Proclama Mi Alma
LECTURAS DE HOY Sal y luz de la tierra. Nos lo pide Dios. Los cristianos tenemos el deber de llevar a todos lo que Jesús nos ha enseñado. Nuestro lugar es el mundo. El cielo comienza aquí en la tierra. Tenemos el deber de irradiar ese Espíritu Santo que mora en cada una de nosotras al resto de ciudadanos del mundo. Estamos llamadas a dar fruto, a cultivar esos frutos del Espíritu que se nos han dado. Ese es uno de los grandes desafíos de nuestra vida: vivir en el mundo, sin pertenecer al mundo; vivir en la tierra, pero con nuestra ciudadanía en el cielo. El poder llevar todo nuestro ser, templo del Espíritu Santo, a casa, a nuestro lugar de trabajo, cuando estamos tomando algo con amigas… todo son ocasiones para dejar ver esa luz y fuente de amor que llevamos dentro. El Señor cuenta conmigo y contigo. Él, conociéndonos plenamente, nos ha elegido para ser testigos y llevar Su mensaje a toda la tierra. En estos días está siendo la JMJ y yo me encuentro en Lisboa. El poder ver a todos los ciudadanos del reino que vamos por muchos campos distintos del mundo sembrando lo que Dios nos ha puesto en el corazón, es un verdadero regalo. Es muy importante recordar en momentos en los que parece que vamos solas contra el mundo, que tenemos un Padre que nos quiere y una Iglesia que nos acompaña en este camino. Por último, Jesús nos invita a no huir del mundo. Él vino a darnos vida en abundancia (Juan 10, 10) y nos enseñó cómo vivir en plenitud en el mundo.. Por eso, lo importante es poner amor en cada cosa que hagamos, porque así no hay cosas pequeñas. Hermana, hoy te propongo que podamos aprender a reconocer a Jesús en lo sencillo. Primero, reconocerle, para luego ser Su reflejo. // Elisa Gómez es una joven española que ha sido transformada por el amor. Es la mayor de 5 hermanos y está estudiando Derecho y Relaciones Internacionales. Tiene una gran pasión de ayudar a los demás y dedica gran parte de su tiempo al voluntariado. Le fascina la belleza cada atardecer y la música. Al igual que “el amor le explicó todo”, quiere llevar ese amor a todos los que la rodean.
LECTURAS DE HOY He tenido una crianza y una vida muy bendecida. Sí, surgen desafíos, he cometido y sigo cometiendo errores, y Dios ha estado allí conmigo en todo momento. Por eso siempre vuelvo a Él. Como la parábola del sembrador, las semillas caen en muchos lugares... terreno pedregoso, entre espinos, y tierra buena. ¿Qué tienen todos estos en común? Las semillas están todas plantadas en la oscuridad, la oscuridad de la tierra. Aquí es donde me encuentro viviendo como un adulto, en la oscuridad de mi salud mental y la ansiedad que quiere vencerme y mantenerme escondida en la tierra, como para no dar el fruto que el enemigo sabe que Dios tiene guardado para mí. No importa la oscuridad del suelo, estoy arraigada en su verdad. Mis raíces están firmes en la tierra, porque es en estos momentos que me aferro a las veces que me he regocijado con Dios, que me ha restaurado, me ha sanado… encontrando todas las razones para estar agradecida, porque todo esto produce la luz necesaria para brillar y crecer y dar fruto de la tierra. Hermana, estar atrapada en tu propia oscuridad o en la oscuridad del mundo, las situaciones que se presentan frente a ti no son el final. Los sentimientos de oscuridad y preguntarse a sí misma, “¿Dónde estás, Dios?” no es pecado. Estos momentos son donde estamos invitadas a profundizar en la tierra, en nuestra fe. Cuando finalmente rompes la tierra y floreces, comienzas a apreciar más profundamente los momentos de la luz. Después de todo, cuando Dios creó el cielo y la tierra, se formaron en el vacío y la oscuridad antes de que Dios barriera la faz de las aguas y la vida fuera restaurada y traída a la luz. Encuentra esa luz todos los días y mantente arraigada en su verdad. No dudes del fruto que Él está dando en tu vida. Aférrate a la esperanza y florece, hermana. // Paulina Cambron es católica de nacimiento, hija, hermana, madrina, consejera universitaria, recién casada, pero su título favorito es la hija amada de Cristo. Nacida y criada en el área de Greater Palm Springs, realmente atrajo su propia relación con Dios cuando tenía 18 años en su primer retiro para jóvenes. Desde entonces, ha servido en diferentes ministerios en su parroquia, pero su favorito es trabajar con la juventud. Hoy, dirige una comunidad de fe de mujeres llamada Devoted to Proverbs 31, y continúa sirviendo al Señor en retiros como misionera en el Programa Misionero del Valle en Coachella CA, donde hombres y mujeres se encuentran con Dios. La pasión de Paulina en el fondo radica en ayudar a los demás y compartir sobre la belleza de su fe católica y lo que Dios ha cumplido en su propia vida… mientras disfruta de una taza de té.
