en el Evangelio de hoy y libera al endemoniado es una verdadera Persona Divina que quiere una relación real conmigo y contigo, hermana. Es el mismo Jesús de entonces, como lo fue el día de ese encuentro personal, como lo es hoy en la Eucaristía en la Misa. No hay mayor historia de amor que esta. Christy Vaissade creció en Brooklyn, Nueva York, hija de padres inmigrantes de la República Dominicana. Ha sido el deseo personal de Christy traer a otros a conocer la misericordia y el amor de Dios que ha cambiado y está cambiando su vida desde la joven edad de trece años. Christy es maestra de teología de secundaria, catequista, y cantora en su parroquia local. Ella y su esposo, Michael, viven en Nueva Jersey con su cachorro Pembroke Welsh Corgi, Daisy. Le encanta cocinar, ir al gimnasio, y pasar tiempo con sus sobrinos y ahijados.
¡Feliz fiesta del bautismo de Jesús! Este día se ha convertido en un día muy especial para mi. Pues al celebrar el bautismo de nuestro Rey y Salvador, también celebramos nuestro bautismo. Gracias a ello, nosotras también recibimos al Espíritu Santo al ser bautizadas. “Nosotros hemos nacido dos veces: la primera en la vida natural, la segunda, gracias al encuentro con Cristo en la fuente bautismal. Allí hemos muerto a la muerte, para vivir como hijos de Dios en este mundo. Allí nos hemos vuelto humanos como nunca habríamos imaginado. He aquí por qué todos debemos difundir el perfume del Crisma con el que hemos sido señalados el día de nuestro Bautismo. En nosotros vive y obra el Espíritu de Jesús.” -Papa Francisco (Audiencia General, 2 de agosto del 2017) Parte de mi trabajo en la iglesia es servir como coordinadora de bautizos. Tengo la oportunidad de ayudar a las familias de mi parroquia a prepararse para bautizar a sus pequeñitos. Cuando me es posible, trato de alentar a los padres que elijan esta fecha para bautizar a sus hijos. Me gusta pensar que los que comparten el día de bautizo con Jesús son bendecidos de forma especial. ¡Imagina la gran alegría que tuve hace dos años cuando fueron bautizados mi nieto y mi sobrino en este día de fiesta! Es en nuestro bautismo que recibimos nuestra identidad en Cristo. Hermana, lo que esto significa es que nuestra identidad no está basada en nuestros logros ni hechos. No tenemos que ganárnosla. Podemos descansar en el conocimiento que somos amadas hijas del Rey del Universo. ¡Hoy es un día de gozo para mi corazón y alma! Brenda Pineda reside en el sur de California con sus 3 hijos y su esposo. Es una Health y Life coach certificada. Actualmente por obra del Espíritu Santo trabaja para su Iglesia Parroquial. Sus pasiones incluyen el desarrollo personal y espiritual, la salud holística, y ayudar a los demás a encontrarse con ellos mismos y con Dios. Aparte de pasar tiempo de calidad con su familia (su lenguaje de amor), su pasatiempo favorito es compartir lo que Dios está obrando en la vida con una buena amiga mientras disfrutan una tacita de té.
Cuando pienso en el bautismo del Señor, pienso en los alrededor de 30 años que fue preparado en silencio por el Padre. Al leer y aprender de la vida de Jesus, se siente como si su ministerio en la tierra hubiera durado mucho más que tres años, de tanto de lo que se nos ha revelado en las Escrituras. No sé tú pero a veces he sentido como si mis esfuerzos no han servido de mucho. Al no ver frutos me puedo desanimar, al no ver a mis familiares acercarse más a Dios, me pregunto qué he hecho mal. A veces, incluso, he sentido que todo lo estoy haciendo mal. A veces hasta me he culpado porque mis familiares no se han acercado más a Dios. Vivir de esta manera es muy desgastante emocional y mentalmente. Pero quizás ayudarle a alguien llegar del punto “a” al punto “b”, no sea mi misión. Como Juan Bautista, quizás sólo sea mi misión preparar el camino. Siento que en mi querer de que otros aprendan de Dios por lo que yo digo, a veces pueda tener su raíz en el orgullo (me quema algo por dentro al decirlo y aceptarlo). ¿Quién soy yo para hacer que las cosas salgan de la manera que yo pienso mejor? ¿Quién soy yo para sentirme con tanto poder? Aprendamos de la humildad de San Juan Bautista quien predicaba diciendo, “Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias.” Dulce Aguirre creció como católica “por cultura” y se encontró, dulcemente, por primera vez cara a cara con el Señor durante un ensayo en el coro de su parroquia a la edad de 14 años. Ha sido la única católica practicante en su familia desde ese tiempo (hasta hace poco). Creció en Mesa, Arizona pero ahora vive en Tempe, AZ y trabaja como Asistente Bilingüe en una oficina de Comunicaciones. Su modo de oración favorito es cantar y tocar la guitarra. Le encanta caminar en los parques y ver la belleza de la naturaleza, especialmente sentir el viento bajo la sombra de los árboles. Sus santos favoritos son Padre Pio, Santa Faustina, San Rafael Arcangel, Santa Hildegarda de Bingen y San Ignacio de Loyola.