LECTURAS DE HOY Recuerdo claramente ir a misa cuando era chiquita y escuchar este evangelio. Después de misa, yo discutía con mi papá porque estaba indignada. No me parecía justo que a los que tienen se le diera más y que a los que tienen poco se le quiten (Mateo 13:12). Mi papá me trató de explicar esta paradoja pero seguía sin entender. Ahora, que ya han pasado un par de años, entiendo un poco más de lo que el evangelio estaba comunicando. De la misma manera que cuando uno le presta un libro o una blusa a alguien espera que sea cuidadoso, el Señor también espera lo mismo. Esto no significa que los accidentes o errores no pasen, pero sí que ser cuidadoso con las cosas que nos otorgan es una forma de honrar y amar al que nos lo da. Cuando uno mantiene y cultiva lo pequeño, el Señor ve nuestra fidelidad. Igual como dice que el que es fiel en lo pequeño, también será en lo grande. (Mateo 25, 23) Hermana, te invito a que hagas inventario de todas las bendiciones que te ha dado el Señor. Dale gracias a Él por cada una de ellas porque todas son un regalo. Señor, ayúdanos a ver tu rostro en todo lo que nos has dado. Abre nuestras manos y humilla nuestros corazones para que siempre podamos adorar al que nos da los regalos y no a los regalos mismos. Enséñanos a ser buenas mayordomas de todo lo que nos has dado para que, así, podamos seguir recibiendo tus bendiciones. // Joanna nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. Próximamente, va a servir como misionera con NET Ireland. Para apoyarla en la misión haz click aquí (https://www.netministries.ie/missionaries/joanna-valencia).
LECTURAS DE HOY Estas palabras de la primera lectura de hoy me recuerdan a una conversación que tuve con un sacerdote el año pasado. En agosto del 2022 me mudé de Phoenix a Chicago para servir como voluntaria jesuita en una escuela católica. Me mudé sin tener familia en Illinois, pero me fui con mucha fe de que Dios iba a dirigir mis pasos. En ese tiempo, yo sólo conocía a una sola persona y a los dos meses de estar en Chicago esta persona ya no era parte de mi vida. Recuerdo que el sacerdote me dijo, “No temes que Dios te haya traído hasta Chicago para dejarte sola. No te dejará sola. Él hará algo más grande en ti.” Al pasar el tiempo Dios me bendijo con tanto apoyo de amigos, quienes en ese tiempo apenas había conocido. Me sentía tan querida y apoyada. Muy rápidamente conocí a más gente genuina a la cual comencé a apreciar mucho. Durante estos meses dediqué más tiempo a un programa voluntario. Sentía el amor de Dios por medio de mis estudiantes, compañeros de trabajo, y otros amigos. Me sentía tan realizada por la vida cotidiana. Dios me siguió bendiciendo al pasar del tiempo. En marzo, al lado de una amiga, Dios me dio la oportunidad de ser una coordinadora de un grupo de hispanos católicos. De nuevo me sentí amada y usada como instrumento de Dios. Y las bendiciones no pararon ahí. En abril me di cuenta de que me habían aceptado a un programa de maestría. Más aún, había recibido una beca para estudiar teológica y ministros hispanos. Por lo tanto, me di cuenta de que Dios no me llamó a caminar por el desierto para fracasar, sino para triunfar. Igual que los Israelitas, Dios nos llama al pasar por el desierto para lograr mucho más de lo que nosotras anticipamos. Déjate llevar, hermana. // Fernanda Balderrama nació en Phoenix, Arizona. Ahora está empezando su maestría en teología en Chicago, Illinois donde es coordinadora de una comunidad de jóvenes hispanos conocida como Iskali. A Fer le gusta pasar su tiempo en adoración eucarística, conociendo nuevos lugares con sus amigos, y jugando con sus sobrinos.
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LECTURAS DE HOY Hoy es la fiesta de San Santiago, Apóstol. ¿Alguna vez te has puesto a pensar en este apóstol? Tiene un gran significado para mí porque Santiago era el nombre del abuelo de mi esposo y es el segundo nombre de uno de mis hijos. Este santo era una de las personas más cercanas a Jesucristo. Claro que todos los doce apóstoles lo eran, pero varias veces Jesús se iba a un lugar con solamente Pedro, Santiago y Juan. Era como su grupito más íntimo. Me puedo imaginar las cosas que hablaba a sus corazones, la forma en que los enseñaba a orar, y la forma en que los escuchaba. ¡Hasta me da un poco de envidia! Como dice la primera lectura, “Llevamos un tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos.” Y luego, “Llevamos siempre y por todas partes la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, para que en este mismo cuerpo se manifieste también la vida de Jesús.” Santiago vivió esa realidad al máximo, y nosotras también podemos vivirla. Tenemos la dicha de ser sus seguidores, sus apóstoles. Tenemos la dicha de ser una de las personas mas cercanas a Él cada vez que comulgamos o lo buscamos en la oración. Señor Dios, gracias por llamarnos a ser tus apóstoles. Ayúdanos a llevarte siempre por dentro para que tu vida se manifieste en nosotras. Amén. Tami Urcia es miembro de una familia católica muy grande. Ella y su esposo Peruano tienen cinco hijos pequeños y viven en Michigan. Durante su juventud, Tami pasó unos años como misionera en México y ha trabajado para la Iglesia casi toda su vida en diferentes capacidades. Ha sido traductora por más de 20 años.
LECTURAS DE HOY Yo soy una planeadora. Siempre estoy haciendo una nueva lista de qué necesito comprar, de qué tengo que hacer, de qué tengo que llevar a cierto lugar. Mi esposo…no es así. Entonces se puede imaginar lo difícil que sería cambiar todo después de casarme para someterme a él. Confiar tanto en él, que va a hacer las cosas por mi bien y por el bien de nuestra familia. De eso, que me parecía tan claro y obvio el día de mi boda, ya empezaba a tener dudas. Tenía planeado todo un fin de semana. Y él tenía pensado algo más. Empezamos a discutir un poco, mi esposo y yo, y minutos después, vi en Instagram una cuenta de mujeres y esposas tradicionales. Dios me dio ahí el recordatorio que necesitaba: “someterse a su marido.” Ya sabía que iba a ser difícil…para los dos. Somos tercos. Pero Dios nos creó para más. En la lectura de hoy, escuchamos de los judios guiados por Moisés. Cuando vieron al faraón y a los egipcios acercándose, tenían miedo y dudaron completamente de Moisés y de Dios. Pero Dios los salvó…otra vez. Escuchamos también de los escribas y fariseos pidiéndole a Jesús una señal de su poder. Hace cinco años, le había dicho a mi novio (ahora mi esposo) que una vida tradicional nunca iba a ser para mi. Que yo no iba a quedarme en casa a cuidar a los niños y que él me iba a ayudar en todo de la casa 50/50. Que yo iba a ser independiente todavía después de que nos casáramos. Y él no me presionó, simplemente lo dejó a Dios. Yo dudé del plan que Dios tenía para mi como mujer. Pero poco a poco me empezó a mostrar como podría ser la vida así. Y me gustó. Me dio paz. Tengo muchísimo que aprender todavía y no va a ser fácil. Pero no necesito una señal prodigiosa para saber que el plan de Dios es maravilloso. No necesito eso cuando una y otra vez Dios ha cumplido con su palabra con los judios, con Jonás, conmigo. Cuando ha mostrado una y otra vez que su plan es lo mejor para todos…y tengo ese recordatorio cada vez que miro un crucifijo, cada vez que leo su palabra, y cada domingo en la Eucaristía. Jacqueline Sevier es de Tyrone, GA. Es esposa, cantante, e hija amada de Dios. Aunque creció en escuelas Católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Jackie ayuda con el grupo de jóvenes de su parroquia y en la dirección del coro, donde conoció a su esposo, David. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito, cocinar con su esposo, comer tacos, y cantar (siempre).
LECTURAS DE HOY Jesús mío, ¿qué quieres decirme con estas palabras? ¿Realmente las comprendo y las vivo? Me asombra el frío de los corazones de los fariseos, tan dispuestos a juzgar y condenar a los demás, incluso al mismo Jesús. Pero si soy sincera conmigo misma, yo también soy capaz de hacer exactamente lo mismo. ¿Cuántas veces juzgo al otro sin intentar comprenderlo? ¿Tengo un corazón dispuesto a amar como Jesús? Hoy en el evangelio Jesús nos pone delante una elección fundamental. Nos invita a entrar en lo más profundo de nosotras para mirar la disposición de nuestro corazón. ¿Elegimos juzgar al prójimo según nuestros propios criterios o según lo que la sociedad dice que es correcto o no, o elegimos amar y acercarnos a nuestro prójimo al igual que Jesús? Pienso en los encuentros tan tiernos de Jesús con los hijos de Israel… los leprosos, los ciegos, los pecadores… los que la sociedad veía como impuros e indignos… rotos y sin remedio. Precisamente a éstos Jesús vino a llamar y a santificar, los que tenían la humildad de reconocerse como pequeños y necesitados de ser bañados en los inmensos océanos de misericordia de nuestro Dios. Por eso estamos llamadas a mirar a los demás como Jesús los mira, a amarlos como Jesús los ama, encontrándonos con ellos donde están pero con una invitación tierna a levantarse de allí (“Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.” Jn 8, 11) También hay que tener misericordia y paciencia con nosotras mismas, hermana. Como nos dice el Papa Francisco, “La Iglesia no está en el mundo para condenar, sino para permitir el encuentro con ese amor visceral que es la misericordia de Dios. Para que eso suceda, es necesario salir. Salir de las iglesias y de las parroquias, salir e ir a buscar a las personas allí donde viven, donde sufren, donde esperan.” (“El Nombre de Dios es Misericordia”) Hoy Jesús nos da una misión de amor. Si vivimos amando, buscaremos hacer lo que agrada a nuestro Amado. ¡Ánimo, hermana! Ashleigh Ladner es hermana, amiga, madrina, tía, y profesora de secundaria, y sobre todo, hija amada de Dios. Después de unos años viviendo en España, ha vuelto a sus raíces en New Orleans, Louisiana. Le encanta viajar y conocer lugares nuevos, leer, un buen espresso, y los girasoles, y sus modelos a seguir en la vida incluyen santa María Magdalena, san Ignacio de Loyola, san Juan Evangelista, y santa Teresa de Jesús.