Hace pocos años, pensé que podía tenerlo todo. Esposa, madre, trabajo, belleza, un nuevo bebé, casa limpia, comida en la mesa, dinero, universidad… me siento exhausta recordando… Tres años más tarde me miré al espejo y vi que sí lo tenía todo. Una mujer puede lograr todo lo que se propone. Pero había una tristeza en mis ojos. Vi que sí estaba dando mi vida, pero no por mi familia, sino por mí. Les gritaba a mis hijos y me frustraba con mi esposo porque no ayudaba. Estaba cansada y no tenía vida para dar por nadie. Estaba en modo de sobrevivencia. Entonces decidí amar de verdad y con obras. ¿Qué necesitaba hacer para amar a mi familia de verdad? Dios no quiere que hagamos todo, quiere que amemos como Él lo hizo; que cada acción que tomemos esté envuelta de amor. Ahora que empezamos el año, es un buen momento para plantearnos estas preguntas. ¿Estamos dando nuestra vida por aquellos que están cerca de nosotras? ¿Estamos amando con acciones o con palabras? ¿Qué cosas en nuestra rutina son un obstáculo para dejarnos amar? Te pedimos Señor, ilumina nuestra mente. Que este nuevo año muramos en esas partes de nuestra vida que nos impiden amar, y que tengamos el camino abierto para poder amar más profundamente a aquellos en nuestro camino. Natalia DuTeau fue una joven rebelde a quien Jesús conquistó y le cambió la vida. Ahora es una maestra licenciada convertida en mamá “homeschooler” (escuela en casa). Junto a su esposo Americano, intentan criar a sus 4 hijos bilingües y biculturales transmitiendoles la cultura latina viviendo en el norte de GA. Puedes encontrarla hablando en español mientras hace caminatas por el bosque con sus niños, tomando café (después de todo es colombiana), leyéndole a sus pequeños, bailando, o cantando y tocando guitarra.
Recuerdo estar en una clase de formación de catequesis donde vimos un video sobre un ateo que aplaudía a un cristiano por compartir la Biblia, la Palabra de Dios con él sabiendo que no era creyente. El ateo no se convirtió de ninguna manera, pero siempre recordaré lo que se llevó de ese intercambio. Dijo que sabía que la persona que compartía el Evangelio con él lo amaba. Luego comenzó a plantear la pregunta a más cristianos diciendo, si realmente crees en lo que crees y crees en la salvación que viene con eso, ¿cómo no puedes amar a alguien lo suficiente como para compartirlo con ellos? La primera lectura precisa lo que exige de nosotros el ser llamados hijos de Dios, a través de nuestras acciones. Nos recuerda que estamos llamadas a vivir vidas justas y amar a nuestro hermano. El Evangelio de hoy nos da un hermoso y audaz ejemplo de lo que sucede cuando hacemos precisamente eso. Andrés estaba siguiendo a Juan y en cuanto Juan lo amó lo suficiente como para compartir a Cristo con él, Andres pudo experimentar la presencia del Mesías de primera mano. Inmediatamente fue a buscar a su hermano Simón para compartirlo con él, pero no se detuvo allí, lo amo lo suficiente como para llevarlo a Cristo en ese mismo momento. Allí, Simón tuvo su propio encuentro con el Señor. Hermanas, ¿a quién está poniendo Dios en su corazón para amar un poco más profundo? ¿Quién ha compartido las Buenas Nuevas contigo? ¿Cómo responderás a tu encuentro con el Señor y a quién correrás y le dirás una vez que hayas encontrado lo que has estado buscando?
“Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” (Jn 1,29) Estas últimas semanas he necesitado ir a la eucaristía diariamente. Necesitaba Su Presencia Real, al Amor de los amores que se nos da como alimento a todos los que estamos hambrientos. En la eucaristía recibimos al Cordero pascual, sacrificado por nuestra salvación. ¡Jesús se nos da como Pan de Vida! No le bastó con salvarnos, sino que quiso permanecer presente en cada sagrario de la tierra. Dios, que murió como cordero y resucitó como león, está vivo, está aquí y nos espera escondido en un trozo de pan. Si tienes la oportunidad de acercarte a recibir al Cordero de Dios, ¡aprovéchala! Si puedes visitarlo, ¡hazlo: adórale, alábale! Dios no se resiste a un corazón que está dispuesto a recibir. La Santa Misa es el banquete donde recibimos al Cordero. Poder ir a misa es experimentar un trocito de cielo. San Juan Pablo II decía que la misa era el cielo en la tierra, y es verdad. En cada eucaristía el cielo se abre, en ella participamos junto a los ángeles y santos que adoran a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar con nosotros. Por eso, te propongo un reto: vivir la próxima misa a la que vayamos como si fuera la primera, la única y la última. Elisa Gómez es una joven mitad española y mitad portuguesa que ha sido transformada por el amor. Es la mayor de 5 hermanos y está estudiando Derecho y Relaciones Internacionales. Tiene una gran pasión de ayudar a los demás y dedica gran parte de su tiempo al voluntariado. Le fascina la belleza de cada atardecer y la música. Al igual que “el amor le explicó todo”, quiere llevar ese amor a todos los que le rodean.
Jueves de la tercera semana de Adviento Lectionary: 190 Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera lectura Is 54, 1-10 “Alégrate, tú, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, tú que no habías sentido los dolores de parto; porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, dice el Señor. Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo las lonas, alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te extenderás a derecha y a izquierda: tu estirpe heredará las naciones y poblará las ciudades desiertas. No temas, porque ya no tendrás que avergonzarte; no te sonrojes, pues ya no te afrentarán; antes bien, olvidarás la vergüenza de tus años jóvenes y no volverás a recordar el deshonor de tu viudez. El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es ‘Señor de los ejércitos’. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado ‘Dios de toda la tierra’. Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios. Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor. Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti”. Salmo Responsorial Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13 b R.(2a) Te alabaré, Señor, eternamente. Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tu, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste. R. R. Te alabaré, Señor, eternamente. Alaben al Señor quienes lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; por la mañana, el júbilo. R. R. Te alabaré, Señor, eternamente. Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente. R. R. Te alabaré, Señor, eternamente. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos, y todos los hombres verán al Salvador. R. Aleluya. Evangelio Lc 7, 24-30 Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús comenzó a hablar de él a la gente, diciendo: “¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con telas preciosas? Los que visten fastuosamente y viven entre placeres, están en los palacios. Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, y yo les aseguro que es más que profeta. Es aquel de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Yo les digo que no hay nadie más grande que Juan entre todos los que han nacido de una mujer. Y con todo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él”. Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos, aceptaron el designio de justicia de Dios, haciéndose bautizar por el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los escribas no aceptaron ese bautismo y frustraron, en su propio daño, el plan de Dios. Cuando estaba creciendo, mi hermano, que es casi 15 años mayor que yo, fue (y sigue siendo) un campeón de mi vida. Mi admiración por su amabilidad, humor y gentileza solo creció cuando se convirtió en papá. Amo, amo, amo ser tía. Sin embargo, hoy puedo admitir que cuando él compartió la noticia de que iba a ser papá, mi yo de 9 años reflexionaba como, “¡O sea, hola! Todos dijeron que yo era la princesa, nadie me pidió permiso para agregar más niñas a la familia. #QueRudos." En el Evangelio de hoy, Jesús no viene tratando de descartar a Juan, el Bautista, de la narración. Más bien, en Su ternura y Su bondad, Él afirma el propósito de Juan al dirigir su vida y misión para el Reino de Dios. Jesús aprecia y reconoce a Juan. Mi hermano mayor actuó de manera muy similar a Jesús hacia mí en mi crisis de 9 años. En lugar de olvidarse de mí, me trajo a la redondez y compartió sus alegrías de ver crecer a sus hijos a su lado. Hoy celebro el cumpleaños número 17 de mi sobrina, Jackie. Estoy tan agradecida por su vida, su alegría y, sí, incluso su picardía. Mi hermano me invitó a descubrir una nueva parte de mí como Auntie Jocy, que consciente, bromea y aboga por sus nenes. Al igual que Juan, quiero que mi función personal sea únicamente inspirarle a ella y a mis otras sobrinas y sobrinos que conozcan, sirvan y amen al Señor. ¿Sentimos a veces que estamos siendo reemplazadas, o que comparamos nuestra vida con la de otros? Hoy, el Señor quiere afirmar nuestros espacios, nuestra singularidad, nuestra individualidad. Nadie puede servir al Señor como tú. Nadie es tan tú, como tú misma. El Señor encuentra eso abundante. Participemos de esa promesa, junto a Él. Jocelyn Tejeda ama el Sagrado Corazón de Jesús y a Nuestra Señora de Guadalupe. Jocelyn es nativa de San Diego, con raíces familiares en Oaxaca, México. Estudió Ciencias Políticas y Sociología en la Universidad de California, Irvine. Ella tiene el privilegio de trabajar en el Ministerio Juvenil en su parroquia natal, respaldada por Los Eudistas - Congregación de Jesús y María. Le encanta ser hija, hermana, madrina y tía y espera continuar con su contribución y defensa de la justicia interseccional junto a su comunidad latina; mientras comparta alegría y viaje, ya sea por aventuras, misión o especialmente para los eventos de lucha libre, WWE.