LECTURAS DE HOY Dios habla el lenguaje del corazón. Escogió a un humilde pastor, Moisés, para liberar a Su pueblo de la esclavitud, a pesar de que Moisés no creía que era suficiente para este rol. Dios conoce nuestras intenciones y nuestros corazones y revela Su corazón a aquellos corazones que son sencillos y humildes a lo que Él les está pidiendo: “…has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11, 25). No escoge a las personas perfectas o las que el mundo escogería, sino escoge a las personas que tienen buenos corazones (1 Sam 16, 7). Como un padre en mi diócesis ha señalado, no es necesario ser la persona más brillante para ser un santo, sino que todos tenemos la habilidad de hacer grandes cosas para el Reino de Dios: “Cada uno de nosotros tiene la capacidad de ser un gran santo. Entre más insignificantes nos hagamos, más disponibles seremos a la receptividad de lo que Dios quiere, de lo que Dios está haciendo … Él no nos hizo para ser intelectuales, Él nos hizo para relacionarnos con Él y con los demás, Él nos hizo para ser Sus amigos” (Padre Searby, Holiness for the Working Day Podcast: The Tip of the Spear 14:40-53; 15:25-32). Cuando alineamos nuestros corazones al Sagrado Corazón de Jesús, no hay que tener miedo o ansiedad de lo que Él nos está pidiendo ni a lo que nos está llamando a ser. Como Moisés podría haber tenido dudas o miedo de su gran responsabilidad en su humanidad, él se da cuenta que, es Dios Él que protege, guía y revela Su plan. Escuchemos los latidos de Su Sagrado Corazón y liberemos al mundo con Su amor. Alexandra Geigel vive en Centreville, Virginia y tiene padres de Guatemala y Puerto Rico. Estudia español en la universidad y es líder de un grupo de estudio bíblico para mujeres universitarias. Le encanta leer la Biblia, escribir historias, tocar su ukelele y ver películas con su familia.
LECTURAS DE HOY Cuentan mis padres que cuando al fin pudieron comprar la casa en la que viven hoy, se sentaron cerca de una ventana para poder apreciar lo que acababan de hacer. Los dos crecieron en familias a las que no les sobraba el dinero y siempre se habían tenido que esforzar para ayudarse unos a otros, pero hoy en este día se encontraban en su casa nueva. Habían trabajado muchísimo para poder llegar a este lugar y al ver tras la venta se acordaban de cómo sólo unos años atrás, esta realidad se sentía tan imposible. Cuenta mi mamá que en su asombro mi papá le dijo, “Espero que nunca nos acostumbremos a esta vista.” Recuerdo de niña parar la historia para preguntarles por qué él había dicho eso y mi mamá me lo explicó. Me dijo que con las distracciones de la vida tendemos a acostumbrarnos a las cosas buenas que nos pasan y a olvidarnos de ser agradecidos. Cuando las bendiciones de nuestras vidas ya no nos asombran, dejamos de verlas como regalos de Dios. Hace varios años ya que no soy niña, pero esa conversación siempre se queda cerca de mi. Al leer el evangelio de hoy, me acuerdo de esa lección y pienso en qué fácil es en realidad acostumbrarse a las bendiciones de Dios hasta el punto de ya no verlas o de pensar que las merecemos. Las ciudades de Corozaín y de Betsaida habían tenido la dicha de que Jesús mismo caminó entre ellos e hizo milagros, pero dejaron que su asombro se convirtiera en indiferencia. Tal vez tanta gente lo platicó que se volvió el chisme común. Tal vez tantas personas lo cuestionaron que las personas que lo habían creído se desilusionaron. No sé qué fue exactamente lo que pasó pero Jesús es directo en las escrituras, que se les da más responsabilidad a aquellos que han sido testigos de la bondad de Dios que a los que no lo han hecho. Hoy al meditar en estas lecturas, me pongo a pensar en todos las bendiciones que Dios me ha dado, en todos los milagros que me ha regalado, y en todas las veces en que ha respondido mis oraciones. Sin duda Jesús ha estado presente en mi vida y en luz del evangelio le pido la gracia para siempre poder mantenerme agradecida, para no perder el asombro, y para correr hacia su misericordia cada vez que le falle. Te invito a que tú también tomes un momento hoy para recordar la bondad de Jesús en tu vida y para practicar agradecimiento y alumbramiento de Él. Airam Gonzalez es originalmente de El Paso, TX pero ha vivido en Gilbert, AZ por los últimos 8 años. Ella creció en una casa bilingüe en una familia de 7 personas y aunque siempre ha sido católica no fue hasta después de terminar la universidad que en realidad tuvo una conversión y se acercó a la iglesia. Hoy trabaja en una iglesia en Chandler, AZ con el Ministerio de Jóvenes y en su tiempo libre le gusta hacer manualidades especialmente tejer y hacer joyería. También participa en varios ministerios de Música en el área de Phoenix y le gusta componer canciones. {formbuilder:MTA1OTM4}