Memoria de San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia Lectionary: 189 Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera lectura Is 45, 6-8. 18. 21-25 “Yo soy el Señor y no hay otro. Yo soy el artífice de la luz y el creador de las tinieblas, el autor de la felicidad y el hacedor de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan la justicia; que la tierra se abra y haga germinar la salvación y que brote juntamente la justicia. Yo, el Señor, he creado todo esto”. Esto dice el Señor, el que creó los cielos, el mismo Dios que plasmó y consolidó la tierra; él no la hizo para que quedara vacía, sino para que fuera habitada: “Yo soy el Señor y no hay otro. ¿Quién fue el que anunció esto desde antiguo? ¿Quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios. Soy un Dios justo y salvador y no hay otro fuera de mí. Vuélvanse a mí y serán salvados, pueblos todos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay otro. Lo juro por mí mismo, de mi boca sale la verdad, las palabras irrevocables: ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua, diciendo: ‘Sólo el Señor es justo y poderoso’. A él se volverán avergonzados todos los que lo combatían con rabia. Gracias al Señor, triunfarán gloriosamente todos los descendientes de Israel’’. Salmo Responsorial Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo! Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra. R. R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo! La misericordia y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo. R. R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo! Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas. R. R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo! Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Levanta tu voz para anunciar la buena nueva: ya viene el Señor, nuestro Dios, con todo su poder. R. Aleluya. Evangelio Lc 7, 19-23 En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron: “Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro”. En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados: “Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí”. Mis oraciones han cambiado mucho últimamente. Claro, siempre sabía muy bien pedirle a Dios por algo que quería (qué fácil, ¿no?). Eventualmente aprendí a decirle gracias al Señor, tanto por lo bueno como por lo que no era tan bueno. Pero tomó mucho tiempo para que aprendiera lo que me había faltado en mis oraciones. No es simplemente dar gracias. Nuestro Dios es grande, poderoso, justo, misericordioso. Y Él se merece todo el honor, toda la gloria. Cuando empecé a incorporar todo esto en mis oraciones, más profunda empezó a ser mi relación con Dios. Dios ha hecho tanto en mi vida. Me ha cambiado el corazón por completo. Llevó luz a mi vida. Me dio todo de Él. Me dio un amor que a veces todavía me cuesta entender. Claro, si Jesus curó a los enfermos, si dio vista a los ciegos, ¿Qué hay que no puede hacer para ti, hermana? Él quiere una relación contigo en la oración porque te ama. Porque te quiere sanar el corazón. Porque te quiere dar vida. Me ha costado muchísimo aprender a orar – crear una relación con Dios. Una relación tal cual como las que tengo con mis amigos, con mi novio, con mi familia. Una relación con un Dios que está vivo. Que está aquí siempre con nosotros. Un Dios que es grande, poderoso, y misericordioso. Toma tiempo hoy para alabar al Señor. Sea con palabras, con música, o con acciones. Reflexiona en la grandeza, el poder, la misericordia, el abundante amor que es nuestro Dios. Jacqueline Sevier es de Tyrone, GA. Está esperando, con mucha emoción, su boda el año que viene. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Es cantante y canta en el coro de su parroquia, donde conoció a su futuro esposo. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su novio. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomando un cafecito, cocinar con su novio, comer tacos, y cantar (siempre).