LECTURAS DE HOY “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.” (Mt 10, 37) Como mujeres, estamos profundamente en sintonía con las relaciones familiares. Así que las palabras de Jesús pueden perturbarnos con razón. ¡Seguro que nos llaman la atención! ¿Jesús realmente quiere decir que tenemos que amarlo más que a nuestros padres e hijos? ¿Cómo puede hacer tal demanda? Cristo no es un narcisista que nunca puede obtener suficiente atención o afecto. La razón por la que Jesús puede exigir que lo amemos aún más que amamos a nuestra familia es porque Él es Dios. Como segundo miembro de la Santísima Trinidad, Jesús tiene todo el derecho a todo nuestro amor. Sin Dios, no tendríamos ni madre ni padre, ni hermana ni hermano, ni suegros ni hijos. Si Dios dejara de amarnos, aunque sea por un instante, dejaríamos de existir. Le debemos todo, incluso todo nuestro amor. Pero hermanas, la hermosa verdad es que nuestro amor por nuestros padres, suegros, hijos y todos los demás en el mundo crece en proporción precisa al amor que tenemos por Dios. Cuanto más lo amamos, más nuestros corazones se llenan de amor por los demás. ¿Y cómo demostramos nuestro amor por Él? Tomamos nuestra cruz y lo seguimos. Mi cruz personal incluye el dolor por la muerte de un hijo y las elecciones de vida de otros dos. Tomo mi cruz de dolor encomendando a toda mi familia al amor y la misericordia de Dios. Mi cruz también incluye algunas horas de insomnio. Lo tomo y sigo a Jesús escribiendo este devocional a las tres de la madrugada en lugar de enojarme porque no puedo dormir. Con cada paso cargando la cruz, la paz y gozo de Cristo crece en mí. Querida hermana, ¿Amas a Jesús más que a nadie? ¿Qué cruz te pide nuestro Señor que tomes hoy? Confía todo al amor y misericordia de Cristo. Su amor nunca falla. Casada en 1976, Lani Bogart fue recibida en plena comunión con la Iglesia Católica con su esposo diácono, el Domingo de Gaudete de 1996. Recientemente se mudó de Phoenix a Houston, donde su familia le brinda una alegría inexpresable y continúa enseñándole la importancia de conocer y amar a Jesús. Lani se deleita con las flores, la música y las risas de familiares y amigos.
LECTURAS DE HOY El Señor sigue con esta imagen de que somos ovejas. Él es el Buen Pastor que nos guía y nos alimenta. Nos quiere y hasta nos busca cuando nos alejamos de Él. Esta vez, el Buen Pastor envía a sus corderitos para dar testimonio de lo bueno que es él. Jesús nos conoce, hermana. Él sabe que somos débiles. Él sabe que los más cercanos a nosotras necesitan escuchar la Buena Nueva. No siempre es fácil, y si eres como yo, a veces parece que somos muy pequeñas y no estamos calificadas para hacer esto. Es más seguro quedarse callada y seguir al Señor cuando es fácil. Sin embargo, simplemente no es suficiente. Jesús nos llama a perseverar hasta el final, a hacer las cosas difíciles.Cuando sentimos una inspiración del Espíritu Santo para invitar a alguien a Misa, animar a alguien a recibir la misericordia del Señor en el sacramento de la Reconciliación o compartir la Verdad en el amor, ahí es donde Él quiere que perseveremos.Recuerdo muchos momentos en los que hablé y alenté a un ser querido a inclinarse en los brazos del Padre, que le den una oportunidad. Desearía poder decir que estos esfuerzos siempre parecieron exitosos. Pero no siempre se sintió así. Esto no significa que no tuve éxito. Mi trabajo no es convertir. Somos Sus ovejas, Él es nuestro Buen Pastor. Él será quien convierta los corazones. Mi trabajo es seguir en la fe y amar a mi prójimo lo suficiente como para desear el Cielo para él.Hermana, el Señor nos está llamando. Él estará con nosotras y el Espíritu del Padre proveerá nuestras palabras. Debemos someternos a Su plan y ofrecer testimonio de Su amor. Puede que no siempre veamos el fruto, pero el Señor siempre verá nuestro corazón. Ármate de valor; Él nos está enviando como ovejas entre lobos. Stephanie Salinas es una esposa y madre que vive en el Valle Oeste de Arizona. Originalmente de California, disfruta del tiempo con su familia apoyando a los equipos deportivos de Los Ángeles. Tiene una licenciatura en Comunicaciones y su experiencia es en el ministerio parroquial y diocesano. Su corazón está en la planificación de oportunidades de encuentro con Cristo a través de eventos Blessed is She, al mismo tiempo facilitando recursos para la comunidad hispana. Steph también ofrece un ministerio para jóvenes adultos con su esposo, Chilo llamado The Well. Encuentra más información aquí. {formbuilder:MTA1OTM4}