Memoria de Santa Lucía, virgen y mártir Lectionary: 188 Lee las lecturas en el sitio USCCB. Primera lectura So 3, 1-2. 9-13 “¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada, de la ciudad potente y opresora! No ha escuchado la voz, ni ha aceptado la corrección. No ha confiado en el Señor, ni se ha vuelto hacia su Dios. Pero hacia el fin daré otra vez a los pueblos labios puros, para que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan todos bajo el mismo yugo. Desde más allá de los ríos de Etiopía, hasta las últimas regiones del norte, los que me sirven me traerán ofrendas. Aquel día no sentirás ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no volverás a ensoberbecerte en mi monte santo. Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los moleste’’. Salmo Responsorial Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23 R.(7a) El Señor escucha el clamor de los pobres. Bendiciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo. R. El Señor escucha el clamor de los pobres. Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamás te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias. R. El Señor escucha el clamor de los pobres. En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas. R. El Señor escucha el clamor de los pobres. El Señor no está lejos de sus fieles, y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en él esperan. R. El Señor escucha el clamor de los pobres. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Ven, Señor, no te tardes; ven a perdonar los delitos de tu pueblo. R. Aleluya. Evangelio Mt 21, 28-32 En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”. “Por favor ve y ayuda a la abuela.” “La acabo de ayudar”, respondí exasperada. No entendía por qué después de explicarle todo necesitaba mi ayuda otra vez. Rápidamente me di cuenta de mi impaciencia y, como dice el evangelio de hoy, me arrepentí y fui. El tiempo de adviento nos puede traer muchas fiestas, comidas y decoraciones pero quizás una de las cosas más importantes es el tiempo con amigos y familia. Tener a todos nuestros seres queridos cerca significa que tenemos muchas oportunidades para reír y compartir pero también significa que tenemos muchas más oportunidades para servir, amar y morir a nosotras mismas. Nuestra reacción inicial puede ser como el segundo hijo, “No quiero”. Pero lo importante es que no paremos ahí. Tenemos que acudir a la misericordia del Señor para que nos perdone y nos ayude a expandir nuestros corazones. El Señor conoce nuestra naturaleza caída y reacciones inmediatas, pero Él nos llama a algo más grande y profundo. Hermanas, saquemos la oportunidad este adviento de ir más allá de nuestra comodidad y conveniencia para servir a nuestra familia y seres queridos. Le pido a Dios que esta temporada no esté solo llena de grandes fiestas y comidas elaboradas nada más, sino de pequeños actos de misericordia para todos aquellos alrededor de nosotros. Que, con Jesús, todas podamos cambiar nuestros “no quiero” por obras de amor y así preparar nuestros corazones a recibir a nuestro Señor. Padre, concédeme la gracia de ser dócil a las necesidades de los que me rodean, especialmente a mis seres queridos. Concédeme la fuerza para servirlos en esas necesidades y la humildad de acudir a Tu misericordia cuando me quede corta. Amén. Joanna nació en Venezuela y fue criada en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Le encanta la playa, viajar y la repostería saludable. Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió.
Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe Lectionary: 690A Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera lectura Za 2, 14-17 “Canta de gozo y regocíjate, Jerusalén, pues vengo a vivir en medio de ti, dice el Señor. Muchas naciones se unirán al Señor en aquel día; ellas también serán mi pueblo y yo habitaré en medio de ti y sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti. El Señor tomará nuevamente a Judá como su propiedad personal en la tierra santa y Jerusalén volverá a ser la ciudad elegida”. ¡Que todos guarden silencio ante el Señor, pues él se levanta ya de su santa morada! O bien: Ap 11, 19; 12, 1-6. 10 Se abrió el templo de Dios en el cielo y dentro de él se vio el arca de la alianza. Apareció entonces en el cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y a punto de dar a luz y gemía con los dolores del parto. Pero apareció también en el cielo otra figura: un enorme dragón, color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada una de sus siete cabezas. Con su cola barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra. Después se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo, en cuanto éste naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su trono. Y la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios. Entonces oí en el cielo una voz poderosa, que decía: “Ha sonado la hora de la victoria de nuestro Dios, de su dominio y de su reinado, y del poder de su Mesías”. Salmo Responsorial Jdt 13, 18bcde. 19 R. (15, 9d) Tú eres la honra de nuestro pueblo. Que el Altísimo te bendiga, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito sea el Señor, creador de cielo y la tierra. R. (15, 9d) Tú eres la honra de nuestro pueblo. Hoy el Señor te ha engrandecido tanto, que no dejarán de alabarte aquellos hombres que se acuerdan en la tierra del poder de Dios. R. (15, 9d) Tú eres la honra de nuestro pueblo. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Dichosa tú, santísima Virgen María, y digna de toda alabanza, porque de ti nació el sol de justicia, Jesucristo, nuestro Dios. R. Aleluya. Evangelio Lc 1, 26-38 En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”. María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia. O bien: Lc 1, 39-48 En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”. Leer el Apocalipsis puede resultar confuso pues se escribió en una época de gran persecución de la Iglesia, y en parte por eso, está lleno de simbología. Contiene, por decirlo así, un mensaje escondido entre muchos símbolos. Me gusta recordar que el mensaje es la grandeza del amor de Dios y la certeza de que éste triunfará sobre cualquier mal que pueda ocurrir. Dios conoce el sufrimiento que nos aqueja. En el Apocalipsis el mal es representado por el dragón, quien genera mucha destrucción, pero no triunfa del todo. A través de aquella mujer en cinta, Dios viene al mundo y se une a nosotros, y su victoria es eterna. Aunque el Apocalipsis fue escrito para comunidades lejanas en épocas lejanas, la imagen que describe es para nosotras, las mujeres hispanas, sumamente familiar y conocida. Es la viva imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Y es que el amor de Dios no conoce fronteras de tiempo ni espacio. Simplemente se derrama y nos llega a todos. A cada uno de manera personal y especial. Para mí, el ver las similitudes de la Santísima Virgen María en el Apocalipsis y en la tilma de San Juan Diego, me recuerda su constante compañía y protección. Su mensaje es el mismo de siempre: Dios con nosotros, en favor de nosotros, atento a nuestras necesidades. Nuestra Señora de Guadalupe se apareció a San Juan Diego con la intención de que supiéramos que podemos acudir en su ayuda. Quiere darnos su consuelo, su guía y su protección. Hermanas, recordemos las palabras de la Santísima Virgen de Guadalupe: Hija mía, no temas, ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? Teresa Salmerón nació en la Ciudad de México, donde creció en una familia católica practicante y donde formó la suya propia. Ha tenido la oportunidad de vivir en varios países como Chile, Venezuela, México y Estados Unidos. Actualmente reside en Ohio, donde ha vivido desde hace 11 años y donde trabaja como traductora y maestra de español. Teresa tiene 3 hijos adultos a los que ama profundamente. Dos de ellos acaban de recibir el Sacramento del Matrimonio. Para Teresa, su Fe Católica es muy importante: ha sido catequista y facilita el estudio Bíblico de un grupo de mujeres de su parroquia. A Teresa le gusta mucho bailar, leer, cocinar y convivir con su familia y amigos; y se siente profundamente agradecida por el infinito amor de Dios.
Memoria Opcional de San Juan Diego Cuauhtatoatzin Lectionary: 689A Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera lectura 1 Cor 1, 26-31 Hermanos: Consideren que entre ustedes, los que han sido llamados por Dios, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos nobles, según los criterios humanos. Pues Dios ha elegido a los ignorantes de este mundo, para humillar a los sabios; a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes; a los insignificantes y despreciados del mundo, es decir, a los que no valen nada, para reducir a la nada a los que valen; de manera que nadie pueda presumir delante de Dios. En efecto, por obra de Dios, ustedes están injertados en Cristo Jesús, a quien Dios hizo nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. Por lo tanto, como dice la Escritura: El que se gloría, que se gloríe en el Señor. Salmo Responsorial Del Salmo 130 R. Dame, Señor, la paz junto a ti. Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos, soberbios; grandezas que superan mis alcances ni de lejos pretendo. R. Dame, Señor, la paz junto a ti. Estoy, Señor, por lo contrario, tranquilo y en silencio, como un niño recién alimentado, en los brazos maternas. R. Dame, Señor, la paz junto a ti. Que igual en el Señor esperen, los hijos de Israel, ahora y por siempre. R. Dame, Señor, la paz junto a ti. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla. R. Aleluya. Evangelio Mt 11, 25-30 En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre; nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera’’. Hoy la Iglesia celebra a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin y las lecturas utilizadas en honor de este memorial siempre me han recordado de tantas personas que conocí en mi niñez y adolescencia. Viví mi vida entre la ciudad de Nueva York durante el año escolar y luego yendo al campo de la República Dominicana todos los veranos. Fue una vida de contrastes en muchos sentidos, pero lo más impresionante fue el de la fe. Conocí a tantas personas sencillas y humildes en el campo que no sabían leer o que tenían muy poca educación. Recuerdo sentándome con ellos en las mecedoras en la terraza de la casa de mis abuelos, escuchando la sabiduría y comprensión de la vida que compartían tranquilamente; estas enseñanzas están conmigo hasta el día de hoy. Por el contrario, cuando estaba en la ciudad con personas brillantes según este mundo, veía cuanto luchaban con el escepticismo y la desconfianza. Es una lucha en mi propio corazón. En este día pienso en aquellos fieles campesinos: mis abuelos, sus vecinos, la gente de la Iglesia en ese pueblo pequeño, y pienso en San Juan Diego, que simplemente creyó lo que le dijo Nuestra Señora, y pido su intercesión para que el Señor transforme mi tendencia al escepticismo y la duda. Quiero decir sinceramente con el salmista “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos soberbios”. Christy Vaissade creció en Brooklyn, Nueva York, hija de padres inmigrantes de la República Dominicana. Ha sido el deseo personal de Christy traer a otros a conocer la misericordia y el amor de Dios que ha cambiado y está cambiando su vida desde la joven edad de trece años. Christy es maestra de teología de secundaria, catequista, y cantora en su parroquia local. Ella y su esposo, Michael, viven en Nueva Jersey con su cachorro Pembroke Welsh Corgi, Daisy. Le encanta cocinar, ir al gimnasio, y pasar tiempo con sus sobrinos y ahijados.