“¡Ya nos casamos!” Dijimos al salir de la iglesia al son del mariachi. Qué emoción…sentimos como si nada ni nadie nos pudiera detener. Bailamos toda la noche rodeados de todos nuestros seres queridos. Qué bonito es el plan de Dios. Después la luna de miel, y pues obviamente lo que sigue es ir directo al hospital, ¿no? Pues para nosotros casi fue así. El día antes de nuestro vuelo, me puse muy enferma y terminé en el hospital. Tuvimos que cambiar los vuelos y todos nuestros planes. Estuve ahí por casi dos días. Pero fueron dos días de mucha oración y mucho amor y mucho descanso. Después de tanto correr, ya no pudimos encontrar la paz que nos estaba ofreciendo Dios hasta que nos paró por completo. Jesús mandó a sus discípulos a proclamar la palabra, sanar a los enfermos, resucitar a los muertos. También les dijo que ofrecieran la paz a cada casa, a cada pueblo en el que entraban. Lo que viene después es lo más importante. Jesús nos ofrece su paz. Pero tenemos que ser dignas de recibir esa paz, y tenemos que abrir nuestros corazones para recibirla. Si no estamos haciendo espacio para Dios en nuestros corazones, en nuestras vidas, no somos dignas de recibir la paz del Señor. En esos dos días en el hospital, mi esposo y yo cambiamos y crecimos mucho. Nuestras súplicas al Señor se convirtieron en alabanzas y agradecimiento de que yo estuve bien. Y le dimos gracias por su maravilloso plan y por detenernos para redirigir nuestras vidas hacia Él. ¿Cuántas veces tiene que venir Dios a nuestra casa, tocando la puerta, para que lo dejemos entrar? Jacqueline Sevier es de Tyrone, GA. Es esposa e hija amada de Dios. Aunque creció en escuelas católicas, no fue hasta finales de su tiempo en universidad que tuvo una conversión de corazón, y empezó a redirigir su vida hacia Dios. Es cantante y canta en el coro de su parroquia, donde conoció a su esposo. Ha aprendido mucho de la comunidad hispana de su parroquia, que apenas empezó a conocer cuando conoció a su esposo. En su tiempo libre, le gusta sentarse en un café tomándose un cafecito, cocinar con su esposo, comer tacos, y cantar (siempre).
LECTURAS DE HOY “Que sea lo que Dios quiera.” ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? La decimos frecuentemente sin pensar lo que significan estas palabras. Existen ocasiones en las cuales podemos decir esta frase para lavarnos las manos de cualquier responsabilidad o distanciarnos de alguna situación. Hoy el salmo responsorial nos invita a reflexionar. Nos dice que “Los proyectos de Dios duran por siempre; los planos de su amor, todos los siglos” (Salmo 32). Entiendo que esto puede ser como abrir la caja de Pandora. Porque incluso, el salmo también nos dice “Frustra el Señor los planes de los pueblos”. Todas tenemos deseos y peticiones que quizás no se han cumplido y no entendemos por qué no encajan con los planes de Dios. En vez de dejarnos abatidas y frustradas, Él extiende su mano y nos invita a una intimidad más profunda en su misericordia. Nos invita a “sus planos de amor”. En este espacio podemos entregarle todo nuestro corazón con los regalos que nos ha dado y los que queremos un día obtener. Podemos decirle cuánto nos duele lo que pasó o lo que no ha pasado. Cuando participamos activamente, dejamos que el Espíritu Santo transforme nuestra visión de la voluntad de Dios. El Espíritu Santo nos va enseñando a discernir. En algunos casos, debemos prepararnos intencionalmente; mientras que en otros, nos invita a aceptar que Él tiene algo mejor o quizás sea una oportunidad para discernir si ese plan es verdaderamente lo que queremos. Con humildad, tenemos que confiar que los planes del Señor son de amor y que duran por siempre. No podemos creer la mentira de que el Señor retiene las bendiciones que tiene para nosotras. Señor, tus proyectos duran por siempre. Tus planes siempre son de amor y para nuestro bien. Conforma nuestros deseos, planes y proyectos a tu santa voluntad. Muéstranos, Señor, tu misericordia. Que nuestra vida sea lo que tu quieras. Joanna nació en Venezuela y se crió en Miami donde aprendió a hablar “fluent Spanglish”. Le encanta la belleza y es dueña de una tienda de prendas católicas llamada Jésed & Company (https://www.jesedandco.com). Conoció a sus dos mejores amigas, Santa Teresita de Jesús y Santa Faustina, durante una misión en Haití y desde ese entonces su vida cambió. Próximamente, va a servir como misionera con NET Ireland. Para apoyarla en la misión haz click aquí (https://www.netministries.ie/missionaries/joanna-valencia). {formbuilder:MTA1OTM4}