Miércoles de la segunda semana de Adviento Lectionary: 183 Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera lectura Is 40, 25-31 “¿Con quién me van a comparar, que pueda igualarse a mí?”, dice el Dios de Israel. Alcen los ojos a lo alto y díganme quién ha creado todos aquellos astros. Él es quien cuenta y despliega su ejército de estrellas y a cada una la llama por su nombre; tanta es su omnipotencia y tan grande su vigor, que ninguna de ellas desoye su llamado. ¿Por qué dices tú, Jacob, y lo repites tú, Israel: “Mi suerte se le oculta al Señor y mi causa no le preocupa a mi Dios”? ¿Es que no lo has oído? Desde siempre el Señor es Dios, creador aun de los últimos rincones de la tierra. Él no se cansa ni se fatiga y su inteligencia es insondable. Él da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía. Hasta los jóvenes se cansan y se rinden, los más valientes tropiezan y caen; pero aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas; les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan. Salmo Responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10 R.(1a) Bendice al Señor, alma mía. Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no olvides de sus beneficios. R. Bendice al Señor, alma mía. El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro, y te colma de amor y de ternura. R. Bendice al Señor, alma mía. El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados. R. Bendice al Señor, alma mía. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Ya viene el Señor para salvar a su pueblo. Dichosos los que estén preparados para salir a su encuentro. R. Aleluya. Evangelio Mt 11, 28-30 En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”. El primer pensamiento que vino a mi mente cuando leí las escrituras de hoy fue, ¿Que de nuevo puedo aportar? Luego pensé en mi vida actualmente y en las semanas pasadas. Estuve muy ocupada yendo del trabajo al hospital para visitar a mi papá. Luego, del trabajo a ensayar con un grupo musical para un congreso de jóvenes. Durante estas semanas, también había mucho que hacer en mi trabajo. ¡Anhelaba tanto tan solo un día de descanso! No tuve mucho tiempo de descanso y el que tuve lo utilicé para ver videos en TikTok e Instagram. No hice mucha actividad física pero tampoco descansé realmente. Tampoco descansó mi mente. No solo no hubo descanso, pero me di cuenta de que también evité al Señor. Bueno, siempre hablo con Jesús a lo largo de mi día, pero no hice un tiempo para específicamente sentarme, hablarle y más importante, escucharlo. Luego, cuando me di cuenta de que lo estaba evadiendo, me sentí mal, como que no merecía que Él me escuchará. Después, las palabras del salmo de hoy me llamarón la atención: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados.” Entendí que Él no piensa igual que yo. Él es paciente. Nosotros solemos vacilar cuando de repente hay mucho que hacer o suceden cosas inesperadas en nuestras vidas. Pero Él desea que si estamos fatigados y agobiados, vayamos hacia Él para encontrar descanso. Dulce Aguirre creció como católica “por cultura” y se encontró, dulcemente, por primera vez cara a cara con el Señor durante un ensayo en el coro de su parroquia a la edad de 14 años. Ha sido la única católica practicante en su familia desde ese tiempo (hasta hace poco). Creció en Mesa, Arizona pero ahora vive en Tempe, AZ y trabaja como Asistente Bilingüe en una oficina de Comunicaciones. Su modo de oración favorito es cantar y tocar la guitarra. Le encanta caminar en los parques y ver la belleza de la naturaleza, especialmente sentir el viento bajo la sombra de los árboles. Sus santos favoritos son Padre Pio, Santa Faustina, San Rafael Arcangel, Santa Hildegarda de Bingen y San Ignacio de Loyola.