LECTURAS DE HOY “Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.” (Mateo 9, 36) Estas palabras que fueron escritas hace siglos me resultan, hoy en día, sorprendentemente aplicables. Hoy, en pleno 2023, la humanidad puede sentirse de la misma manera. Experimentamos el mal en el mundo, en todas sus formas y variantes. A veces, tristemente, siendo protagonistas del mismo. Otras, siendo víctimas directas de ello y otras incluso siendo espectadores horrorizadas de injusticias y tragedias ajenas. De una o de otra manera y a pesar de los mejores esfuerzos, somos alcanzadas por el mal y por consiguiente, andamos extenuadas y desamparadas. Pero hoy, como en aquel entonces, Jesús se compadece tierna y profundamente de nosotras. Hoy también pasa por nuestra vida, y de manera casi siempre sutil, nos recuerda que no estamos solas, que en efecto tenemos pastor. Que aunque el mal parezca tener una tremenda fuerza para trastocar nuestro mundo y nuestra vida, Él, que no tiene rival alguno, que ha triunfado sobre todo mal e incluso sobre la muerte, está con nosotras. Hermanas, el mal sigue existiendo, sí, y puede tenernos cansadas y decepcionadas de momento, pero por más que lo parezca, no tiene un control total. Porque lo único total es el amor absoluto y sin límites que Dios nos tiene. Me parece que hoy Jesús se enternece y se compadece, no sólo de nuestro sufrimiento, sino también del hecho de que se nos olvida que no estamos solas, que tenemos un Pastor todopoderoso que nos lleva cariñosamente en sus hombros para restablecernos y curarnos de cualquier mal. Teresa Salmerón nació en la Ciudad de México, donde creció en una familia católica practicante y donde formó la suya propia. Ha tenido la oportunidad de vivir en varios países como Chile, Venezuela, México y Estados Unidos. Actualmente reside en Ohio, donde ha vivido desde hace 11 años y donde trabaja como traductora y maestra de español. Teresa tiene 3 hijos adultos a los que ama profundamente. Ha sido catequista y actualmente facilita un estudio bíblico de un grupo de mujeres de su parroquia. A Teresa le gusta mucho bailar, leer, cocinar y convivir con su familia y amigos; y se siente profundamente agradecida por el infinito amor de Dios.
LECTURAS DE HOY “Hija, ten confianza; tu fe te ha curado” (Mt 9, 22) En el evangelio de hoy, escuchamos la historia de dos relaciones de padre-hija. El oficial de la sinagoga, que San Marcos y San Lucas nos dirán que se llama Jairo, se acerca a Jesús para pedirle un milagro para su hija. Empezamos viendo lo que un padre bueno está dispuesto a arriesgar por el bien de su pequeña. En medio de esta historia, leemos de este milagro “inesperado” en el cual Jesús sana a esta mujer que sufría de un trastorno hemorrágico, por lo que fue marginada en su sociedad, durante doce años. Jesús no sólo la sana, sino que la llama “hija”. Ya no es una marginada, sino Suya. Como una persona que ha tenido la bendición de tener un padre increíble, he caminado con la confianza de que no importa lo que suceda en mi vida, mi padre estará ahí para mí. Crecí en una situación como la hija de Jairo: incluso hasta el día de hoy, mi madre y mi padre oran por mí todos los días y dejarían cualquier cosa por estar ahí para mí y mis hermanas. Sé que esa no es la situación de muchas de las mujeres hermosas en mi vida. Tienen relaciones muy complicadas o nulas con sus padres y han tenido que buscar la sanación de esas heridas para poder aceptar el amor paternal de Dios. Lo asombroso que nos muestra el evangelio de hoy es que no importa cuál sea nuestra situación familiar, Jesús viene a nosotras y trae sanidad más allá de lo que podemos imaginar y nos llama “hija”. Señor, ayúdame a aceptar mi condición de hija. Por el poder de tu Espíritu Santo, que esta aceptación de que soy tu hija me ayude a confiar en que eres mi Padre perfecto, amoroso y deseas mi bien. Christy Vaissade creció en Brooklyn, Nueva York, hija de padres inmigrantes de la República Dominicana. Ha sido el deseo personal de Christy traer a otros a conocer la misericordia y el amor de Dios que ha cambiado y está cambiando su vida desde la joven edad de trece años. Christy es maestra de teología de secundaria, catequista, y cantora en su parroquia local. Ella y su esposo, Michael, viven en Nueva Jersey con su cachorro Pembroke Welsh Corgi, Daisy. Le encanta cocinar, ir al gimnasio, y pasar tiempo con sus sobrinos y ahijados.
LECTURAS DE HOY ¿Qué es la fe? Muchas veces me he preguntado si llevo una vida de fe. Creo que muchas de nosotras nos hemos hecho la misma pregunta. El concepto de fe lo podemos encontrar en muchas fuentes, pero meditando en las escrituras de hoy, el Señor nos quiere recalcar ese concepto en nuestros corazones. Hoy vemos a Abraham, el padre de la fe, pasar por un momento difícil. Sara ha muerto y él está preocupado por Isaac, el hijo de la promesa. Me pongo en el lugar de Abraham quién seguro se hizo las mismas preguntas: ¿Tendré las fuerzas suficientes para llevar a cabo lo que necesito hacer? ¿Quién me ayudará? ¿Estoy haciendo la voluntad de Dios? Recuerdo hacerme las mismas preguntas después de haber estado laborando por tres meses en esta nueva institución. Me sentía cansada, agotada, sentía que el trabajo era mucho para mí, que no podía lograrlo. ¿Y si mejor renuncio? ¿A lo mejor el Señor no quiere esto para mí? ¿Por qué hacer algo que me causa estrés y ansiedad? La voluntad del Señor no me debería causar ansiedad o generar dificultades, ¿o sí? Todas estas preguntas rondaban mi mente mientras enfrentaba el dilema de si seguir en mi trabajo o renunciar. Luego de orar y meditar por varios días preguntando al Señor qué hacer. Él sólo me respondió que estaría conmigo y que aunque pasara por momentos difíciles, su mano no me dejaría caer. Llegué a la conclusión de que sin importar la decisión que tome, Él estaría conmigo y que yo debía tomar la decisión sola. Desde todas las perspectivas, permanecer en mi trabajo era la mejor opción. Así que como Abraham, aun con dolor y preocupaciones, seguí adelante porque es cierto lo que dice el salmo de hoy: en el dolor o en la dificultad, Él nos dará alivio y su misericordia es eterna. Así como Isaac, cuando encontró a Rebeca y recibió el consuelo que necesitaba por la muerte de su madre, Dios me consoló y alivió durante esos meses hasta que terminó mi contrato laboral. Cuando terminé dicho período, me di cuenta de que lo que me parecía difícil o imposible con la ayuda del Señor ya no lo era y terminé trabajando en ese lugar por algunos años. Obviamente, cada día trae sus propios retos, pero su misericordia es eterna y cada día la experimentamos. Hermanas, cuando estamos en un momento de dificultad, el Señor nos invita a darle el sí. Un sí que significa en Ti confío, en tu misericordia me apoyo, tu consuelo me basta para los días difíciles. Así como Mateo en el evangelio de hoy, cuando nuestro Señor Jesús lo invita a seguirlo, él no dijo nada, sólo se puso de pie y lo siguió. Clara Holeyfield nació y vivió hasta los 28 años en su amado Perú, donde su familia y educación le enseñaron a amar a nuestro Señor y a la virgen María, a quien ella llama "Mamita". Clara es traductora y docente de inglés como segunda lengua. Actualmente, ella reside en Arizona, Estados Unidos con su esposo Samuel, con quien anhelan y se esfuerzan por poner siempre primero a Jesucristo en su día a día. El rosario los ha acompañado desde el inicio de su relación y la consagración a María ha sido una de las mejores decisiones que ambos hayan tomado.
“Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria” (Salmo 114) He estado yendo con un sacerdote para hacer oración a causa de algunos eventos que han impactado grandemente mi vida. En una de esas visitas, el sacerdote dijo algo que me llamó mucho la atención durante la oración: “Ruégale que te sane”. En particular fue la palabra “ruégale” que me llamó mucho la atención. El salmo de hoy me recordó a ese momento, “Amo al Señor porque escucha el clamor de mi plegaria” (Salmo 114,1). Una de las definiciones de la palabra “clamor”, según la Real Academia Española, es “Voz lastimosa que indica aflicción o pasión de ánimo.” Me di cuenta de que había dejado de pedirle a Dios algunas cosas, dejé de pedirlas por falta de ánimo y cansancio al ver que las cosas no mejoraron como yo pensaba que deberían mejorar. Después de ese día empecé a rogarle a Dios por esas cosas que había dejado de pedir. No voy a mentir, primeramente lo hice sólo porque el sacerdote me lo dijo, sin saber exactamente lo que significaba o lo que estaba haciendo. Lo hice por obediencia. Después me interesé más en la idea y empecé a rogarle como una niña ruega a su madre o a su padre por lo que quiere. Los niños les insisten a sus padres porque ven a sus padres como proveedores, así como lo es Dios. Pedir no significa que vayamos a obtener lo que queramos, Dios nos da según su voluntad y lo que vaya a ayudar a nuestra santidad. Hermana, hoy te invito a que vuelvas a rogarle al Señor por esas cosas que has dejado de pedir por falta de ánimo y por cansancio, confiando que el Padre proveerá lo que necesitas. Dulce Aguirre creció como católica “por cultura” y se encontró, dulcemente, por primera vez cara a cara con el Señor durante un ensayo en el coro de su parroquia a la edad de 14 años. Ha sido la única católica practicante en su familia desde ese tiempo (hasta hace poco). Su modo de oración favorito es cantar y tocar la guitarra. Le encanta caminar en los parques y ver la belleza de la naturaleza, especialmente sentir el aire bajo la sombra de los árboles. Sus santos favoritos son el Padre Pio, Santa Faustina, San Rafael Arcangel, Santa Hildegarda de Bingen y San Ignacio de Loyola.