Martes de la segunda semana de Adviento Lectionary: 182 Lee las lecturas en el sitio de USCCB. Primera lectura Is 40, 1-11 “Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados”. Una voz clama: “Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios. Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán”. Así ha hablado la boca del Señor. Una voz dice: “¡Griten!”, y yo le respondo: “¿Qué debo gritar?” “Todo hombre es como la hierba y su grandeza es como flor del campo. Se seca la hierba y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”. Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá: “Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que con su brazo lo domina todo. El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden. Como pastor apacentará a su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres”. Salmo Responsorial Salmo 95, 1-2. 3 y 10ac. 11-12. 13 R. (cf Is 40, 9-10) Ya viene el Señor a renovar el mundo. Cantemos al Señor un nuevo canto; que le cante al Señor toda la tierra; cantemos al Señor y bendigámoslo, proclamemos su amor día tras día. R. Ya viene el Señor a renovar el mundo. Su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación, sus maravillas. “Reina el Señor”, digamos a los pueblos, gobierna a las naciones con justicia. R. Ya viene el Señor a renovar el mundo. Alégrese los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino. Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo. R. Ya viene el Señor a renovar el mundo. Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe. Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones. R. Ya viene el Señor a renovar el mundo. Aclamación Antes del Evangelio R. Aleluya, aleluya. Ya está cerca el día del Señor. Ya viene el Señor a salvarnos. R. Aleluya. Evangelio Mt 18, 12-14 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”. En el silencio de la medianoche, abrí mi closet y saqué mi vestido favorito: minifalda que resaltaba mis largas piernas y un corte imperio cruzado que me hacía ver delgada. Cogí las tijeras, lo miré por última vez, y lo corté por la mitad. De esta forma nunca podría volver a ponérmelo, a pesar de todavía desear usarlo. Después de vivir cuatro meses en Roma en una comunidad católica donde teníamos normas de cómo podíamos vestirnos, había vuelto a mi casa a pasar una semana de vacaciones. Por fin podía ponerme lo que quisiera para salir con mis amigas, y éste todavía era el vestido que mi mente deseaba. Pero mi corazón quería algo más profundo. En el tren camino a casa, me había leído el libro de Christopher West llamado Teología del cuerpo para principiantes, y una flecha de la verdad había atravesado mi alma. Estaba cansada, llevaba años esclava de lo que pensaba que significaba “la belleza”. Gimnasio, dietas, vestirme de una forma para que todos me vieran. Pero en el fondo estaba perdida y lastimada. Era la ovejita que había decidido ir en busca de una mentira que me ahogaba y me dejaba sola, con el corazón partido una y otra vez. Al leer ese libro supe inmediatamente que las ideas del Papa Juan Pablo II eran la verdad sobre el significado del amor. Me di cuenta de que en mi obsesión con la belleza yo había estado buscando el amor en lugares equivocados. El amor no era que alguien me deseara por mi apariencia física para poseerme con motivos egoístas. El verdadero amor consistía en que alguien quisiera darme todo su ser, entregarse completamente a mi por amor. Después de descubrir esto, yo no quería conformarme con nada menos. Cuando encontrara al hombre con quien me iba a casar, quería que él fuera un hombre de verdad, alguien dispuesto a dar todo por amor a mi. Alguien que no me viera egoístamente, sino que simplemente quisiera entregarme todo su ser sin medidas. Ése era el amor radical que mi corazón deseaba, y mi forma equivocada de buscarlo me había llevado a tanto dolor por todos estos años. Entonces, miré el vestido y supe que fui creada para algo más que esta mentira que me había encadenado por tanto tiempo. Una luz me había hecho dar cuenta de que ese vestido jamás atraería a un hombre bueno que me amara de verdad, y aunque mentalmente todos los otros vestidos todavia me parecían feos y de vieja, tomé la decisión de decirle “no” a un amor mediocre y “sí” a la posibilidad de un amor verdadero… que algun dia llegaria, aunque probablemente no sería esta noche. Pero esa noche si era la noche en la que algo maravilloso pasaría. Al cortar ese vestido, por fin una luz resplandeció en mi oscuridad. Pude ver mi auténtica belleza y el verdadero significado del amor. Mi belleza consistía en que fui creada para amar y ser amada, no para ser poseída, admirada y perdida en el vacío de un “amor” egoísta. Entonces el pastor me encontró y me sanó. ¿Qué es la cosa que te esclaviza y te quita la libertad? En que te despiertas pensando por las mañanas, que al anochecer te deja llena de vacío y dolor? Ya terminó el tiempo de tu servidumbre, y pronto nacerá este tierno bebé que al abrazar en esa noche oscura, te llenará de luz. Entonces, se cortarán esas cadenas y Él las cambiará por algo más hermoso que te llenará de felicidad. Natalia DuTeau fue una joven rebelde a quien Jesús conquistó y le cambió la vida. Ahora es una maestra licenciada convertida en mamá “homeschooler” (escuela en casa). Junto a su esposo americano, intentan criar a sus 4 hijos bilingües y biculturales transmitiendoles la cultura latina viviendo en el norte de GA. Puedes encontrarla hablando en español mientras hace caminatas por el bosque con sus niños, tomando café (después de todo es colombiana), leyéndole a sus pequeños, bailando, o cantando y tocando guitarra.
